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Volvo EX60: hasta 810 km y una IA que mejora su seguridad

El Volvo EX60 ya apunta a convertirse en una de las novedades eléctricas más relevantes del segmento premium. No solo por su tamaño, su planteamiento o su promesa de uso diario, sino porque Volvo ha querido situarlo como una pieza clave en su nueva etapa tecnológica. El mensaje es claro: el futuro del coche no solo se mide por la autonomía o la potencia, también por su capacidad para procesar datos, actualizarse y mejorar con el paso del tiempo.

En este nuevo SUV eléctrico mediano, la firma sueca pone el foco en tres pilares que marcarán su evolución comercial en los próximos años. Por un lado, una autonomía muy ambiciosa. Por otro, un sistema de carga rápida pensado para facilitar los desplazamientos largos. Y, por último, una arquitectura electrónica orientada al concepto de vehículo definido por software, una idea que cada vez gana más peso en la industria.

Sobre el papel, el dato que más llama la atención es su alcance. El Volvo EX60 podrá recorrer hasta 810 kilómetros con una sola carga en su versión de tracción total, una cifra que lo coloca directamente entre los modelos eléctricos con mayor recorrido anunciado en su categoría. A esto se añade la posibilidad de recuperar hasta 340 kilómetros en solo diez minutos gracias a una capacidad de carga rápida de hasta 400 kW, un registro especialmente alto para un SUV de su planteamiento.

Estas cifras no solo buscan impacto comercial. También reflejan una estrategia muy concreta. Volvo quiere que el usuario perciba que el coche eléctrico ya no obliga a grandes renuncias en uso real, especialmente en desplazamientos interurbanos o viajes largos. En un mercado como el español, donde la autonomía sigue siendo uno de los argumentos más consultados por el comprador, este dato puede convertirse en uno de los principales reclamos del modelo.

Sin embargo, Volvo insiste en que la verdadera diferencia del EX60 no está solo en la batería. La marca sitúa el corazón del modelo en su nueva capacidad de cálculo. El sistema se apoya en una configuración de doble núcleo basada en la plataforma NVIDIA DRIVE AGX Orin, que actúa como centro de procesamiento del vehículo. El objetivo es que el coche pueda interpretar en tiempo real una enorme cantidad de información procedente de cámaras, radares y distintos sensores.

Ese procesamiento masivo de datos permite avanzar en varios frentes a la vez. El primero es la seguridad. El segundo, la asistencia a la conducción. El tercero, la posibilidad de seguir afinando funciones del coche incluso después de su entrega. En otras palabras, el EX60 no se plantea como un producto cerrado desde el día en que sale del concesionario, sino como una base tecnológica que irá ganando capacidades con el uso y con nuevas actualizaciones remotas.

Volvo habla incluso de aprendizaje continuo. La idea es que el vehículo pueda beneficiarse de la experiencia acumulada dentro de la red global de coches de la marca, tomando como referencia situaciones reales, incidentes o escenarios de riesgo para perfeccionar la respuesta de sus sistemas. Es un enfoque que trata de trasladar al automóvil parte de la lógica habitual del software moderno: detectar, corregir, mejorar y volver a desplegar.

Ese planteamiento se apoya en la evolución de HuginCore, la base tecnológica propia de Volvo, que combina desarrollos internos con soluciones de socios tecnológicos como Google, NVIDIA y Qualcomm Technologies. En la práctica, esta integración busca que hardware y software trabajen de forma más coordinada y que el coche pueda recibir nuevas funciones, optimizar sistemas existentes o reforzar áreas clave como la seguridad o la gestión de la batería mediante actualizaciones OTA.

Otro de los puntos relevantes del Volvo EX60 será su integración con Gemini, el asistente de inteligencia artificial de Google. Según ha adelantado la marca, este SUV será el primer Volvo diseñado para llegar al mercado con esta tecnología desde el inicio. La apuesta aquí va más allá del clásico control por voz. El objetivo es que la interacción con el vehículo resulte más natural, más conversacional y más sencilla para el conductor.

En un coche cada vez más digitalizado, esa parte de la experiencia cobra mucha importancia. Gestionar navegación, climatización, llamadas, búsquedas o determinadas funciones sin apartar la atención de la carretera será uno de los argumentos de esta nueva interfaz. Volvo lo enfoca además desde una perspectiva funcional: reducir carga cognitiva durante la conducción y hacer más intuitivo el acceso a sistemas complejos.

A esta ecuación se suma la presencia de la nueva Snapdragon Cockpit Platform de Qualcomm. Esta solución está pensada para mover varias pantallas de alta resolución, gráficos avanzados y tareas de inteligencia artificial con baja latencia. Traducido al uso cotidiano, eso debería reflejarse en una experiencia multimedia más rápida, más fluida y más personalizable, con un entorno digital a la altura de lo que hoy espera el cliente de un SUV premium.

Todo ello refuerza la estrategia de Volvo de posicionarse como uno de los fabricantes tradicionales con mayor desarrollo en el ámbito del coche definido por software. No es casual que la marca recuerde su buena posición en el ranking de capacidades SDV elaborado por S&P Global Mobility, donde asegura haber alcanzado el nivel 5 y ser el único fabricante tradicional en lograrlo. Más allá del valor de esa clasificación, la lectura es evidente: Volvo quiere ser percibida no solo como una marca segura, sino también como una marca tecnológicamente avanzada.

El EX60 encaja además en un momento decisivo para la compañía. Volvo mantiene su hoja de ruta hacia una gama cada vez más electrificada y un posicionamiento más claro en movilidad eléctrica premium. En 2025, la firma cerró el año con 710.000 vehículos vendidos, de los que el 46% fueron electrificados, una proporción que ayuda a entender hacia dónde quiere dirigir su oferta en esta segunda mitad de la década.

Por tamaño, planteamiento y tecnología, el Volvo EX60 apunta directamente a una parte del mercado especialmente competida. Ahí tendrá que medirse con SUV eléctricos premium que no solo compiten en diseño o calidad, sino también en autonomía, conectividad, software y experiencia digital. Precisamente por eso, Volvo ha querido construir el relato del modelo sobre una idea mucho más amplia que la de un simple coche eléctrico: la de una plataforma inteligente capaz de evolucionar.

En ese contexto, el EX60 no se presenta solo como un nuevo SUV para ampliar gama. Se presenta como un escaparate tecnológico de lo que Volvo quiere ser en los próximos años. Un coche eléctrico con gran autonomía, carga muy rápida y una fuerte dependencia del software, la conectividad y la inteligencia artificial. Y eso, en el mercado actual, puede resultar casi tan importante como su diseño, su precio o su potencia final.

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