Hay un Mercedes de 1930 vinculado a Pío XI y otro de 2012 que utilizó Benedicto XVI. Entre uno y otro median más de ocho décadas de relación entre una marca alemana y la Santa Sede, una historia que ahora puede verse de cerca. La exposición de papamóviles de Mercedes-Benz, titulada A Century of Popemobiles, permanecerá abierta en la Ciudad del Vaticano hasta el 31 de enero de 2027, en un pabellón acristalado situado junto a la Pinacoteca.
La muestra reúne nueve vehículos y, aunque el título invita a pensar solo en coches de ceremonia, lo que se ve es casi un resumen de cómo ha evolucionado el automóvil de representación. La pieza más antigua es un Nürburg 460 de la serie W 08, una gran berlina de lujo de su tiempo que acompañó a Pío XI. Después llega el 300 d Landaulet de 1960, utilizado por Juan XXIII, con la parte trasera descapotable para que el pontífice fuese visible, una solución que marcó el camino de lo que vendría.

El siguiente salto tiene mucho de exhibición técnica. El 600 Pullman-Landaulet de 1965, usado por Pablo VI, pertenece a la familia W 100, la limusina con la que Mercedes quiso demostrar a mediados de los años sesenta hasta dónde podía llegar. Junto a él se expone un 300 SEL Pullman de 1967, que no fue papamóvil en sentido estricto: se reservaba para trasladar a invitados de alto rango durante aquel pontificado. Es un matiz que la propia marca aclara y que resulta curioso, porque demuestra que el parque móvil del Vaticano ya tenía entonces su propia jerarquía.
La imagen que la mayoría tenemos en la cabeza llega con Juan Pablo II y la Clase G. En 1980 se incorporó un 230 G de la serie W 460, y dos años después un 230 GE ya bautizado como Papamobil. Aquel todoterreno, nacido para fines muy distintos, se convirtió en uno de los vehículos más fotografiados del planeta. Un coche de origen casi militar, con su silueta cuadrada, terminó asociado a las multitudes de los viajes papales. Tiene su lógica: la plataforma elevada y una carrocería sencilla de adaptar ofrecían justo lo que se necesitaba, que el Papa se viera desde lejos.
Ese mismo pontificado aportó otras dos piezas de la colección. Un S 500 lang Landaulet de 1997, de la serie 140, mantuvo viva la idea del gran sedán abierto, y un ML 430 Papamobil de 2002 reflejó el auge de los todocaminos, que por entonces conquistaban también a los compradores corrientes. El recorrido se cierra con un ML 500 de 2012, de la serie W 166, que utilizó Benedicto XVI.
La historia sigue fuera de esa lista. Desde 2024 el Vaticano dispone de un G 580 especial, el primer papamóvil totalmente eléctrico de la marca, un detalle que pone al día esta relación con el mismo modelo que la popularizó hace más de cuarenta años. La Clase G sigue ahí, aunque ahora en silencio, y cuesta encontrar un ejemplo mejor de cómo un diseño puede sobrevivir a varias generaciones de tecnología.
También hay que poner las cosas en su sitio. Mercedes no ha sido la única marca al servicio de los papas, y los pontífices han utilizado vehículos de otros fabricantes a lo largo de las décadas, de modo que esta exposición cuenta una parte de la historia y la cuenta, lógicamente, desde el punto de vista de quien la organiza. Eso no le quita interés. Hay pocas ocasiones de ver juntos coches tan singulares, que además no se fabricaron para venderse como cualquier otro.
Lo más valioso de esta colección es que permite seguir la evolución de un encargo muy poco común. El cliente era siempre el mismo, pero sus necesidades cambiaban: primero se trataba de transportar con dignidad a un jefe de Estado, luego de hacerlo visible a miles de personas y, más tarde, de protegerlo sin esconderlo. Basta recorrer el pabellón para entender cómo pasó el papamóvil de ser una berlina de lujo a convertirse en un vehículo con una función propia.
Quien tenga previsto pasar por Roma este invierno dispone de tres meses para acercarse. El recinto queda junto a la Pinacoteca Vaticana, de manera que la visita se puede combinar con la de los museos. Y aunque un papamóvil no sea el coche que nadie vaya a tener en su garaje, verlos en fila ayuda a entender algo que suele olvidarse: durante décadas, algunas de las soluciones más curiosas de la automoción nacieron con un único propósito, que una sola persona pudiera ser vista.
Artículos relacionados

Toyota y Waymo llevarán robotaxis bZ4X a Europa
noviembre 2, 2026
Aston Martin se hunde en México: Alonso y Stroll, fuera
noviembre 2, 2026
Kimi Antonelli, campeón del mundo de F1 2026: la Fórmula 1 tiene a su campeón más joven de la historia
noviembre 2, 2026












