El Opel Rekord que ganó el Europeo de rallyes hace 60 años

En 1966, sin Mundial de Rallyes, el título europeo se lo llevó una berlina de serie: el Opel Rekord B de Lille-Bror Nasenius, con 90 CV y 990 kilos.
Lille-Bror Nasenius con el Opel Rekord B con el que ganó el Europeo de rallyes de 1966

En 1966 no existía el Mundial de Rallyes. El título que más pesaba en Europa era el Campeonato de Europa, y aquel otoño lo ganó un sueco al volante de una berlina familiar que cualquiera podía comprar en un concesionario: un Opel Rekord B. El piloto se llamaba Lille-Bror Nasenius y Opel acaba de recordar su gesta cuando se cumplen sesenta años de aquel campeonato, una historia que explica bastante bien cómo eran los rallyes antes de los coches de homologación especial y los presupuestos de fábrica.

Nasenius había firmado como profesional con Opel en enero de 1966. Compitió en el Grupo 1, la categoría reservada a turismos de serie, con cambios mínimos respecto al coche de calle. Esa era precisamente la gracia del Opel Rekord de rally de aquella temporada: su base era la misma que la del modelo que se vendía en los concesionarios alemanes, sin carrocerías aligeradas ni motores de carreras.

Lille-Bror Nasenius con el Opel Rekord C de rallyes en 1967
Nasenius con el Opel Rekord C en 1967, el año en que fue subcampeón de Europa. Foto: Opel

La clave técnica estaba en el motor. Para el año modelo 1966, Opel había estrenado su nuevo bloque CiH, siglas de árbol de levas en culata, que en su versión más potente, de 1,9 litros, entregaba 90 CV. Hoy esa cifra parece modesta, pero entonces era una potencia más que respetable para un coche de su tamaño, y lo mejor es que se combinaba con un peso de solo 990 kilos. Con esa relación, el Rekord 1900 S tenía argumentos de sobra. Nasenius lo demostró por partida doble: ese mismo año ganó el Campeonato de Suecia de rallyes y el título europeo de turismos de producción.

La temporada siguiente cambió al Rekord C, la nueva generación, algo más pesada, con 1.025 kilos en vacío. No repitió el título, pero se quedó muy cerca: fue subcampeón de Europa por un margen mínimo. En 1968 dio el salto al Rallye Kadett 1900 S, un coche más compacto con el que ganó cuatro pruebas en la general nada más estrenarse. A partir de ahí llegó su etapa más dominante en casa. Junto a su copiloto Björn Cederberg, se proclamó campeón de Suecia en 1969, 1970 y 1971, tres títulos consecutivos en un país donde los rallyes sobre nieve y hielo siempre han sido una escuela durísima.

Después vinieron dos temporadas con el Ascona, en 1972 y 1973, y una larga carrera que se estiró hasta 1977, cuando todavía disputó siete pruebas del campeonato con un modesto Kadett C 1200 S y ganó su clase en dos de ellas. El balance final de Nasenius es de 11 victorias absolutas y 35 triunfos de clase. De ellos, nueve victorias y 31 victorias de clase llegaron con un Opel, lo que lo convierte en uno de los pilotos más ligados a la marca en toda su historia deportiva.

Quienes compitieron contra él lo recuerdan bien. Walter Röhrl, uno de sus rivales directos en aquella época y más tarde campeón del mundo, lo describe como un sueco increíblemente servicial, con el que mantenía una relación muy cordial, casi de amistad, pese a la dureza de la competencia. Y la conexión no es casual: en 1982, el alemán y su copiloto Christian Geistdörfer ganaron el Mundial de Rallyes con un Opel Ascona 400, probablemente el mayor éxito de la marca en esta disciplina. La semilla de aquella estrategia deportiva, la de usar coches de calle como base para competir y vender, se plantó en los años de Nasenius.

Hay algo que se ha perdido por el camino. En los años sesenta, un aficionado podía ver ganar el Campeonato de Europa a un coche prácticamente igual al que tenía aparcado en la puerta de casa. Esa cercanía era el mejor argumento comercial posible, y Opel lo sabía. Hoy la marca mantiene viva su tradición en los tramos con un enfoque muy diferente: la ADAC Opel GSE Rally Cup cumple su sexta temporada con el Mokka GSE Rally, un SUV totalmente eléctrico de hasta 281 CV y 345 Nm de par. Además, Opel ha confirmado que su llegada a la Fórmula E será muy pronto.

Entre aquel Rekord de 90 CV y el Mokka eléctrico hay sesenta años y un mundo de diferencia tecnológica. La idea de fondo, sin embargo, se parece bastante: demostrar en la competición que lo que se vende en el concesionario funciona. Nasenius lo hizo con un coche familiar y una dosis de talento que el paso del tiempo no ha borrado de la memoria de quienes corrieron con él.

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