El Alfa Romeo Sprint cumple 50 años: el coupé bóxer de Giugiaro

El Alfa Romeo Sprint cumple 50 años. Diseño de Giugiaro, motor bóxer, cambio de cinco marchas y más de 120.000 unidades: la historia del coupé compacto que nació como Alfasud Sprint.
Alfa Romeo Sprint, el coupé compacto de Giugiaro que cumple 50 años

Tenía cuatro plazas, un maletero de 425 litros y un motor bóxer colocado tan abajo que el coche parecía pegado al asfalto. El Alfa Romeo Sprint cumple 50 años desde su presentación, y la marca italiana ha querido recordar a un coupé compacto que, sin hacer mucho ruido, se convirtió en el deportivo asequible de toda una generación. Durante más de trece años de producción salieron de la cadena más de 120.000 unidades, una cifra muy notable para un coupé.

Su origen fue modesto. Nació a mediados de los setenta como Alfasud Sprint, la versión más deportiva del Alfasud, la berlina compacta con la que Alfa Romeo quería llegar a un público más amplio. Del Alfasud heredó la plataforma, la tracción delantera y, sobre todo, el motor. Con el tiempo ganó personalidad propia y en 1983 dejó atrás el apellido para llamarse sencillamente Alfa Romeo Sprint.

La carrocería lleva la firma de Giorgetto Giugiaro y se nota a primera vista. Es un fastback de líneas afiladas, con una luneta trasera muy inclinada y un frontal bajo, en la misma línea geométrica que el diseñador italiano aplicaba en aquellos años a otros modelos de gran éxito. Aquella forma no era solo estética: el coeficiente aerodinámico del Sprint destacaba para su época, algo que ayudaba a sacar partido a unos motores de potencia contenida.

Alfa Romeo Alfasud Sprint Grand Prix con motor bóxer
El Sprint usaba la plataforma del Alfasud y un motor bóxer de cuatro cilindros. Foto: Alfa Romeo

El corazón del coche era un cuatro cilindros bóxer refrigerado por agua, con los cilindros enfrentados por parejas a 180 grados. Esa disposición permitía montarlo muy bajo y rebajar el centro de gravedad, una ventaja clara en curva que los propietarios del Sprint siempre han defendido con orgullo. La cilindrada empezó en 1,3 litros y fue creciendo hasta 1,5 y 1,7 litros. La alimentación corría a cargo de uno o dos carburadores, según la versión, y en los últimos años llegó la inyección.

Las cifras de prestaciones cuentan bien esa evolución. Al principio, la versión más potente ofrecía 76 CV y alcanzaba 165 km/h. En 1989, al final de su vida comercial, el Sprint ya rendía 118 CV y llegaba a 196 km/h. Por el camino aparecieron versiones especiales, como la Quadrifoglio Verde, que llevaba el trébol de cuatro hojas reservado a los Alfa más deportivos.

Hay un detalle del equipamiento que dice mucho de la ambición del proyecto. En una época en la que muchos compactos se conformaban con cuatro marchas y tambores detrás, el Sprint montaba de serie un cambio manual de cinco velocidades y frenos de disco en las cuatro ruedas. No era un coche caro, pero se sentía como un Alfa de verdad, y esa era precisamente la idea. La sensación de estar ante un Alfa completo, y no ante una versión recortada, fue parte de su éxito.

Alfa Romeo Sprint, el coupé compacto de Giugiaro
Se fabricaron más de 120.000 unidades hasta 1989. Foto: Alfa Romeo

El Sprint también tuvo vida en los circuitos. Fue el coche oficial del Trofeo Alfasud, una copa monomarca que funcionó como escuela de pilotos jóvenes en varios circuitos europeos. Para muchos de ellos fue el primer contacto con la competición, en coches casi iguales y con poco margen para esconder errores. Aquel trofeo ayudó a fijar la imagen deportiva del modelo, por encima de las cifras de su ficha técnica.

No todo fue perfecto, y conviene recordarlo. Los Alfasud y sus derivados arrastraron durante años una mala fama por la corrosión, un problema que afectó a muchos coches de la época y que explica por qué hoy no es fácil encontrar un Sprint en buen estado. Quien tiene uno bien conservado sabe que posee un clásico cada vez más escaso, y eso ha despertado el interés de los coleccionistas por un modelo que durante mucho tiempo pasó desapercibido.

La producción terminó en 1989, después de más de trece años en el mercado. Su hueco lo ocuparon otros modelos, pero ninguno repitió exactamente la fórmula de un coupé compacto, ligero, con motor bóxer y tracción delantera. Eso lo convierte en un capítulo bastante singular dentro de la historia de la marca.

Medio siglo después, el Sprint sigue siendo un buen ejemplo de lo que fue Alfa Romeo en los años setenta y ochenta: diseño con carácter, soluciones técnicas poco convencionales y la intención de que conducir fuera un placer incluso en un coche al alcance de muchos bolsillos. Si alguien busca hoy una puerta de entrada al mundo de los clásicos italianos, pocos reúnen tanta historia en un formato tan compacto.

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