La línea 1 de la fábrica de Seat en Martorell, la única de la planta que monta coches eléctricos, ha parado su taller de montaje durante los tres turnos del viernes y también lo hace este lunes. No falta trabajo ni faltan pedidos: faltan celdas de batería. Sin ellas no hay paquetes que instalar en el CUPRA Raval y el Volkswagen ID. Polo, los dos utilitarios eléctricos que salen de esa línea y en los que el grupo Volkswagen ha depositado buena parte de su futuro en Europa.
El problema empezó a notarse antes. El taller de chapa de la misma línea, donde se ensamblan las carrocerías, dejó de trabajar en el turno de noche del jueves al viernes, pese a que por la mañana había funcionado con normalidad. Después llegó la parada del montaje. Las otras dos líneas de Martorell, que producen modelos de combustión, siguen trabajando sin cambios, de modo que el frenazo afecta solo a la parte más nueva y más estratégica de la fábrica.
El origen está fuera de España. Las celdas llegan de PowerCo, la filial de baterías del propio grupo Volkswagen, que las produce en su planta de Salzgitter, en Alemania. Seat las recibe en Martorell, donde desde marzo funciona una planta de ensamblaje de sistemas de batería de 64.000 metros cuadrados, con unas 500 personas y capacidad para unas 1.200 baterías al día. Allí las celdas, del formato unificado que el grupo quiere extender a todas sus marcas, se convierten en el paquete que luego se monta en el coche. Si el suministro se interrumpe, esa planta se queda sin materia prima y la línea 1 se detiene detrás de ella, porque un eléctrico sin batería no puede salir de la nave.

La empresa ha calificado la incidencia como un problema puntual de abastecimiento y confía en recuperar la actividad normal el martes. Los sindicatos son menos optimistas. Rafa Guerrero, portavoz de CCOO en Seat, ha advertido de que no hay una previsión clara sobre cuándo se restablecerá la llegada de celdas, por lo que la parada podría prolongarse más de lo que espera la dirección. Fuentes sindicales hablan de una situación preocupante y temen nuevas pérdidas de producción si el problema no se resuelve en pocos días. Por ahora no se ha precisado cuántos trabajadores se ven afectados.
El momento es delicado. La producción del Raval y del ID. Polo arrancó en Martorell a comienzos de junio y la línea todavía está en plena fase de crecimiento, sin haber alcanzado su ritmo máximo. Mientras tanto, la demanda va por delante de la capacidad. CUPRA asegura que el Raval suma más de 51.000 pedidos desde que se abrieron en abril, una cifra que la marca presenta como su mejor lanzamiento hasta la fecha, y el ID. Polo se mueve en niveles parecidos. Cada día sin montar coches alarga las listas de espera de unos clientes que ya han firmado.
Para Seat no es un tropiezo menor. La transformación de Martorell para fabricar eléctricos ha supuesto una inversión de más de 3.000 millones de euros, según la propia compañía, y la planta es la pieza central del proyecto que el grupo Volkswagen llama familia de eléctricos urbanos. El Raval, primer CUPRA de este tipo hecho en España, utiliza la plataforma MEB+ y anuncia alrededor de 450 kilómetros de autonomía WLTP. El ID. Polo, que comparte base técnica, homologa hasta 454 kilómetros. Son coches pensados para bajar el precio de entrada del eléctrico sin renunciar a una autonomía razonable, y su éxito comercial es justo lo que convierte cualquier retraso en un problema.

La parada también deja una lección incómoda sobre la cadena de suministro del coche eléctrico. Durante años el gran cuello de botella de la industria fueron los semiconductores, que obligaron a parar fábricas en toda Europa. Ahora el punto débil puede ser la batería, el componente más caro del vehículo y el que menos alternativas ofrece a corto plazo. Una línea de combustión puede reorganizarse con relativa facilidad ante la falta de una pieza; una línea de eléctricos que depende de un único proveedor de celdas tiene mucho menos margen. Que ese proveedor pertenezca al mismo grupo no evita el problema, solo lo mantiene en casa.
Queda por ver si la incidencia se resuelve en cuestión de horas, como espera la empresa, o si se alarga como temen los representantes de los trabajadores. Lo que ocurra en los próximos días en Martorell dirá mucho sobre la solidez de un proyecto que debía demostrar que en España se pueden fabricar eléctricos asequibles en grandes volúmenes. La fábrica ya ha probado que sabe hacerlos y que el público los quiere. Ahora le toca demostrar que puede hacerlos sin interrupciones.
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