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Eclipse total: la inquietante alerta del 31% en carretera

El gran eclipse total de Sol de este 12 de agosto atravesará Rusia, Groenlandia, Islandia, el Atlántico, España y una pequeña zona de Portugal. Millones de personas podrán contemplarlo total o parcialmente desde buena parte del hemisferio norte. Pero mientras las miradas apuntan al cielo, un dato procedente del eclipse estadounidense de 2017 vuelve a encender las alarmas: durante los días que rodearon aquel fenómeno, el riesgo de verse implicado en un accidente mortal aumentó un 31%.

Durante unos minutos, la sombra de la Luna recorrerá miles de kilómetros del planeta.

El día comenzará a oscurecerse en lugares separados por enormes distancias, desde las regiones septentrionales de Rusia hasta Groenlandia e Islandia, antes de atravesar el Atlántico y alcanzar la península Ibérica al final de la tarde.

España será uno de los grandes escenarios del eclipse, pero no el único.

Buena parte de Europa, Canadá, sectores del norte de Estados Unidos y el noroeste de África también podrán contemplar cómo la Luna oculta parcialmente el Sol.

Será uno de los acontecimientos astronómicos más importantes de los últimos años.

Y también provocará algo mucho menos romántico.

Millones de personas moviéndose para intentar verlo desde el lugar perfecto.

Ahí es donde el eclipse deja de ser únicamente astronomía y empieza a convertirse en un enorme desafío de movilidad.

Porque existe un precedente que conviene recordar.

Y es inquietante.

El dato del 31% que dejó el eclipse de 2017

El 21 de agosto de 2017 Estados Unidos vivió un eclipse total que atravesó el país de costa a costa.

Millones de personas viajaron para situarse dentro de la estrecha franja de totalidad.

Años después, investigadores analizaron los registros de accidentes mortales ocurridos durante los tres días alrededor de aquel eclipse y los compararon con periodos equivalentes anteriores y posteriores.

El resultado fue contundente.

Durante el periodo relacionado con el eclipse hubo 741 personas implicadas en accidentes mortales, lo que equivalía a 10,3 personas por hora.

En los seis días utilizados como referencia se registraron 1.137, equivalentes a 7,9 por hora.

La diferencia representó un aumento del riesgo del 31%.

Estadísticamente era suficientemente importante como para descartar que se tratase simplemente de una variación aleatoria.

Pero hay que interpretar correctamente el dato.

El eclipse no provocó los accidentes.

La oscuridad tampoco parece haber sido la responsable directa.

De hecho, el problema principal estuvo alrededor del acontecimiento y no necesariamente durante los escasos minutos de totalidad.

El enemigo estaba en la carretera.

Un accidente mortal adicional cada 95 minutos

Hay otra forma de entender la magnitud de aquellos datos.

Los investigadores calcularon que durante los días vinculados al eclipse de 2017 se produjo, en términos estadísticos, una persona adicional implicada en un accidente mortal aproximadamente cada 25 minutos.

Y una muerte adicional cada 95 minutos.

Son cifras suficientemente llamativas como para que los investigadores comparasen el aumento del riesgo con el que puede registrarse alrededor de grandes festividades estadounidenses como Acción de Gracias o el 4 de julio.

Pero la explicación no tiene nada de sobrenatural.

Más tráfico.

Conductores recorriendo carreteras desconocidas.

Viajes de última hora.

Prisas para alcanzar la zona de totalidad antes de que comenzara el eclipse.

Distracciones.

Celebraciones.

Alcohol o drogas en algunos casos.

Vehículos detenidos en lugares poco seguros.

Y, sobre todo, miles de personas tratando de volver a casa prácticamente al mismo tiempo.

La Luna estaba en el cielo.

El peligro estaba a ras de asfalto.

2024 volvió a demostrar el efecto de un eclipse sobre el tráfico

Siete años después llegó una oportunidad perfecta para comprobar qué sucede cuando otro gran eclipse atraviesa zonas densamente pobladas.

El 8 de abril de 2024, un eclipse total recorrió México, Estados Unidos y Canadá.

Esta vez los investigadores pudieron medir la movilidad de una forma mucho más precisa gracias a los datos generados por vehículos conectados.

El análisis examinó alrededor de 192 millones de registros procedentes de más de 240.000 camiones en los trece estados estadounidenses atravesados por la franja del eclipse.

El resultado volvió a mostrar hasta qué punto un fenómeno astronómico puede transformar las carreteras.

En once de esos trece estados aumentó un 66% el número de kilómetros-hora de autopista en los que el tráfico circulaba por debajo de 45 millas por hora, aproximadamente 72 km/h, respecto a la semana utilizada como comparación.

Indiana fue uno de los lugares donde más se dejó sentir el fenómeno.

Y no ocurrió únicamente durante el eclipse.

Los efectos sobre la movilidad aparecieron el día anterior y continuaron después.

También se documentaron vehículos estacionados de manera improvisada junto a carreteras y autopistas para observar el cielo.

2017 había dejado una señal sobre la siniestralidad.

2024 confirmó el enorme impacto sobre la movilidad.

Y ahora llega 2026.

El eclipse de 2026 atraviesa medio mundo

El eclipse de este 12 de agosto tiene una trayectoria muy diferente a las de 2017 y 2024.

La totalidad comenzará en las regiones septentrionales del planeta.

La sombra lunar cruzará el norte de Rusia, Groenlandia e Islandia antes de internarse en el Atlántico.

Después llegará a la península Ibérica.

En el norte de Rusia, la totalidad se producirá con el Sol relativamente alto.

En Groenlandia e Islandia llegará durante la tarde.

Cuando alcance España y el extremo noroccidental de Portugal, el Sol estará ya muy cerca del horizonte.

Eso convertirá al tramo europeo final en uno de los momentos visualmente más peculiares del eclipse.

La duración máxima de la totalidad rondará los dos minutos y 18 segundos en los puntos más favorables del recorrido.

En muchas otras localidades será considerablemente menor.

Pero el territorio desde el que podrá contemplarse el fenómeno es muchísimo mayor que la estrecha banda de totalidad.

El eclipse será parcial en amplias zonas de Norteamérica, en gran parte de Europa y en sectores del oeste y noroeste de África.

Londres, París, Berlín, Milán, Dublín, Lisboa, Casablanca o Argel estarán entre las grandes ciudades desde las que podrá verse una importante ocultación parcial del Sol.

Incluso ciudades estadounidenses como Nueva York o Boston observarán una pequeña porción del disco solar cubierta por la Luna.

No es, por tanto, un eclipse español.

Es un acontecimiento que afectará visualmente a una enorme parte del hemisferio norte.

Islandia y España, dos de los grandes escenarios

Islandia ocupa una posición privilegiada.

Reikiavik quedará dentro de la franja de totalidad y vivirá el momento culminante durante la tarde.

Horas después, la sombra alcanzará España.

León, Bilbao, Zaragoza, Valencia y numerosas localidades del norte, centro y este peninsular quedarán dentro de la banda desde la que el Sol desaparecerá por completo.

Madrid y Barcelona se quedarán extremadamente cerca de la totalidad, con alrededor del 99% del disco solar oculto, pero permanecerán técnicamente fuera de la zona de eclipse total.

La diferencia es enorme.

Un 99% de ocultación puede parecer casi lo mismo que un 100%.

Astronómicamente no lo es.

Solo dentro de la totalidad el cielo puede oscurecerse profundamente y hacerse visible la corona solar que normalmente queda escondida por el extraordinario brillo del Sol.

Y precisamente esa diferencia explica por qué tantas personas están dispuestas a recorrer decenas o cientos de kilómetros para cruzar una línea imaginaria sobre el mapa.

España espera hasta 1,5 millones de desplazamientos adicionales

Ese movimiento masivo ya preocupa a las autoridades.

Las previsiones para España contemplan un aumento del tráfico de entre el 30% y el 100% en determinadas rutas hacia las zonas situadas dentro de la franja de totalidad.

Eso podría traducirse en entre 400.000 y 1,5 millones de desplazamientos adicionales.

No estamos hablando solo de aficionados a la astronomía.

Familias.

Turistas.

Autocaravanas.

Fotógrafos.

Curiosos.

Personas que nunca han visto un eclipse total y probablemente no quieran dejar escapar la oportunidad.

Todo ello en pleno agosto, cuando las carreteras españolas ya soportan uno de los mayores niveles de movilidad del año.

La mezcla es evidente.

Vacaciones, cambio de quincena, turismo internacional y un acontecimiento que sucede una sola vez en generaciones.

El momento más peligroso puede comenzar cuando vuelva el Sol

Existe una característica especialmente complicada en los grandes eclipses.

La llegada es escalonada.

La salida no.

Miles de personas pueden desplazarse durante horas hasta una determinada zona de observación.

Unos llegarán por la mañana.

Otros a mediodía.

Otros durante la tarde.

Pero cuando termina la totalidad todos saben exactamente qué ha pasado.

Se acabó.

Y una parte importante de esas personas decide marcharse al mismo tiempo.

Es lo ocurrido anteriormente en grandes eclipses.

Y puede convertirse en uno de los principales problemas de este miércoles.

Las vías secundarias son especialmente delicadas.

Carreteras rurales que durante un día normal reciben unos pocos cientos o miles de vehículos pueden encontrarse repentinamente con un volumen para el que nunca fueron diseñadas.

A esto hay que sumar vehículos entrando y saliendo de caminos, peatones próximos a la calzada, estacionamientos improvisados y conductores pendientes del cielo.

El error más absurdo: intentar verlo mientras se conduce

El eclipse será espectacular.

Pero verlo desde el asiento del conductor es una pésima idea.

Durante la conducción no deben utilizarse las gafas especiales para eclipses.

Esas gafas están diseñadas para bloquear prácticamente toda la radiación solar y permiten observar directamente el Sol de forma segura cuando se utilizan correctamente.

Eso mismo las hace completamente incompatibles con la conducción.

Tampoco unas gafas de sol convencionales permiten mirar directamente al Sol.

Ni siquiera las más oscuras.

Y existe otro riesgo todavía más probable en 2026 que en 1999 o incluso en 2017.

El teléfono móvil.

Millones de personas llevarán una cámara de alta resolución en el bolsillo.

Fotografiar.

Grabar.

Hacer un vídeo.

Publicarlo.

Enviar un mensaje.

Mirar dónde está el eclipse.

Son solamente unos segundos de distracción.

A 120 km/h, un automóvil recorre aproximadamente 33 metros cada segundo.

Cinco segundos mirando el teléfono significan avanzar unos 167 metros prácticamente sin prestar atención completa a la carretera.

El eclipse puede durar poco más de un minuto.

Un accidente necesita mucho menos.

1999: cuando Europa ya se detuvo para mirar al cielo

Europa sabe lo que significa un acontecimiento de estas características.

El 11 de agosto de 1999 otro eclipse total atravesó el continente.

Reino Unido, Francia, Alemania, Austria, Hungría y Rumanía estuvieron entre los territorios alcanzados por la sombra antes de que el fenómeno continuase hacia Turquía y Asia.

Fue uno de los grandes acontecimientos mediáticos de finales del siglo XX.

Millones de personas siguieron el eclipse.

Carreteras, trenes, zonas costeras y puntos de observación recibieron una afluencia extraordinaria.

Pero existe una diferencia fundamental con 2026.

Hoy nuestra capacidad de desplazamiento y coordinación es mucho mayor.

Un conductor puede comprobar en tiempo real dónde habrá menos nubes y cambiar su destino apenas unas horas antes.

Esa posibilidad puede redistribuir enormes cantidades de tráfico en muy poco tiempo.

La meteorología puede decidir dónde aparecerán las mayores concentraciones.

¿Los eclipses provocan realmente más accidentes?

La respuesta científicamente correcta es importante.

No está demostrado que un eclipse, por sí mismo, provoque accidentes de tráfico.

Existe un estudio sólido que detectó un incremento significativo del riesgo alrededor del eclipse estadounidense de 2017.

Pero encontrar una asociación no significa demostrar que la causa sea la Luna, la oscuridad o el eclipse en sí.

La interpretación más razonable es otra.

El eclipse genera desplazamientos extraordinarios.

Y cuando aumenta el tráfico, aparecen los factores de riesgo habituales.

Más vehículos.

Más kilómetros recorridos.

Más congestión.

Más fatiga.

Más prisas.

Más distracciones.

Más carreteras desconocidas.

Y más posibilidades de que alguien cometa un error.

Por eso sería incorrecto afirmar que “los eclipses aumentan un 31% los accidentes”.

Lo que puede afirmarse es mucho más interesante.

Durante el gran eclipse estadounidense de 2017, el riesgo de verse implicado en un accidente mortal durante el periodo estudiado fue un 31% superior al de los periodos utilizados como referencia.

Ese dato sí está documentado.

¿Y qué dice la astrología?

Los eclipses llevan miles de años fascinando y atemorizando a la humanidad.

Mucho antes de poder calcular su trayectoria con precisión, la desaparición repentina del Sol se interpretaba como un presagio.

Caída de reyes.

Guerras.

Finales de ciclos.

Cambios de poder.

Desastres.

Renacimientos.

La astrología moderna mantiene parte de esa tradición simbólica.

El eclipse de este 12 de agosto se produce astrológicamente alrededor de los 20 grados de Leo, un signo asociado tradicionalmente con liderazgo, poder, ego, autoridad, creatividad, identidad y necesidad de reconocimiento.

Desde esa interpretación, algunos astrólogos consideran los eclipses solares como momentos de ruptura, cambios de dirección o comienzos que pueden desarrollarse durante los meses posteriores.

Pero aquí la frontera debe quedar muy clara.

Eso pertenece a la astrología.

No a la astronomía.

No existe evidencia científica que demuestre que la posición zodiacal de este eclipse pueda provocar accidentes, guerras, cambios políticos o acontecimientos personales.

La astronomía puede calcular dónde estará la sombra lunar con una precisión extraordinaria.

La astrología atribuye un significado simbólico a esa posición.

Son dos cosas completamente diferentes.

El cielo no es el problema

Quizá esa sea la gran paradoja de este 12 de agosto.

Uno de los fenómenos naturales más precisos y predecibles que existen puede generar un comportamiento humano completamente impredecible.

Sabemos dónde estará la Luna.

Sabemos cuándo ocultará al Sol.

Sabemos qué países atravesará su sombra.

Sabemos aproximadamente cuánto durará la totalidad.

Lo que nadie puede calcular con la misma precisión es qué harán millones de personas para contemplarla.

El eclipse de 2017 dejó detrás un aumento del 31% en el riesgo de accidentes mortales durante el periodo analizado.

El de 2024 volvió a demostrar que las carreteras pueden sufrir alteraciones extraordinarias cuando millones de personas persiguen la sombra lunar.

El de 2026 llega ahora a Rusia, Groenlandia, Islandia y la península Ibérica con otra enorme movilización en marcha.

Durante unos minutos millones de personas mirarán hacia arriba.

Para quienes conduzcan, sin embargo, habrá una imagen mucho más importante.

La que está al otro lado del parabrisas.

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