Renault vuelve a lo militar con un dron terrestre eléctrico

El Forefront Concept de Renault y John Cockerill es un dron terrestre eléctrico sin conductor, con 400 km de radio de acción y una tonelada de carga.
Renault Forefront Concept, dron terrestre de Renault Group y John Cockerill

Renault construyó en 1917 el FT, el carro de combate que fijó la silueta de casi todos los que vinieron después. Más de un siglo más tarde, la marca del Clio vuelve a enseñar un vehículo militar, aunque esta vez sin nadie dentro. Se llama Forefront Concept y es un dron terrestre eléctrico desarrollado junto a John Cockerill, el grupo industrial belga con sede en Seraing que se dedica, entre otras cosas, a la defensa.

Lo presentaron el pasado 3 de noviembre y la primera impresión engaña. Quien espere un robot con orugas se encontrará algo más parecido a un todoterreno compacto al que le han quitado la cabina. Tiene dos motores eléctricos, tracción total y dirección a las cuatro ruedas, un detalle importante cuando no hay un conductor mirando por el parabrisas y el vehículo debe colarse por pistas estrechas o maniobrar en poco espacio. Puede cargar hasta una tonelada y su radio de acción ronda los 400 kilómetros, cifra ampliable con un prolongador de autonomía, es decir, un pequeño motor térmico que no mueve las ruedas sino que genera electricidad.

Esa última solución es la parte más sensata del proyecto. En una zona de operaciones no hay cargadores, ni horarios ni nadie que pueda esperar. Un eléctrico puro tendría un problema serio de logística, mientras que el combustible sigue siendo un recurso que los ejércitos saben mover a cualquier parte. A cambio, la propulsión eléctrica aporta lo que más interesa a un vehículo de este tipo: menos ruido y menos firma térmica mientras avanza, aunque Renault no haya publicado datos concretos al respecto. Son ventajas propias de la tecnología, no cifras del fabricante, y conviene tomarlas como tales.

Dron terrestre eléctrico Renault Forefront Concept
Foto: Renault Group

El reparto del trabajo está claro. Renault Group aporta la plataforma móvil, la parte que sabe hacer un fabricante de coches: chasis, propulsión, ingeniería de producción. John Cockerill se ocupa de la teleoperación y de la autonomía, el cerebro que permite manejar el vehículo a distancia o dejar que resuelva parte del recorrido por sí mismo. No es una elección casual. El grupo belga compró en 2024 la francesa Arquus, heredera de la antigua división militar de Renault, de modo que el círculo tiene algo de reencuentro entre viejos conocidos.

Las misiones previstas cubren un abanico amplio: logística, inteligencia y vigilancia, defensa frente a drones, apoyo de fuego y evacuación. La palabra evacuación es la que mejor explica el interés militar por estas máquinas, porque permite imaginar un vehículo que llega hasta un herido sin arriesgar a una tripulación. El apoyo de fuego, en cambio, abre otra conversación, la de hasta dónde debe llegar la autonomía cuando hay armas de por medio. El comunicado no entra en ese terreno y se limita a citar la función. También menciona usos civiles, como la respuesta ante catástrofes, la protección civil o la intervención en lugares peligrosos, y ahí resulta fácil ver su utilidad: un incendio industrial o una zona contaminada son escenarios donde nadie debería entrar si puede evitarse.

François Provost, consejero delegado de Renault Group, presenta el concepto como una muestra de lo que el saber hacer industrial y tecnológico de la compañía puede aportar a estas necesidades. Jean-Luc Maurange, su homólogo en John Cockerill, habla de una nueva generación de sistemas robotizados terrestres. Son declaraciones medidas, y hay un dato que las aterriza: el vehículo se ha diseñado con la contribución de las fuerzas armadas francesas y participará en varios ejercicios y ensayos durante las próximas semanas. Es ahí donde se verá si sirve o si se queda en una maqueta bien resuelta.

Las empresas aseguran que se podría industrializar con rapidez, pero no dan fecha, precio ni volumen de producción. Tampoco se ha anunciado ningún pedido. Que sea un concepto significa exactamente eso, y conviene leerlo con la cautela que merece cualquier prototipo enseñado en un momento en el que la industria europea de defensa atrae dinero público como no lo hacía desde hace décadas.

Ese contexto es, en realidad, la clave del movimiento. Los fabricantes de coches tienen fábricas, proveedores y experiencia en producir miles de unidades con calidad constante, justo lo que escasea cuando un ejército necesita muchos vehículos relativamente sencillos y no unas decenas de máquinas carísimas. Las guerras recientes han acelerado esa demanda de sistemas no tripulados, y la electrificación ha dado a la automoción un conocimiento que encaja con ellos. Renault vendió en 2025 más de 2,3 millones de vehículos; una tonelada de carga sobre cuatro ruedas no parece, para una empresa así, el mayor de los desafíos técnicos.

Lo difícil estará en otra parte: lograr que la conexión a distancia resista cuando alguien intente interferirla, y que la autonomía funcione fuera de una pista de pruebas. De eso depende que el Forefront acabe en un regimiento o en el almacén de los conceptos.

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