Una pantalla trasera de 31,3 pulgadas con resolución 8K, más de 700 kilómetros de autonomía eléctrica y una gama que todavía deja sitio al diésel. El BMW Serie 7 no llega con una simple actualización estética. Llega como escaparate tecnológico de BMW y como uno de los primeros modelos de la firma en acercar al segmento de las grandes berlinas parte del lenguaje de la Neue Klasse.

La jugada es clara. BMW quiere mantener vivo el concepto de berlina de representación en un momento en el que buena parte del mercado premium mira hacia los SUV. Y lo hace reforzando tres áreas muy concretas: electrificación, tecnología interior y personalización. El resultado es un coche pensado tanto para quien conduce como para quien viaja detrás, algo que en este segmento sigue teniendo mucho peso.
Por fuera, el nuevo Serie 7 mantiene una presencia muy marcada. El frontal gana protagonismo con una parrilla de gran tamaño, iluminación Iconic Glow y una firma lumínica más fina. No busca pasar desapercibido. Tampoco lo pretende. El capó tiene mucha presencia visual y el conjunto apuesta por una imagen más monolítica, con faros delanteros de cristal BMW y una zaga revisada con pilotos LED de nuevo diseño.

En el lateral aparecen llantas de aleación de entre 20 y 22 pulgadas, según versión y configuración. La personalización también gana peso. BMW habla de más de 500 colores y combinaciones exteriores, incluyendo opciones BMW Individual y el nuevo acabado BMW Individual Dual Finish, que combina procesos industriales avanzados con trabajo artesanal. Es una forma de acercar el producto a un cliente que no sólo busca tamaño, confort o tecnología, sino también diferenciación.
El interior es donde el salto resulta más evidente. El habitáculo adopta un enfoque más limpio, con materiales de alta calidad y una puesta en escena muy tecnológica. El nuevo BMW Panoramic iDrive se apoya en el sistema operativo BMW Operating System X y suma una pantalla específica para el acompañante. Además, el BMW Panoramic Vision proyecta información a lo largo de la parte inferior del parabrisas, siempre dentro del campo visual del conductor.
La pantalla central alcanza las 17,9 pulgadas y concentra buena parte de las funciones principales. El volante multifunción también cambia. Utiliza mandos con tecnología “shy tech”, que permanecen ocultos o discretos hasta que son necesarios, con iluminación y respuesta háptica. Es una solución pensada para reducir botones visibles sin eliminar por completo el manejo físico.

Pero el verdadero golpe de efecto está detrás. La BMW Theatre Screen sigue siendo uno de los elementos más llamativos del modelo. Es una pantalla táctil de 31,3 pulgadas, con resolución 8K, pensada para convertir las plazas traseras en una zona de entretenimiento de alto nivel. Ahora incorpora cámara integrada para videoconferencia y se combina con un equipo de sonido Bowers & Wilkins de 36 altavoces y función de audio 4D.
La gama mecánica también mantiene una amplitud poco habitual en el mercado actual. Habrá versiones eléctricas, híbridas enchufables y diésel con hibridación ligera de 48 voltios. La familia eléctrica está formada por los i7 50 xDrive, i7 60 xDrive y i7 M70 xDrive. Todas recurren a tracción total eléctrica y a una batería de 112,5 kWh.
El i7 50 xDrive anuncia hasta 728 kilómetros de autonomía WLTP, mientras que el i7 60 xDrive se queda en 727 kilómetros. El i7 M70 xDrive será la variante eléctrica más prestacional, con 680 CV, 1.100 Nm y hasta 686 kilómetros WLTP. La carga rápida admite hasta 250 kW en corriente continua, lo que permite pasar del 10 al 80% en 28 minutos si se utiliza un cargador de alta potencia. En las versiones i7 50 xDrive e i7 60 xDrive, BMW anuncia hasta 235 kilómetros adicionales con 10 minutos de carga rápida.

Los precios comunicados para las versiones eléctricas arrancan en 121.400 euros para el i7 50 xDrive. La variante i7 M70 xDrive parte de 190.600 euros. Más adelante, en noviembre de 2026, la gama se ampliará con los BMW 750e xDrive, BMW M760e xDrive y BMW 740d xDrive.
El 750e xDrive combinará motor de combustión y sistema eléctrico para entregar 489 CV, con hasta 82 kilómetros de autonomía eléctrica. El M760e xDrive elevará la potencia hasta 612 CV y 800 Nm, con una autonomía eléctrica de hasta 80 kilómetros. El 740d xDrive mantendrá el motor diésel de seis cilindros en línea, asociado a tecnología microhíbrida de 48 voltios. Desarrolla 313 CV, acelera de 0 a 100 km/h en 5,7 segundos y homologa un consumo WLTP de entre 7,2 y 6,5 l/100 km.
En asistencia a la conducción, BMW introduce funciones como Entry-2-Exit para autopista y Address-2-Address para ciudad. Trabajan sobre sistemas de nivel 2 SAE, mapas de alta precisión, sensores e inteligencia artificial. También aparece BMW Symbiotic Drive, diseñado para que el conductor pueda corregir la dirección, acelerar o frenar sin desconectar de golpe la asistencia.

En autopista, el sistema opcional permite conducción sin manos hasta 130 km/h y cambios de carril automatizados tras confirmación visual. En ciudad, el asistente urbano puede ayudar en giros, rotondas, cambios de carril y maniobras ante semáforos, siempre con supervisión del conductor. Es una evolución pensada para hacer más natural la convivencia entre coche y conductor, no para eliminar su papel.
El nuevo Serie 7 llega así con una receta poco común: electricidad de largo alcance, lujo tecnológico, versiones enchufables y una opción diésel todavía útil para grandes recorridos. Una berlina que mira al futuro, pero que no rompe del todo con lo que muchos clientes de este segmento siguen buscando.






















