Porsche ya ha enseñado el coche con el que afrontará una nueva etapa en Fórmula E. Se llama 975 RSE y será el monoplaza de la marca alemana para la era GEN4, una generación que promete elevar de forma clara el nivel de prestaciones del campeonato eléctrico. La cifra que más llama la atención aparece desde el principio: hasta 816 CV de potencia en Modo Ataque. Pero no es lo único. También habrá tracción total permanente, más carga aerodinámica, mayor velocidad en curva y una evolución técnica pensada para acercar estos coches a un nivel muy superior al visto hasta ahora.
La base del cambio está en la nueva normativa de cuarta generación, que entrará en vigor la próxima temporada. En Porsche hablan del mayor salto prestacional que ha vivido la Fórmula E desde su nacimiento. No es una frase menor. En 2014, cuando arrancó el certamen, cada piloto necesitaba dos coches para completar una carrera por las limitaciones de batería. Ahora la situación es completamente distinta. El nuevo 975 RSE representa ese cambio de forma muy clara, tanto por rendimiento puro como por eficiencia, una palabra que sigue siendo central en este campeonato.

Uno de los aspectos más importantes del nuevo Porsche 975 RSE está en la aerodinámica. Hasta ahora, la Fórmula E había mantenido una filosofía distinta a la de otras categorías de monoplazas, con menos dependencia de la carga aerodinámica. Eso cambia con el GEN4. Porsche explica que, por primera vez, el aumento de apoyo aerodinámico será realmente determinante para mejorar el agarre y la velocidad de paso por curva. A eso se suman unos neumáticos nuevos y la tracción permanente a las cuatro ruedas, una combinación que debería traducirse en coches más rápidos y con una respuesta más agresiva.
La marca alemana también ha detallado que usará dos configuraciones aerodinámicas diferentes. En carrera, el coche montará una solución de menor resistencia al avance para proteger el consumo energético. En clasificación, donde la eficiencia no condiciona tanto, podrá utilizar una configuración con más carga. Según Porsche, el incremento de apoyo puede llegar hasta un 150 % respecto al GEN3 Evo. Es un dato que deja claro hasta qué punto cambia el planteamiento técnico de esta nueva etapa.

El 975 RSE no solo busca más velocidad. Porsche también ha centrado parte de su desarrollo en peso, durabilidad y costes. Es una idea interesante porque conecta de manera directa con el trabajo que luego puede tener sentido en coches eléctricos de calle. El nuevo monoplaza entrega un 71 % más de potencia máxima que su predecesor, pero al mismo tiempo ha tratado de contener el aumento de masa. La firma asegura que, aunque ha desarrollado más componentes internos que en la generación anterior, el peso total del conjunto apenas puede crecer cinco kilos dentro de lo permitido.
Entre esos desarrollos propios aparecen elementos especialmente relevantes en un coche eléctrico moderno. Porsche ha trabajado en el software operativo, el inversor de impulsos, el motor eléctrico, la caja de cambios, el diferencial, los semiejes y parte de la transmisión del eje posterior. Con la llegada del GEN4 se añaden además el convertidor CC/CC, el sistema brake-by-wire, más electrónica y nuevas unidades de control para los diferenciales hidráulicos. La batería sigue siendo un componente estándar por reglamento, una decisión ligada al control de costes.

En términos de prestaciones, las cifras provisionales del Porsche 975 RSE sitúan al nuevo Fórmula E en una dimensión diferente. La potencia en modo normal será de 612 CV, mientras que en Modo Ataque alcanzará 816 CV. La aceleración de 0 a 100 km/h rondará los 1,8 segundos y la velocidad máxima prevista se mueve en torno a los 335 km/h. Son números que hace pocos años parecían difíciles de asociar a esta categoría.
La recuperación de energía seguirá teniendo un papel esencial. Porsche señala que el coche podrá recuperar hasta 700 kW en frenada y que entre el 40 % y el 50 % de la energía de propulsión empleada en carrera procederá precisamente de esa recuperación. El sistema de frenado regenerativo ofrecerá hasta 350 kW de potencia eléctrica tanto delante como detrás, apoyado cuando sea necesario por un sistema electrónico de fricción. Esa combinación mantiene la filosofía de la Fórmula E: correr más, pero sin renunciar al valor tecnológico que tiene para el coche eléctrico de producción.
El Porsche 975 RSE tomará el relevo del 99X Electric, el monoplaza más exitoso de la marca en la categoría hasta la fecha. Antes de debutar en competición, todavía queda una fase intensa de desarrollo. Porsche tiene margen hasta octubre para evolucionar el hardware y después centrará sus esfuerzos en la optimización del software. El coche ya rodó por primera vez en noviembre de 2025 y a comienzos de abril de 2026 acumulaba 1.860 kilómetros de pruebas.

Otro detalle relevante está en el propio nombre. El 975 RSE hace referencia al 75 aniversario de Porsche Motorsport, que la marca celebra en 2026. Es una forma de unir tradición y futuro en un mismo proyecto. También deja entrever que la competición eléctrica ganará todavía más peso dentro de la estrategia deportiva de Porsche.
Pascal Wehrlein y Nico Müller, pilotos oficiales de la marca, ya han dejado sus primeras impresiones sobre el coche. Ambos coinciden en que el salto del GEN4 será muy visible para aficionados y críticos. Hablan de un monoplaza más agresivo, más rápido y especialmente exigente en clasificación, donde la aceleración a la salida de las curvas puede marcar diferencias aún mayores.
La última carrera del actual Porsche 99X Electric llegará en agosto, en el final de temporada de Londres. Después, la mirada quedará puesta en diciembre, momento previsto para el estreno competitivo del nuevo 975 RSE. Si las cifras prometidas se trasladan a la pista, Porsche puede estar ante uno de los proyectos más ambiciosos de toda la historia de la Fórmula E.























