Facebook
Twitter
LinkedIn
Telegram
Reddit
Email
WhatsApp

comparte la noticia

Probamos el XPENG G6: carga en 12 minutos y saca los colores a Tesla.

El XPENG G6 Long Range no necesita una aceleración desmedida ni una estética provocadora (que la tiene) para llamar la atención. Su principal argumento aparece cuando llega el momento de viajar: una arquitectura eléctrica de 800 voltios, una batería preparada para admitir hasta 451 kW y la posibilidad de pasar del 10 al 80 % en doce minutos cuando se encuentra un cargador adecuado. Es una cifra que cambia la conversación y que explica el titular de esta prueba. Tesla sigue siendo una referencia en eficiencia, software y red de carga, pero el G6 demuestra que el fabricante estadounidense ya no juega solo en este terreno.

La unidad probada, acabada en negro y con llantas aerodinámicas oscuras, pertenece a la versión RWD Long Range. Utiliza un único motor colocado en el eje trasero, desarrolla 218 kW (296 CV) y entrega 440 Nm. La energía procede de una batería LFP de 80,8 kWh, con la que puede alcanzar hasta 535 kilómetros WLTP cuando monta las ruedas de 18 pulgadas. No busca convertirse en el G6 más rápido de la gama, papel reservado al Performance de 487 CV, sino ofrecer el equilibrio más interesante entre prestaciones, autonomía, consumo y precio.

El diseño ha evolucionado sin romper con las líneas del modelo original. La firma luminosa recorre prácticamente toda la anchura del frontal, mientras que los proyectores principales se sitúan en una posición inferior. El emblema de XPENG aparece sobre el capó y el paragolpes incorpora una gran entrada de aire en su zona baja. La carrocería negra disimula algunas formas y concede al conjunto una presencia seria, aunque también obliga a acercarse para apreciar los detalles. No pretende adoptar la apariencia de un todoterreno: el techo desciende hacia la parte trasera y configura una silueta más próxima a la de un SUV cupé.

Sus 4,76 metros de longitud y 1,92 metros de anchura se dejan notar en aparcamientos antiguos y calles estrechas. No es un coche especialmente incómodo en ciudad, pero tampoco permite olvidar su tamaño. La dirección resulta ligera a baja velocidad, el motor responde con mucha suavidad y las cámaras ofrecen una visión muy completa de lo que sucede alrededor. La representación del vehículo sobre la pantalla ayuda a controlar bordillos, columnas y líneas del suelo, mientras que la función de chasis transparente permite observar de forma virtual el espacio inmediato que queda oculto bajo la carrocería.

El acceso al habitáculo es cómodo porque los asientos se encuentran a una altura intermedia. No hay que dejarse caer como en una berlina ni trepar como en un todoterreno grande. Al abrir la puerta aparece un interior minimalista, pero menos extremo que el de un Tesla Model Y. XPENG conserva una pantalla de instrumentación frente al conductor, algo tan sencillo como útil, y concentra buena parte de las funciones en un monitor central de 15,6 pulgadas. La presentación es limpia, con pocos botones, salpicadero horizontal y una consola central elevada que deja una segunda zona para guardar objetos en su parte inferior.

La calidad percibida constituye una de las sorpresas del G6. Las superficies superiores resultan agradables al tacto, los revestimientos están bien ajustados y no aparecen ruidos molestos al circular por firmes deteriorados. En las zonas menos visibles hay plásticos más sencillos, como sucede en casi todos sus rivales, pero el conjunto transmite una sensación de solidez. Los detalles textiles, el revestimiento del techo y los paneles acolchados ayudan a alejarlo de la imagen de producto económico que todavía acompaña a algunas marcas chinas. No tiene la sobriedad de un Skoda Enyaq, aunque ofrece una atmósfera más tecnológica y elaborada.

Los asientos delanteros de la versión Long Range son uno de sus mejores argumentos. Disponen de regulación eléctrica, memoria, calefacción, ventilación y masaje. El mullido está pensado para viajar y ofrece más comodidad que sujeción lateral, una decisión lógica en un SUV familiar. La postura de conducción se encuentra con facilidad, aunque algunos usuarios necesitarán un tiempo para acostumbrarse al volante y a los mandos integrados. La visibilidad frontal es buena, pero la caída de la carrocería condiciona la vista posterior. El retrovisor interior digital ayuda en este punto al utilizar una cámara para ofrecer una imagen amplia y clara de lo que sucede detrás.

La pantalla central responde con rapidez y presenta una resolución elevada. Los movimientos entre menús son fluidos y el sistema admite Apple CarPlay y Android Auto sin cables. El navegador incorpora información de puntos de carga y puede preparar la temperatura de la batería cuando se selecciona una estación compatible como destino. El asistente de voz permite modificar la climatización, abrir determinados elementos o acceder a varias funciones sin apartar las manos del volante. La experiencia digital es buena, aunque XPENG también cae en la tentación de esconder demasiados ajustes dentro del monitor, incluidos algunos que resultarían más cómodos mediante un botón físico.

El sistema multimedia requiere un pequeño periodo de aprendizaje. Las funciones importantes se pueden colocar en accesos directos y la barra inferior facilita el manejo de la climatización, pero regular los retrovisores, modificar la retención o ajustar algunos asistentes obliga a navegar por diferentes apartados. Una vez configurado el coche al gusto, la mayoría de estas operaciones dejan de ser frecuentes. El equipo de sonido XOPERA 2.0, formado por dieciocho altavoces, aprovecha especialmente bien el silencio de marcha. Tiene potencia suficiente, reproduce las voces con claridad y crea una escena sonora envolvente sin necesidad de utilizar un volumen excesivo.

Los huecos portaobjetos están bien resueltos. La consola ofrece dos superficies para teléfonos móviles, cargadores inalámbricos refrigerados, portavasos y un compartimento amplio bajo el reposabrazos. En la parte inferior queda una bandeja en la que caben un bolso pequeño, cables, una cámara o distintos objetos de uso diario. Las puertas admiten botellas grandes y los pasajeros traseros cuentan con espacios propios. Son detalles menos vistosos que la cifra de carga, pero resultan determinantes cuando se utiliza el coche todos los días. La ausencia de una guantera convencional muy generosa queda compensada por el volumen disponible en la zona central.

La segunda fila confirma que el G6 está pensado como coche familiar. La batalla de 2,89 metros proporciona mucho espacio para las piernas y el suelo prácticamente plano permite colocar los pies sin luchar contra un túnel central. Dos adultos altos viajan con holgura y la caída del techo no reduce tanto la altura libre como podría sugerir la silueta exterior. Los respaldos pueden reclinarse para adoptar una posición más relajada y las plazas laterales disponen de calefacción. También hay salidas de ventilación y conexiones de carga. El asiento central es utilizable, aunque su forma y anchura hacen que resulte más adecuado para trayectos cortos.

El techo panorámico amplía la sensación de espacio y deja entrar mucha luz, pero carece de una cortinilla física convencional. El tratamiento del cristal reduce la radiación solar y la climatización tiene capacidad para mantener una temperatura agradable, aunque algunos usuarios seguirán prefiriendo una persiana opaca durante los meses más calurosos. El aislamiento acústico está bien trabajado. A velocidades urbanas apenas se escucha el motor y, en autovía, el ruido aerodinámico permanece contenido. Los cristales laminados delanteros y el ajuste de las puertas contribuyen a crear un ambiente tranquilo incluso cuando se mantiene una conversación a velocidad de crucero.

El maletero ofrece 571 litros y presenta una forma aprovechable. La boca de carga es ancha, el portón se acciona eléctricamente y el piso queda prácticamente alineado con el umbral. Debajo hay espacio para esconder los cables y pequeños objetos, evitando que se desplacen por la zona principal. Al abatir los respaldos traseros, divididos en proporción 60:40, la capacidad aumenta hasta 1.374 litros. No dispone de un maletero delantero, una ausencia que cuesta entender en un eléctrico desarrollado sobre una plataforma específica. Habría sido el lugar perfecto para guardar el cable después de utilizarlo bajo la lluvia o en una estación con el suelo sucio.

Los 296 CV llegan al eje trasero con una progresividad que encaja bien con el carácter del coche. La respuesta es inmediata, pero no violenta, y permite controlar con precisión la velocidad en maniobras o circulación urbana. En el modo Confort acelera con contundencia cuando se pisa el pedal a fondo, completa el 0 a 100 km/h en 6,7 segundos y adelanta con margen suficiente. El modo Sport hace más sensible el acelerador, aunque no transforma al G6 en un deportivo. Tampoco existe un cambio de marchas convencional: la transmisión de una sola relación entrega el empuje de forma continua, sin interrupciones ni tirones.

En ciudad se aprecia especialmente la suavidad del conjunto. La dirección exige poco esfuerzo y la regeneración puede ajustarse en diferentes niveles. Con la retención más elevada se reduce considerablemente el uso del freno, aunque no todos los conductores se adaptarán de inmediato a su intensidad. El coche permite avanzar con precisión entre tráfico denso y responde de manera previsible al levantar el pie. Los badenes y tapas de alcantarilla se filtran correctamente, pero sus más de dos toneladas aparecen cuando se supera un resalto con demasiada velocidad. No golpea con sequedad, aunque el movimiento vertical de la carrocería recuerda que estamos ante un vehículo grande y pesado.

La suspensión utiliza un esquema delantero de doble horquilla y un eje trasero multibrazo. El ajuste prioriza el confort, pero no deja la carrocería sin control. En una carretera secundaria mantiene una trayectoria estable y permite enlazar curvas con más ritmo del que cabría esperar de un SUV familiar. La dirección es precisa, aunque transmite poca información sobre lo que sucede bajo las ruedas delanteras. Al forzar la marcha aparece el peso y se percibe cierta inercia en los cambios de apoyo. No busca el tacto de un Kia EV6, pero ofrece un comportamiento seguro, progresivo y fácil de interpretar.

En autovía se encuentra su terreno favorito. Mantiene la trayectoria sin exigir correcciones constantes, el motor reserva potencia de sobra y la suspensión absorbe bien las ondulaciones largas. Los asientos conservan el confort cuando pasan las horas y el nivel sonoro facilita viajar sin fatiga. El G6 no proporciona la sensación de flotación de una gran berlina, pero sí un equilibrio adecuado entre estabilidad y capacidad de filtrado. La posición elevada permite anticipar el tráfico y la autonomía disponible resulta suficiente para cubrir distancias largas sin convertir cada desplazamiento en una sucesión continua de paradas.

El consumo homologado se sitúa alrededor de 17,5 kWh/100 km, una cifra razonable para un vehículo de este tamaño. En una utilización mixta normal, moverse en el entorno de 18 a 20 kWh/100 km es una referencia realista, dependiendo de la temperatura, el relieve y el tipo de carretera. En ciudad se puede bajar de esos registros, mientras que en autovía, con climatización intensa o viento contrario, el gasto aumenta. La autonomía práctica para viajar se sitúa aproximadamente entre 380 y 440 kilómetros antes de realizar una parada prudente, sin necesidad de apurar la batería hasta porcentajes incómodos.

La batería LFP de 80,8 kWh renuncia al níquel, el cobalto y el manganeso y está pensada para soportar numerosos ciclos de carga. Su capacidad no es tan grande como la que ofrecía el anterior G6 Long Range, pero la mejora de la velocidad de recarga cambia por completo el planteamiento. La arquitectura de 800 voltios admite un pico de 451 kW y permite pasar del 10 al 80 % en doce minutos bajo las condiciones adecuadas. No significa que siempre vaya a alcanzar esa cifra: hacen falta un cargador suficientemente potente, una batería acondicionada y una temperatura favorable.

La red española todavía tiene pocos cargadores capaces de entregar más de 350 kW, por lo que el máximo anunciado será difícil de reproducir en muchos viajes. Sin embargo, disponer de ese margen permite aprovechar mejor estaciones de 200, 250 o 300 kW y mantener una potencia elevada durante buena parte de la sesión. Ahí es donde el G6 saca los colores a Tesla. El Model Y continúa siendo muy eficiente y ofrece una integración excelente con los Supercharger, pero el XPENG plantea paradas potencialmente más breves y una tecnología eléctrica preparada para la infraestructura que llegará durante los próximos años.

En corriente alterna admite hasta 11 kW. Una recarga casi completa puede realizarse durante la noche con una instalación trifásica adecuada, mientras que en un punto doméstico de menor potencia necesitará más tiempo. También dispone de función V2L, que permite utilizar la batería para alimentar dispositivos externos. Puede suministrar energía a herramientas, pequeños electrodomésticos o equipamiento para actividades al aire libre. No será una función diaria para todos los propietarios, pero amplía las posibilidades del vehículo y demuestra que su batería puede hacer algo más que mover el coche.

Una de las partes que más diferencia al XPENG G6 de muchos competidores es XPILOT Assist. El sistema combina control de crucero adaptativo, mantenimiento en el centro del carril, regulación de la velocidad en curvas y cambio asistido de carril. Cuando las condiciones son adecuadas y las ayudas están activadas, basta con accionar el intermitente para que el coche compruebe el espacio, supervise el carril contiguo e inicie la maniobra. Si detecta otro vehículo, una línea continua o una situación que no considera segura, cancela el movimiento y avisa al conductor.

La sensación en autovía se acerca a lo que suele llamarse conducción semiautónoma, aunque conviene utilizar bien los términos. No es un automóvil autónomo y el conductor sigue siendo responsable en todo momento. Hay que mantener la atención, sujetar el volante y estar preparado para intervenir. El sistema puede conservar la distancia, adaptar la velocidad, centrar el vehículo y ayudar en los cambios de carril, pero no sustituye a quien conduce. Cuando las líneas están bien marcadas funciona con naturalidad; en obras, incorporaciones confusas o carreteras deterioradas resulta preferible recuperar el control antes de que la situación se complique.

El G6 también puede localizar una plaza y realizar por sí mismo buena parte del estacionamiento. Controla dirección, acelerador, freno y sentido de la marcha para entrar en espacios en línea o batería, siempre bajo vigilancia. El sistema de salida automática ayuda cuando el coche ha quedado encajonado y las cámaras ofrecen una vista completa de la maniobra. No se limita a dibujar unas guías sobre la pantalla: identifica el espacio, calcula la trayectoria y mueve el vehículo. En plazas estrechas resulta especialmente útil porque evita abrir la puerta junto a una pared o a otro automóvil.

Determinadas maniobras pueden controlarse desde la aplicación móvil. Dependiendo de la configuración y del software instalado, es posible sacar o introducir el coche en línea recta, iniciar un aparcamiento remoto o solicitar que avance una distancia corta. La aplicación también permite consultar el estado de la batería, gestionar la carga, preparar la temperatura del habitáculo, localizar el vehículo y bloquear o desbloquear las puertas. Son funciones prácticas cuando el G6 se encuentra en una plaza demasiado estrecha o se quiere enfriar el interior antes de entrar durante un día caluroso.

Todo este despliegue tecnológico necesita supervisión. Las cámaras y sensores amplían la percepción del entorno, pero pueden verse afectados por lluvia intensa, suciedad, poca visibilidad, obstáculos de pequeño tamaño o marcas viales deterioradas. El aparcamiento remoto no convierte el teléfono en un mando para desplazar libremente el vehículo y las ayudas de conducción no permiten desentenderse de la carretera. XPENG ha creado un conjunto avanzado y capaz, pero también incluye numerosos avisos. Algunos resultan insistentes hasta que se personalizan los ajustes, especialmente la vigilancia del conductor, el reconocimiento de límites y las alertas de carril.

La dotación de seguridad incluye frenada automática de emergencia, control del ángulo muerto, aviso de tráfico cruzado posterior, advertencia al abrir las puertas, reconocimiento de señales y cámara de visión periférica. El G6 consiguió cinco estrellas en Euro NCAP, un dato importante para una marca que todavía necesita ganarse la confianza del público europeo. Más allá de la puntuación, lo relevante es que la mayoría de estos sistemas vienen integrados en el equipamiento y no obligan a recurrir a paquetes opcionales. La capacidad tecnológica es amplia; el reto consiste en lograr que todas las ayudas actúen con la discreción que espera un conductor europeo.

El precio de referencia del XPENG G6 RWD Long Range se sitúa alrededor de 48.600 euros antes de campañas, financiación y posibles ayudas. La marca anuncia la gama desde una cantidad inferior para el Standard Range, pero conviene diferenciar la versión de acceso del Long Range de esta prueba. Al solicitar una oferta hay que revisar el precio al contado, la entrada, la cuota final, las comisiones, los kilómetros incluidos y las subvenciones adelantadas. El equipamiento de serie reduce la necesidad de añadir opciones, algo que ayuda a compararlo con rivales cuya tarifa aumenta rápidamente al configurar asientos, cámaras, asistentes o sistemas de sonido.

El Tesla Model Y continúa siendo su rival más evidente. Tesla cuenta con una marca conocida, gran eficiencia, buen software y una red de recarga que simplifica los viajes. El XPENG responde con un cuadro de instrumentos independiente, asientos más completos, presentación interior más elaborada, gran capacidad de carga y funciones de aparcamiento remoto. El BYD Sealion 7 ofrece una imagen más robusta; el Hyundai Ioniq 5 y el Kia EV6 aportan una plataforma de 800 voltios consolidada; el Skoda Enyaq gana en sencillez de uso y red posventa. El G6 no vence en todos los apartados, pero ya compite sin complejos.

Todavía quedan aspectos mejorables. La dependencia de la pantalla puede cansar, algunos avisos necesitan ajustes, la dirección comunica poco y se echa en falta un maletero delantero. La implantación comercial de XPENG tampoco alcanza todavía la cobertura de fabricantes tradicionales. A cambio, el G6 Long Range ofrece espacio, buen acabado, silencio, confort, casi 300 CV, una autonomía utilizable y uno de los sistemas de recarga más rápidos disponibles en su categoría. Las ayudas semiautónomas, el aparcamiento automático y la aplicación añaden funciones que no son simples adornos cuando se aprende a utilizarlas.

El XPENG G6 demuestra que la nueva generación de automóviles chinos ya no compite únicamente bajando el precio o acumulando equipamiento. Este modelo entra en uno de los segmentos más exigentes del mercado con argumentos propios y una tecnología que obliga a marcas más conocidas a reaccionar. Tesla conserva ventajas importantes, pero el G6 carga más rápido sobre el papel, resulta muy cómodo, está bien construido y ofrece una vida a bordo convincente. Quien busque un SUV eléctrico familiar debería probarlo antes de tomar una decisión. Ignorarlo por el nombre de la marca sería quedarse con una fotografía del mercado que ya está desactualizada.

más pruebas

noticias

vídeos