Facebook
Twitter
LinkedIn
Telegram
Reddit
Email
WhatsApp

comparte la noticia

Prueba Citroën C3 Max Turbo 100: sencillo, cómodo y con 100 CV que dan mucho de sí

Hay algo casi contracorriente en sentarse hoy al volante de un Citroën C3 con tres pedales y una palanca de cambios. Nada de enchufes, batería de tracción ni funcionamiento híbrido que haya que explicar. El C3 Max Turbo 100 CV arranca, engranas primera y sales. Puede parecer poca cosa en un momento en el que cada lanzamiento viene acompañado de nuevas siglas, pero precisamente esa sencillez termina siendo uno de los argumentos de esta versión. Y no está sola: el confort que Citroën ha convertido en una de las señas de identidad del nuevo C3 se nota bastante más de lo que cabría esperar por tamaño y precio.

El cambio respecto al anterior C3 es evidente antes incluso de abrir la puerta. Sigue midiendo poco más de cuatro metros, pero ahora parece bastante más alto y robusto. Hay protecciones inferiores, pasos de rueda marcados, un frontal prácticamente vertical y una carrocería que juega deliberadamente con códigos propios de los SUV. No lo es en sentido estricto, pero tampoco tiene ya la silueta redondeada que durante años identificó al utilitario francés.

Ese crecimiento vertical tiene una consecuencia bastante más interesante que la estética: entrar y salir es cómodo y la posición al volante queda más elevada que en muchos rivales del segmento B. En ciudad se agradece. Se ve bien hacia delante, los extremos del coche se controlan con facilidad y sus dimensiones siguen siendo suficientemente contenidas como para no convertir un aparcamiento estrecho en un ejercicio de paciencia.

Dentro tampoco se ha intentado aparentar lo que no es. Hay abundancia de plásticos duros y algunos acabados dejan claro que Citroën ha vigilado mucho el coste, aunque el diseño evita que el habitáculo resulte pobre. El salpicadero horizontal, las superficies textiles y la forma en que se integran los distintos elementos consiguen una presentación bastante más agradable que la que podría sugerir una simple enumeración de materiales.

Y hay botones. Parece absurdo tener que celebrarlo, pero los mandos físicos de la climatización están justo donde uno espera encontrarlos. No hace falta entrar en un menú de la pantalla para cambiar la temperatura o modificar rápidamente la ventilación. En un coche pensado para utilizar todos los días, esa decisión tiene más valor práctico que muchas funciones que quedan enterradas en tres niveles de menús.

Copyright William Crozes @ Continental Productions

El Max incorpora una pantalla táctil central de 10,25 pulgadas y conectividad inalámbrica con Apple CarPlay y Android Auto. El teléfono, por tanto, puede asumir buena parte de las funciones que realmente utilizamos a diario. La información frente al conductor sigue otra idea peculiar. Citroën prescinde del cuadro tradicional y coloca los datos en una zona elevada, próxima a la base del parabrisas. Al principio llama la atención; después, la vista apenas necesita desviarse de la carretera.

Los asientos son otro de esos detalles que explican mejor este C3 que su potencia o sus prestaciones. Citroën ha insistido durante años en el confort y aquí no se limita a una frase de catálogo. La postura es relajada y el mullido de los Advanced Comfort resulta agradable sin convertirse en un sofá sin sujeción. Unido a la altura del habitáculo, ayuda a que el coche parezca algo mayor de lo que realmente es.

Detrás sucede algo parecido. Dos adultos pueden viajar con una cantidad razonable de espacio para piernas y, especialmente, para la cabeza. La anchura sigue siendo la propia de un utilitario de cuatro metros, así que tres adultos atrás no son su escenario ideal. Para una pareja con hijos o para llevar ocasionalmente pasajeros, cumple mejor de lo que sus dimensiones exteriores hacen pensar.

El maletero ofrece 310 litros. No es una cifra con la que Citroën vaya a desarmar a toda la competencia y algunos rivales disponen de más capacidad, pero tiene formas aprovechables y resuelve sin problemas la compra semanal, equipaje de fin de semana o el uso cotidiano de una familia pequeña. El borde de carga queda relativamente alto, algo coherente con esa carrocería elevada que aporta ventajas en otros apartados.

Hasta aquí podría parecer que el motor ocupa un segundo plano. Y en cierto modo es así. El 1.2 turbo de tres cilindros desarrolla 100 CV y 205 Nm, enviados al eje delantero mediante una caja manual de seis relaciones. No pretende convertir al C3 en un utilitario rápido. Su función es mover con solvencia un coche ligero sin disparar consumo ni precio.

La primera sorpresa es que 100 CV aquí no saben a poco. El par aparece pronto y permite circular con bastante normalidad sin estar jugando permanentemente con la palanca. En ciudad se mueve con soltura y las incorporaciones a vías rápidas no obligan a planificar una semana antes. Cuando se le exige una aceleración fuerte o llega una pendiente pronunciada con el coche cargado sí toca bajar una marcha y llevar el tricilíndrico hacia una zona más alegre del cuentavueltas.

Ahí aparece también su naturaleza. A poca carga el motor queda razonablemente discreto, mientras que al pedirle todo lo que tiene el sonido de tres cilindros entra con mayor claridad en el habitáculo. No resulta especialmente desagradable, pero tampoco existe el aislamiento de un coche de categoría superior. Sería absurdo exigirlo.

La caja manual encaja bien con el planteamiento. Seis velocidades permiten que en carretera el motor no vaya innecesariamente revolucionado y el manejo no exige esfuerzo. Quizá sea precisamente esto lo que diferencie al Turbo 100 del Hybrid 110 más allá de la etiqueta ambiental: el gasolina obliga a participar algo más en la conducción. Para unos será un inconveniente; para otros, especialmente quienes quieren contener el precio y prefieren una mecánica convencional, puede ser justo lo que buscan.

Copyright William Crozes @ Continental Productions

El nuevo motor merece además una aclaración importante. Aunque durante años el nombre PureTech quedó asociado a los problemas de determinadas versiones con correa de distribución bañada en aceite, este 1.2 de nueva generación utiliza cadena. Es un cambio técnico relevante y conviene distinguirlo de los propulsores anteriores en lugar de meter bajo la misma etiqueta mecánicas de distintas generaciones.

Donde el C3 marca más diferencias es en la suspensión. Citroën utiliza amortiguadores con topes hidráulicos progresivos y ha buscado claramente un ajuste blando. Un badén, una tapa de alcantarilla mal colocada o una calle con el asfalto deteriorado explican mejor esta puesta a punto que cualquier curva enlazada. El coche intenta aislar a los ocupantes del firme y, para el uso diario, lo consigue con bastante acierto.

Naturalmente, esa decisión tiene una contrapartida. Cuando se aumenta el ritmo en una carretera secundaria aparecen más movimientos de carrocería que en alternativas de orientación dinámica. La dirección tampoco busca transmitir al conductor hasta el último detalle de lo que ocurre bajo las ruedas. Es ligera, muy asistida y especialmente agradable maniobrando. El C3 deja bastante claro cuáles son sus prioridades.

Eso no significa que vaya mal en carretera. Mantiene correctamente la trayectoria, resulta previsible y permite viajar a velocidades legales sin sensación de estar conduciendo un coche exclusivamente urbano. Simplemente no invita a buscar una conducción deportiva. Quien quiera eso está mirando el coche equivocado.

En autovía salen a la luz otras limitaciones propias de su categoría. El ruido de rodadura y el aerodinámico se perciben más que en un compacto de mayor precio, especialmente al aumentar la velocidad, y para adelantar con decisión conviene anticiparse y utilizar el cambio. Los 205 Nm ayudan bastante, pero siguen siendo 100 CV.

A cambio, el consumo oficial combinado se sitúa en 5,6 l/100 km WLTP. Es una cifra razonable para un gasolina sin electrificación y deja claro que el argumento de esta versión no pasa únicamente por costar menos al comprarla. Tampoco arrastra el peso adicional de un sistema híbrido ni necesita que el conductor cambie ningún hábito.

La otra diferencia está en el parabrisas: distintivo C frente a la etiqueta ECO del Hybrid 110. Para alguien que viva o se mueva habitualmente por zonas donde las restricciones ambientales vayan a endurecerse, ese detalle puede ser decisivo. Conviene hacer las cuentas pensando no solo en consumo y precio, sino también en dónde se utilizará el coche durante los próximos años.

El Max, por su parte, evita que elegir el motor básico signifique necesariamente llevarse un C3 básico. La pantalla de 10,25 pulgadas, la conectividad inalámbrica, los asientos Advanced Comfort y un equipamiento más completo hacen que esta combinación tenga bastante lógica. Es precisamente la mezcla entre la mecánica sencilla y el acabado alto lo que le da personalidad.

También incorpora los asistentes de seguridad que ya son habituales: frenada automática de emergencia, vigilancia de carril, reconocimiento de señales, alerta de atención y ayudas de aparcamiento, entre otros. Como ocurre en muchos coches actuales, algunos avisos pueden hacerse presentes más veces de las deseadas, consecuencia también de una normativa que ha multiplicado las asistencias obligatorias.

La cuestión del precio necesita más cuidado que nunca. Citroën mueve tarifas, campañas y financiación con frecuencia, de manera que no conviene confundir PVP, oferta promocional y precio condicionado a financiar. En el momento de elaborar esta prueba, el configurador de la marca sitúa el C3 Max Turbo 100 manual alrededor de los 20.000 euros al contado, mientras existen campañas que rebajan la cifra mediante financiación. Antes de firmar interesa comparar el coste total de ambas operaciones, no únicamente la mensualidad anunciada.

Por debajo existe el C3 You, considerablemente más barato, y entre ambos aparecen otros acabados. Esto convierte al Max en una elección curiosa: se mantiene el motor gasolina de acceso, pero se invierte parte de lo ahorrado frente a las versiones electrificadas en confort y equipamiento.

La competencia tampoco se lo pone fácil. Un Dacia Sandero sigue teniendo el precio como argumento central; Renault Clio y Peugeot 208 ofrecen planteamientos más convencionales y una gama amplia; Skoda Fabia destaca por espacio y maletero; MG3 ha entrado con fuerza en la discusión por coste y equipamiento. El C3 responde de una manera bastante francesa: priorizando suspensión, postura y comodidad cotidiana.

Después está el propio Hybrid 110, quizá el rival más incómodo para el Turbo 100 porque comparte carrocería y buena parte de sus virtudes, suma cambio automático y obtiene etiqueta ECO. Cuesta más. La decisión depende de cuánto se valore esa ventaja ambiental, el uso urbano y la comodidad de prescindir del embrague.

El Turbo 100 tiene a su favor otra cosa difícil de reflejar en una tabla. Es fácil de entender. No obliga a instalar una aplicación, buscar cargadores ni aprender a aprovechar un sistema híbrido. Gasolina, seis marchas y a circular. Para determinados compradores eso continúa siendo una virtud y no necesariamente una resistencia al cambio.

Citroën ha construido además un C3 menos juguetón visualmente que algunas generaciones anteriores, pero bastante más maduro. La altura facilita la vida, el habitáculo aprovecha bien cuatro metros de carrocería y la suspensión recuerda que un utilitario no tiene por qué ser incómodo para demostrar que es barato.

¿Le sobrarían 30 CV para viajar con más alegría? Nadie los rechazaría. ¿Es imprescindible tenerlos? Para ciudad, circunvalación y desplazamientos normales, no. Los 100 CV cumplen siempre que el conductor entienda que para adelantar o subir cargado todavía existe una palanca de cambios precisamente para utilizarla.

Ahí está probablemente la gracia de esta versión. El C3 Max Turbo 100 no intenta ganar la carrera tecnológica de su propia gama. Deja esa tarea al híbrido y a los eléctricos. Se queda con una fórmula mucho más tradicional, la envuelve en uno de los habitáculos más cómodos que Citroën puede ofrecer en este tamaño y mantiene un precio inferior.

Para quien necesite etiqueta ECO, el Hybrid 110 merece la diferencia. Para quien pueda cargar en casa, el ë-C3 abre otra conversación completamente distinta. Pero si la prioridad es un utilitario confortable, suficientemente amplio, bien equipado y sin más complicaciones que echar gasolina y cambiar de marcha, este C3 de 100 CV conserva bastante sentido. Quizá más del que su sencilla ficha técnica deja imaginar.

más pruebas

noticias

vídeos