El MG Cyberster GT Dual Motor es uno de esos coches que cambian la conversación antes incluso de ponerse en marcha. La keyword es inevitable porque el propio coche obliga a repetirla: prueba MG Cyberster GT Dual Motor. No hay muchos eléctricos descapotables biplaza en el mercado español, y menos aún con 510 CV, tracción total, capota de lona eléctrica y unas puertas de tijera que convierten cada parada en una pequeña escena. Pero lo interesante no está solo en la imagen. Lo que realmente importa es si detrás de esa puesta en escena hay un coche convincente para conducir, viajar y convivir con él.

El primer contacto visual deja claro que MG ha buscado algo muy diferente a lo que suele ofrecer en sus modelos más racionales. El Cyberster no quiere ser un eléctrico práctico ni una alternativa familiar con etiqueta Cero. Es bajo, ancho, largo y tiene una presencia mucho más cercana a la de un gran turismo deportivo que a la de un roadster pequeño de corte clásico. La carrocería mide más de lo que parece en fotos, pero conserva unas proporciones atractivas: morro afilado, habitáculo retrasado, cintura alta y una trasera con mucha personalidad. Es un coche que no necesita explicar demasiado para captar miradas.

Las puertas de apertura vertical son parte esencial de su carácter. No son imprescindibles desde el punto de vista práctico, pero sí encajan con la idea del coche. Se abren eléctricamente, tienen un movimiento teatral y requieren cierta atención en plazas estrechas o garajes bajos, aunque en uso normal acaban formando parte de la rutina. No mejoran la conducción, pero sí refuerzan la sensación de estar ante un producto especial. En un mercado eléctrico donde muchas carrocerías parecen buscar la misma receta, el Cyberster agradece no disimular su intención de destacar.

La capota de lona también ayuda a entender mejor el planteamiento. No estamos ante un coupé eléctrico al uso, sino ante un descapotable real, con techo retráctil eléctrico y una experiencia a cielo abierto que cambia por completo el tono del coche. Con la capota cerrada, el aislamiento es correcto para este tipo de carrocería, aunque no alcanza la sensación de silencio absoluto de una berlina eléctrica cerrada. Con la capota abierta, el coche gana sentido. La conducción se vuelve más agradable, más directa y más conectada con el entorno, especialmente en carreteras secundarias o en trayectos de tarde sin prisas.

Por dentro, el MG Cyberster intenta mantener esa misma carga visual. La postura de conducción es baja, los asientos sujetan bien el cuerpo y el salpicadero envuelve al conductor con una arquitectura muy digital. Hay sensación de coche moderno y de producto trabajado por encima de lo habitual en la gama MG, aunque no todo está igual de bien resuelto. La calidad percibida es buena en las zonas principales, con materiales agradables, tapicerías vistosas y una consola central elevada que separa claramente a conductor y acompañante. No transmite lujo tradicional, pero sí una presentación cuidada y coherente con el precio.

La posición al volante es uno de sus puntos fuertes. Se viaja bajo, con las piernas bastante estiradas y con una sensación de ir integrado en el coche. Los asientos tienen buen apoyo lateral, sin resultar incómodos para trayectos largos, y el volante queda bien situado. La visibilidad delantera es razonable para un coche de este tipo, aunque la trasera exige acostumbrarse por la forma de la carrocería y la altura de la zaga. Las cámaras y sensores ayudan mucho en maniobras, porque el Cyberster no es un coche pequeño ni especialmente fácil de calcular en espacios ajustados.
El apartado multimedia es, probablemente, el punto que más debate genera en el interior. MG ha apostado por una disposición con varias pantallas orientadas al conductor y una pantalla inferior específica para climatización y funciones auxiliares. Visualmente llama la atención, pero en uso real no resulta tan práctica como debería. Parte de la instrumentación queda condicionada por la posición del volante y algunas zonas no se consultan con la naturalidad esperada. En un coche de enfoque deportivo, donde la vista debería permanecer el mayor tiempo posible en la carretera, esa distribución no termina de convencer.

La pantalla dedicada a la climatización es demasiado protagonista para la función que cumple. Tiene un tamaño considerable y ocupa una zona central que podría haberse aprovechado mejor para mandos físicos o accesos más directos. La climatización necesita rapidez, no necesariamente una superficie táctil grande. Al mismo tiempo, la pantalla multimedia principal no parece tan bien situada ni tan aprovechada como cabría esperar en un coche de este precio. La sensación es que MG ha querido impresionar con cantidad de pantallas, pero la ergonomía no siempre acompaña. Es vistoso, sí, pero no siempre cómodo.


La conectividad cumple, con integración para el móvil y menús suficientes para el uso diario, aunque el sistema no transmite la fluidez de los mejores fabricantes europeos o coreanos. Hay funciones que exigen más pulsaciones de las necesarias y algunos gráficos se sienten menos refinados que el diseño exterior del coche. Es una pena, porque el Cyberster tiene imagen de producto avanzado, pero la interfaz no siempre está a la altura de esa primera impresión. No es un fallo que arruine la experiencia, pero sí el apartado donde más claramente se nota que MG todavía puede mejorar.

En cuanto a huecos para dejar cosas, el Cyberster cumple sin destacar. Hay espacio en la consola central, zonas para el móvil, posavasos y pequeños compartimentos útiles para llaves, cartera o gafas. No es un coche pensado para cargar objetos a diario, pero tampoco resulta tan limitado como cabría imaginar en un biplaza. El acompañante dispone de espacio correcto y el habitáculo admite una convivencia razonable si se asume su naturaleza. Eso sí, no conviene esperar la practicidad de un coupé de cuatro plazas ni la facilidad de uso de un SUV eléctrico.

El maletero ofrece 249 litros, una cifra suficiente para una escapada de fin de semana con equipaje ligero. La boca de carga no es enorme y la forma obliga a organizar bien las bolsas, pero cumple con lo que se puede pedir a un descapotable biplaza. Aquí no hay espacio para grandes maletas rígidas ni para planteamientos familiares. El Cyberster es un coche para dos personas, para viajes cortos o medios, y para quien entiende que la compra responde más al placer de uso que a la lógica del espacio. En ese papel, el maletero no decepciona.

El MG Cyberster GT Dual Motor monta dos motores eléctricos, uno por eje, para entregar 510 CV y 725 Nm de par. La tracción total permite aprovechar esa cifra con mucha eficacia, incluso cuando se acelera con decisión desde baja velocidad. La respuesta es inmediata, limpia y muy contundente. El coche no necesita hacer ruido para transmitir velocidad. Basta hundir el acelerador para notar una entrega intensa, de esas que obligan a medir bien el pie derecho si se viaja con acompañante. El 0 a 100 km/h en 3,2 segundos no es una cifra decorativa.

En ciudad, esa potencia queda naturalmente contenida por el propio entorno. El Cyberster se mueve con suavidad, sin tirones y con la facilidad habitual de un eléctrico automático. La dirección ayuda en maniobras, aunque el tamaño y la anchura obligan a prestar atención en calles estrechas, aparcamientos subterráneos y entradas con bordillos pronunciados. No es un coche incómodo para uso urbano, pero tampoco es su escenario ideal. Se puede usar a diario, especialmente si se dispone de plaza de garaje y punto de carga, aunque su carrocería y sus puertas piden algo más de margen que un compacto.
La suspensión tiene un tarado firme, como era de esperar, pero no resulta seca en exceso. Filtra razonablemente bien los baches habituales de ciudad y mantiene la carrocería controlada cuando se aumenta el ritmo. En zonas con asfalto roto puede sentirse algo pesado, sobre todo por el conjunto de batería, llantas grandes y enfoque deportivo, pero no llega a ser incómodo. MG ha buscado un equilibrio más cercano al gran turismo que al deportivo radical. Y esa decisión le sienta bien, porque el Cyberster convence más cuando fluye rápido que cuando se le exige comportarse como un coche ligero.




En autovía se muestra estable, aplomado y fácil de conducir. La insonorización con la capota puesta es buena para un descapotable de lona, aunque aparecen algunos ruidos aerodinámicos propios de este tipo de coche a velocidades sostenidas. Lo importante es que no fatiga. La dirección mantiene el coche centrado, los asistentes trabajan de forma correcta y la reserva de potencia permite adelantar o incorporarse con una facilidad enorme. Aquí se aprecia más su faceta de GT eléctrico: un coche rápido, cómodo en ritmos largos y con una sensación de empuje siempre disponible.
Con la capota abierta, la experiencia cambia. A velocidades legales, el flujo de aire está razonablemente controlado y permite conversar sin levantar demasiado la voz, aunque en autovía siempre será más agradable circular cerrado si el viaje es largo. Donde realmente se disfruta descapotado es en carretera secundaria. El coche gana carácter, el entorno entra en la conducción y la sensación de velocidad se vuelve más natural. No hace falta ir rápido para disfrutarlo. De hecho, una de sus virtudes es que puede resultar especial incluso a ritmo tranquilo, algo que no todos los eléctricos deportivos consiguen.

En carreteras secundarias, el Cyberster demuestra dos caras. Por un lado, tiene una capacidad de aceleración muy seria, buena motricidad y un centro de gravedad bajo que ayuda a mantener la carrocería controlada. Por otro, el peso impide hablar de un roadster ligero en sentido clásico. En curvas lentas o cambios de apoyo muy rápidos se percibe la masa, y conviene conducirlo con trazadas limpias. No es un Mazda MX-5 eléctrico ni pretende serlo. Su forma de ir rápido se parece más a la de un gran turismo potente que a la de un deportivo pequeño y nervioso.
La dirección tiene un tacto correcto, con peso suficiente y una respuesta precisa, aunque no ofrece una comunicación especialmente rica. Permite colocar bien el coche y da confianza, pero no transmite con la pureza de los deportivos tradicionales de menor peso. La tracción total compensa mucho en salida de curva y permite acelerar pronto, siempre que se conduzca con cierta progresividad. Los modos de conducción modifican la respuesta del acelerador y el carácter general, con una configuración más relajada para diario y otra más directa para disfrutar de la potencia con mayor intensidad.


El sistema de frenos está a la altura de las prestaciones. En una conducción normal ofrece buen tacto y suficiente capacidad de retención, con la ayuda de la regeneración eléctrica. En uso más exigente, el peso vuelve a estar presente, pero la frenada transmite seguridad si no se abusa de forma continuada. La regeneración permite jugar con distintos niveles, aunque no convierte al Cyberster en un coche de conducción de un solo pedal tan marcada como otros eléctricos. La transición entre retención y frenada hidráulica está bien resuelta para un uso habitual.

El consumo depende muchísimo del tipo de conducción. En ciudad y recorridos tranquilos se pueden obtener cifras razonables para un coche de esta potencia, pero en cuanto se aprovechan los 510 CV la batería baja con rapidez. No es un eléctrico pensado para batir récords de eficiencia, sino para ofrecer prestaciones y disfrute. La versión GT Dual Motor homologa alrededor de 443 km WLTP, una cifra suficiente para el uso real que probablemente tendrá este coche. En viajes largos exige planificación, pero no más que otros eléctricos de batería similar y consumo medio-alto.
La batería de 77 kWh permite afrontar desplazamientos interurbanos con margen, y la carga rápida del 10 al 80% en unos 38 minutos en condiciones favorables encaja con el planteamiento del modelo. No es la referencia absoluta en potencia de carga, pero resulta aceptable para un coche de uso más emocional que intensivo. En casa o en un punto de corriente alterna, la carga a 11 kW facilita recuperar autonomía durante la noche. Para quien pueda cargar en garaje, el Cyberster se convierte en un capricho mucho más fácil de mantener en el día a día.

El equipamiento es abundante. La versión GT Dual Motor incluye elementos acordes con su posicionamiento: llantas de 20 pulgadas, frenos de alto rendimiento, asientos deportivos, capota eléctrica, puertas de apertura vertical, cámaras, asistentes de conducción, climatización, conectividad, iluminación LED y una dotación de seguridad completa. También incorpora modos de conducción que permiten adaptar la respuesta del coche a distintos escenarios. No se echa en falta mucho en dotación, aunque sí una ejecución más refinada en la parte digital y una ergonomía más pensada para conducción real.
Los asistentes de seguridad trabajan de forma correcta, aunque como sucede en muchos coches modernos conviene ajustar bien las alertas para que no resulten demasiado invasivas. El control de crucero adaptativo, el mantenimiento de carril, la vigilancia de ángulo muerto y las cámaras aportan tranquilidad en un coche que, por tamaño y visibilidad trasera, agradece toda ayuda adicional. La sensación general es de seguridad, tanto por tecnología como por aplomo dinámico. El Cyberster no se siente frágil ni nervioso; transmite más bien la solidez de un coche pesado, potente y bien asentado.


El precio en España sitúa al MG Cyberster en una posición curiosa. La gama se mueve por encima de los 60.000 euros y la versión GT Dual Motor se acerca a los 69.000 euros antes de posibles ofertas o campañas. Es mucho dinero si se analiza desde la imagen tradicional de MG como marca de acceso, pero no tanto si se compara con lo que ofrece: 510 CV, tracción total, descapotable eléctrico, diseño muy diferenciado y una presencia que no tienen alternativas de precio similar. No compite por practicidad, sino por deseo.

Sus rivales naturales no son fáciles de definir. Hay eléctricos más rápidos, más caros, más eficientes o más prácticos, pero casi ninguno ofrece esta mezcla de roadster, capota, dos plazas y precio relativamente contenido dentro del mundo prestacional. Un Porsche 718 eléctrico aún no está en el mercado, un Maserati GranCabrio Folgore juega en otra liga económica, y los coupés eléctricos actuales no ofrecen la misma experiencia abierta. El Cyberster se mueve casi en solitario, y eso le beneficia. Puede tener defectos, pero no hay muchos coches que ocupen exactamente su espacio.

La valoración final queda clara sin necesidad de forzarla. El MG Cyberster GT Dual Motor no es perfecto: pesa, su sistema multimedia tiene decisiones discutibles y algunas pantallas parecen pensadas más para impresionar que para facilitar la vida. Pero también es uno de los eléctricos más interesantes por concepto, presencia y capacidad de emocionar. Tiene potencia, una estética muy personal, buen confort de viaje, capota eléctrica y una sensación de coche especial que escasea en el mercado actual. MG ha hecho un producto con carácter, y eso ya merece atención.


Lo mejor del Cyberster es que no intenta parecer racional. Se compra porque gusta, porque apetece, porque se quiere conducir algo distinto y porque ofrece prestaciones serias sin entrar en precios de marcas mucho más exclusivas. Lo peor está en un interior digital que debería ser más intuitivo y en una masa que limita su faceta de deportivo puro. Aun así, como roadster eléctrico de gran turismo, tiene mucho sentido. Es rápido, cómodo, vistoso y suficientemente utilizable. Y sobre todo, consigue que MG vuelva a asociarse con algo que durante años parecía olvidado: el placer de conducir sin techo.





















