Treinta y nueve horas y cincuenta y seis minutos tardaron en 1962 Dave Ekins y Bill Robertson Jr. en cruzar la península de Baja California de Tijuana a La Paz con dos motos Honda CL72. Aquel viaje de dos concesionarios y aficionados al desierto ayudó a dar forma a lo que en 1967 sería la Baja 1000. Más de seis décadas después, la marca japonesa vuelve a ese escenario con el Honda Passport Baja Spec, un Trophy Truck híbrido de más de 1.300 CV que se enseña estos días en el SEMA de Las Vegas.
Honda Racing Corporation USA, la división estadounidense de competición, lo ha desarrollado en el sur de California junto a Mason Motorsports. Y conviene no dejarse engañar por el nombre. Del Passport que se vende en Estados Unidos, un SUV familiar, este camión de carreras toma básicamente la identidad. Es un prototipo de motor central, sobre el chasis Gen 2 de tracción total de Mason, con carrocería de fibra de carbono y una razón de ser muy concreta: ganar la general de la Baja 1000, que cumplirá sus 60 años en 2027. Será, según la marca, el primer híbrido que compita en la categoría reina de los Trophy Trucks del campeonato SCORE.

El corazón de esta máquina procede de otro mundo. Es un V6 biturbo de 2,4 litros, íntegramente de aluminio y colocado detrás de la cabina, derivado del motor del Acura ARX-06, el prototipo que ha ganado en las 24 Horas de Daytona y las 12 Horas de Sebring. Junto a él trabaja un sistema híbrido de 800 voltios hecho a medida. Sumando ambos, Honda anuncia más de 1.300 CV, una cifra que por ahora solo tiene el respaldo del fabricante, sin datos de par ni de peso. La comparación que propone es elocuente: supera a los V8 atmosféricos de nueve litros que mueven a los mejores camiones actuales. El contraste entre un 2.4 y semejante cubicaje explica por sí solo lo que está en juego.
La batería es probablemente la parte más curiosa. La ha diseñado y fabricado la propia HRC, con celdas tipo bolsa de la generación anterior de la Fórmula 1 y una carcasa ligera de fibra de carbono, soldada, montada y validada en una nueva sala limpia en su sede de Santa Clarita. Honda no ha revelado su capacidad, y tampoco explica cuánta energía recupera ni cómo. Es un vacío relevante. La Baja no es una carrera de sprint sino una travesía de muchas horas por el desierto, y habrá que ver cómo gestiona ese sistema el calor, el polvo y los golpes durante todo el recorrido.
Kelvin Fu, presidente de Honda Racing Corporation USA, lo describe como «esencialmente un vehículo definido por software». Un programa propio integra motor, chasis y gestión de energía en una sola plataforma, y según Fu puede actualizarse de forma continua durante la carrera y adaptarse al piloto, al recorrido y a las condiciones. Incluye frenado por cable en ambos ejes, control de tracción adaptativo y gestión de la potencia mediante inteligencia artificial, técnicas heredadas de los programas de Fórmula 1, IndyCar e IMSA.
El resto del camión mezcla finura y fuerza bruta. El cambio Masomatic de cinco velocidades va delante del motor; detrás, dos palieres alimentan engranajes cónicos independientes en cada rueda, sustituyendo al clásico grupo de corona y piñón, con el fin de ganar resistencia y altura libre. Delante hay un diferencial de Mason con reductoras en los bujes. La suspensión de largo recorrido monta dos amortiguadores FOX en cada esquina, los neumáticos son Toyo y el depósito de seguridad, de 145 galones, unos 549 litros, se sitúa en el centro de la cabina. La carrocería, trabajada con cálculos de fluidodinámica, tiene profundos canales laterales tras las ruedas delanteras y salidas de escape elevadas con aletas integradas.
Al volante estará Bryce Menzies, dos veces ganador de la Baja 1000 y plusmarquista mundial de salto en camión, con 115,64 metros. Lo hará con Menzies Motorsports, y sin prisa. El coche no competirá hasta la Baja 500 de 2027, del 2 al 6 de junio, y tendrá meses por delante para demostrar que la teoría aguanta.
Honda tiene motivos para intentarlo. Es la marca más laureada en moto de la historia de la Baja, con 22 victorias absolutas, y su programa de cuatro ruedas acumula 17 triunfos de clase desde 2015, cuatro de ellos en la Baja 1000 y cinco en la Baja 500. Falta la absoluta en coche, que es lo que persigue este Passport. Y aquí está la gracia del asunto: en el desierto nadie concede puntos por la sofisticación del software, y una rótula rota en mitad de la nada pesa lo mismo con 1.300 CV que con 300.
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