El Škoda Kodiaq cumple diez años en el mercado y la marca ha elegido una forma práctica de celebrarlo: más potencia para su versión híbrida enchufable y un nuevo acabado de lujo, Laurin & Klement, que corona la gama. Son dos novedades que apuntan al mismo cliente, el de la familia que necesita espacio pero no quiere renunciar a un coche rápido y bien equipado.
La noticia con más fondo está en la mecánica. El Kodiaq híbrido enchufable pasa de 150 a 200 kW de potencia combinada, es decir, de 204 a 272 CV. El salto de 68 CV no procede de una batería más grande ni de un motor eléctrico nuevo, sino de mejoras en el motor de combustión y de una nueva programación de la unidad de control que gestiona el sistema híbrido. El conjunto une un 1.5 TSI de gasolina y cuatro cilindros, que rinde 130 kW (177 CV), con un motor eléctrico de 85 kW (116 CV).
La batería no cambia. Tiene 25,7 kWh de capacidad bruta y 19,7 kWh útiles, una cifra generosa para un híbrido enchufable, y admite carga rápida en corriente continua de hasta 50 kW, útil para recuperar autonomía en una parada breve. Con la versión de 204 CV, Škoda homologa más de 100 kilómetros de autonomía eléctrica. Para la nueva variante la marca no ha publicado aún autonomía, prestaciones ni consumos, y tampoco ha detallado qué caja de cambios ni qué tracción emplea, de modo que conviene esperar a la homologación antes de sacar conclusiones.

La subida de potencia tiene sentido en un SUV de este tamaño. El Kodiaq es un coche grande, que puede llevar siete plazas y que muchas familias usan cargado hasta el techo en vacaciones. Con 272 CV, la versión enchufable se coloca por encima de las variantes más potentes de gasolina y diésel en potencia máxima, algo que puede notarse sobre todo en adelantamientos y en puertos de montaña con el coche lleno. Para el cliente español, además, la etiqueta CERO de la DGT que le da su autonomía eléctrica sigue siendo un argumento de peso.
El acabado Laurin & Klement recupera los apellidos de los fundadores de la marca, que es como Škoda bautiza desde hace años a sus versiones más lujosas. En el Kodiaq se identifica por los anagramas Laurin & Klement en el interior y en el exterior, unas llantas de aleación de diseño exclusivo, las barras de techo en color plata y los paragolpes delantero y trasero, así como las taloneras, pintados en el color de la carrocería. Dentro, la novedad más destacada son los asientos con función de masaje. Podrá combinarse con distintas motorizaciones, aunque la marca no ha detallado por ahora el equipamiento multimedia específico ni los precios.
Las dos novedades llegan en un momento de balance. Desde su presentación en Berlín, el 1 de septiembre de 2016, el Kodiaq ha superado 1,2 millones de unidades vendidas en 70 mercados. Fue el primer SUV grande de Škoda y le abrió a la marca un segmento en el que antes no estaba, el de los SUV familiares de siete plazas a un precio más contenido que el de las marcas premium.
La primera generación se fabricó hasta 2024 y alcanzó 866.100 unidades. Un dato que dice mucho de su uso real: cerca del 60 % de sus compradores eligió tracción total, y la versión de cinco plazas fue algo más popular que la de siete. En 2018 llegó el Kodiaq RS, el primer SUV de la marca con estas siglas, con un diésel 2.0 biturbo de 240 CV. Con él, la piloto alemana Sabine Schmitz firmó en el Nürburgring Nordschleife un tiempo de 9 minutos y 29,84 segundos, récord para un SUV de siete plazas que, según Škoda, sigue vigente. En 2021 el RS cambió el diésel por un 2.0 TSI de gasolina de 245 CV.

La segunda generación se presentó el 4 de octubre de 2023 y se fabrica desde enero de 2024 en la planta checa de Kvasiny, donde ya se han producido cerca de 330.000 unidades. Con ella llegó por primera vez la versión híbrida enchufable, que ahora recibe este aumento de potencia.
Škoda no ha dado todavía fechas de llegada ni precios para el nuevo híbrido enchufable de 272 CV ni para el acabado Laurin & Klement. Lo que sí parece clara es la intención. La marca ha convertido al Kodiaq en uno de sus pilares y, en lugar de esperar a una renovación profunda, prefiere mantenerlo fresco con mejoras que se entienden rápido: más potencia sin cambiar la batería y un acabado que lo acerca a terrenos que antes eran de otras marcas. Diez años después, el oso de Škoda sigue teniendo hambre.
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