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El prototipo de SEAT que compite 33 años después

El SEAT Toledo Marathon ha vuelto a cruzar las dunas de Marruecos con Toni Rius y Carles Jiménez, y lo ha hecho muy cerca de otra victoria. Treinta y tres años después de su debut, la única unidad superviviente del prototipo figura tercera en la clasificación provisional del Classics Africa 2026. El resultado importa, pero casi impresiona más que un coche irrepetible siga compitiendo en lugar de limitarse a ocupar un espacio en un museo.

La edición de este año se disputó del 13 al 18 de septiembre en los alrededores de Erfoud y Merzouga. Fueron cinco etapas, además de un prólogo, y alrededor de 1.000 kilómetros de recorrido, 700 de ellos puntuables en zonas de regularidad, navegación y dunas. Rius y Jiménez cerraron la prueba con 128 puntos de penalización, por detrás de Carlos Santaolalla y Carles Sasplugas, con 98, y de Dirk Van Rompuy y Jan Rosa, con 108. La tabla todavía aparece como provisional, por lo que conviene esperar a su ratificación antes de hablar de un podio definitivo.

El dato coloca al viejo Toledo en su verdadera dimensión. No participa en una exhibición ni completa unas vueltas controladas ante el público. Se enfrenta a pistas rotas, crestas sin visibilidad y jornadas en las que un error de navegación cuesta posiciones. En esta disciplina no gana necesariamente quien corre más: hay que mantener las medias fijadas, localizar los controles y acumular el menor número posible de penalizaciones. Esa combinación permite medir a máquinas de épocas muy diferentes y premia tanto la precisión como la fiabilidad.

El prototipo de SEAT nació con un objetivo bastante más ambicioso. A comienzos de los años noventa, la marca preparaba un programa para disputar el Dakar y convirtió el Toledo recién estrenado en la base de una máquina que apenas conservaba relación técnica con la berlina de calle. Debajo de la carrocería de fibra de carbono y kevlar había una estructura multitubular, motor central, tracción total y suspensiones de doble triángulo con 30 centímetros de recorrido. Entregaba 330 CV y podía cargar 400 litros de combustible, cifras pensadas para etapas largas y terrenos donde una gasolinera no forma parte del paisaje.

Rius conoce esa arquitectura desde antes de que existiera el coche terminado. Participó en su desarrollo, con ensayos en Martorell, IDIADA y Los Monegros, y fue uno de los pilotos que acumularon más de 5.000 kilómetros antes del estreno competitivo. El Toledo Marathon debutó en la Baja Portugal de 1993, pasó por la Baja Aragón y logró en el Raid de Grecia el primer triunfo internacional de SEAT. Josep Maria Servià y Enric Oller ganaron aquella carrera, mientras Rius y Manel Casanova completaron el doblete en segunda posición.

El Dakar previsto para 1995 nunca llegó. SEAT clausuró el proyecto y concentró sus recursos en los rallyes, donde el Ibiza Kit Car abriría poco después una etapa de grandes resultados. De las dos unidades construidas del Toledo Marathon solo ha sobrevivido una, conservada por SEAT Históricos en su configuración original y en orden de marcha. Esa condición cambia la manera de competir: cualquier golpe afectaría a una pieza que no se puede sustituir por otra igual.

También explica el valor de la tripulación actual. Rius aporta la memoria técnica y la sensibilidad de quien ayudó a poner a punto el coche. Jiménez, que lo descubrió con 12 años en el Salón del Automóvil de Barcelona de 1993, se encarga ahora de la navegación desde el asiento derecho. Su trayectoria empezó como copiloto aficionado y acabó llevándole a trabajar con nombres como Mía Bardolet, Salvador Cañellas y el propio Rius dentro de SEAT Históricos.

La segunda vida africana comenzó en 2023. El Toledo ganó entonces la primera edición del Classics Africa con Rius y Pablo Moreno Huete, ya que Jiménez se recuperaba de un accidente de moto. En 2025, Rius y Jiménez terminaron segundos y vencieron tres de las cinco etapas. El tercer puesto provisional de 2026 mantiene una secuencia poco habitual para un prototipo que estuvo apartado de la competición durante casi tres décadas.

Quizá ahí reside el mayor interés de su regreso. El Toledo Marathon fue creado para un Dakar que no disputó, pero ha encontrado en Marruecos la oportunidad de completar aquella historia pendiente. Sigue siendo rápido, aunque sus responsables dejan un margen razonable para protegerlo. Competir con una pieza única exige contener el instinto justo cuando el cronómetro y la clasificación invitan a hacer lo contrario.

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