Solo nueve clientes podrán tener un Morgan Midsummer Coupé. No nueve para España. Nueve en total. Y eso convierte a este deportivo cerrado en una de esas piezas que difícilmente se cruzarán alguna vez en una carretera, aunque resume muy bien hacia dónde quiere mirar Morgan cuando habla de coches hechos a mano, lujo real y encargos casi personales.
La base no nace de un estudio de mercado ni de una gama convencional. Todo parte del Midsummer abierto presentado en 2024, aquel barchetta desarrollado junto a Pininfarina y limitado a 50 unidades. Un cliente pidió una interpretación cerrada. Morgan vio recorrido en la idea y el resultado ha terminado en una serie mínima con nueve encargos para clientes, además del prototipo que sirve como referencia de diseño y construcción.

Lo interesante no está solo en el techo. De hecho, reducir este coche a “un Midsummer con techo” sería quedarse muy corto. La carrocería cambia de presencia, de proporciones y de uso. El parabrisas, los pilares, el techo acristalado y la parte trasera forman una arquitectura distinta, pensada para viajar más lejos, con más protección frente al clima y con un enfoque más cercano al gran turismo que al capricho de fin de semana.
El diseño vuelve a estar trabajado con Pininfarina, pero sin caer en el disfraz italiano. Sigue siendo un Morgan desde el primer vistazo. Capó largo, pasos de rueda marcados, habitáculo retrasado y una silueta muy baja. La diferencia está en la caída del techo, en la gran superficie de cristal y en esa línea central metálica que recorre el coche y conecta el exterior con el habitáculo. Tiene algo de deportivo clásico, pero no parece una réplica ni un ejercicio nostálgico.

También hay más tensión visual en el lateral. Las puertas ganan altura, aparece una línea de cintura mecanizada en aluminio y los tiradores quedan integrados con bastante limpieza. Las ventanillas laterales tienen inspiración en deportivos italianos de los años sesenta, aunque aquí se combinan con un sistema de cristales descendentes para mejorar el uso diario. Los paneles inferiores de acero inoxidable recuerdan al Midsummer abierto y las llantas forjadas de 19 pulgadas son específicas, con un nivel de detalle poco habitual incluso en coches de bajo volumen.
La parte técnica es quizá la más importante. Morgan utiliza su plataforma de aluminio CXV, pero el coupé exige soluciones nuevas. Los pilares delanteros están mecanizados en aluminio, el parabrisas va pegado a la estructura y el techo de cristal también trabaja como parte del conjunto. La propia carrocería de aluminio no es solo decorativa. Forma parte de una construcción tipo stressed-skin, donde los paneles ayudan a reforzar el coche.
Eso permite aumentar la rigidez sin disparar el peso. Según la información disponible, el incremento frente a un Supersport con techo rígido es de solo un 2,5%. En un coche de este tipo, donde cada kilo afecta al tacto, no es un dato menor. Morgan también habla de una reducción de tensiones en zonas clave gracias al uso del cristal estructural, algo que debería notarse en precisión, aislamiento y sensación de solidez.
El motor procede del universo BMW. Bajo el capó se mantiene el seis cilindros turbo B58 utilizado en el Supersport 400, asociado a una transmisión automática ZF de ocho relaciones y tracción trasera. Morgan no ha comunicado una ficha específica para España, pero el planteamiento está claro: motor delantero, mucho par, cambio rápido y una receta muy clásica en lo emocional, aunque completamente moderna en la ejecución.
No es un deportivo pensado para batir tiempos de circuito. Su papel es otro. Busca esa mezcla de respuesta fuerte, bajo peso, posición de conducción baja y viaje con cierto ritual. El techo fijo, el mejor aislamiento, la climatización adaptada y el maletero preparado para equipaje a medida lo acercan más a un coche para escapadas largas que a una pieza de colección condenada a vivir parada.

El interior sigue la misma lógica. Hay madera de teca, aluminio, cuero y piezas hechas específicamente para este proyecto. El techo de cristal llena de luz el habitáculo, mientras que los mandos de las ventanillas se colocan en la estructura superior. El selector del cambio incorpora inserciones de madera y cada unidad podrá configurarse con materiales, colores y acabados propios. Aquí no habrá dos coches iguales.
En seguridad, Morgan no habla de un gran despliegue de asistentes electrónicos ni de una lista cerrada de ayudas a la conducción. El foco está en la estructura, en la rigidez del conjunto y en la integración del techo, el parabrisas y la carrocería dentro del chasis. Es una forma distinta de entender el coche moderno, más centrada en la ingeniería de base que en la acumulación de pantallas o funciones.
Tampoco habrá gama, acabados ni versiones como en un modelo normal. El Midsummer Coupé será una serie de encargos individuales. El prototipo mostrado irá a la Louwman Collection de La Haya, mientras que las nueve unidades de cliente se construirán de forma artesanal en las instalaciones de Morgan en Pickersleigh Road.

Precio oficial para España, de momento, no hay. Y hablar de tarifa cerrada sería engañoso, porque cada unidad dependerá del proceso de personalización. Lo razonable es pensar en una cifra muy por encima de un Morgan de producción convencional, pero la compañía no ha comunicado un importe final. En cualquier caso, quien esté preguntando por el precio probablemente llega tarde: este coche nace casi vendido antes de existir.























