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El nuevo CX-5 mantiene ese punto Mazda que no todos los SUV tienen

Mazda vuelve a ir por libre con un SUV familiar que mantiene motor gasolina y etiqueta ECO.

El Mazda CX-5 2026 MHEV llega en un momento en el que casi todos los SUV familiares parecen obligados a venderse como híbridos muy sofisticados, enchufables o eléctricos. Mazda, sin embargo, vuelve a elegir un camino bastante suyo. No renuncia a la electrificación, porque esta nueva generación cuenta con sistema híbrido ligero y etiqueta ECO, pero tampoco se aleja de su receta tradicional: motor de gasolina de gran cilindrada para lo que se estila hoy, cambio automático, tacto cuidado y una puesta a punto pensada para quien sigue valorando cómo se conduce un coche.

La primera sensación al acercarse al nuevo CX-5 es que Mazda ha querido hacerlo más adulto. No hay una ruptura radical con el modelo anterior, pero sí una evolución clara. La carrocería gana presencia, el frontal se ve más ancho, los faros quedan mejor integrados y la línea general transmite más empaque. Es un SUV de tamaño medio, pero ahora parece más cercano a los modelos familiares amplios que a los compactos altos de hace unos años. Esa evolución también se nota en la proporción lateral, más estirada y con una presencia más asentada sobre el asfalto.

El diseño exterior mantiene esa sobriedad habitual de Mazda, sin exceso de nervios ni recursos visuales innecesarios. La marca sigue trabajando sobre superficies limpias y volúmenes fluidos, algo que en vivo suele envejecer mejor que algunas carrocerías demasiado recargadas. El CX-5 2026 no busca parecer agresivo, ni jugar a ser un SUV deportivo. Tiene una imagen más elegante que llamativa. En acabados con llantas de mayor tamaño y detalles exteriores más cuidados gana bastante presencia, aunque incluso las versiones de acceso conservan una estética equilibrada.

Al abrir la puerta se percibe uno de los cambios más importantes. El habitáculo del nuevo Mazda CX-5 da un salto evidente en presentación tecnológica. La pantalla central, que puede llegar hasta 15,6 pulgadas según versión, cambia por completo la forma de relacionarse con el coche. Mazda ha sido durante años una de las marcas más fieles a los mandos físicos y al control giratorio central, pero este nuevo interior se acerca más a lo que hoy espera el cliente generalista. La digitalización gana terreno, aunque sin convertir el salpicadero en un escaparate sin sentido.

La posición de conducción sigue siendo uno de sus puntos agradables. Se va sentado alto, pero no con esa sensación de ir encima del coche que aparece en algunos SUV. El volante queda bien colocado, los asientos recogen correctamente y la visibilidad delantera resulta buena. El conductor se integra rápido en el puesto de mando. Mazda suele cuidar estos detalles y aquí se nota. No es cuestión de deportividad pura, sino de naturalidad. Todo queda a mano, la postura no fuerza y el coche transmite una sensación de control desde los primeros kilómetros.

En ciudad, el CX-5 2026 se siente más grande que antes, algo lógico por el crecimiento de esta generación. No es incómodo, pero conviene tener claro que estamos ante un SUV familiar con casi 4,7 metros de longitud. En calles estrechas o garajes ajustados hay que prestar atención. La dirección ayuda porque es suave a baja velocidad y permite maniobrar con precisión. También resultan importantes los asistentes de aparcamiento y las cámaras, especialmente en versiones bien equipadas. La visibilidad trasera no es mala, pero la carrocería y la altura hacen que las ayudas sean muy bienvenidas.

La vida a bordo está mejor resuelta que en el modelo anterior. Delante hay espacio de sobra y una consola central bastante útil para el día a día. Hay huecos para dejar el móvil, las llaves, una cartera, gafas o pequeños objetos que siempre acaban dando vueltas en el habitáculo. Los portavasos quedan bien situados y el reposabrazos central ayuda en viajes largos. Mazda no siempre ha sido la marca más generosa en soluciones prácticas, pero en este nuevo CX-5 se nota un esfuerzo mayor por hacerlo más cómodo como coche familiar.

La segunda fila también mejora de forma clara. Las puertas traseras abren con más facilidad y eso se agradece cuando hay que colocar una silla infantil o ayudar a un niño a subir. El espacio para las piernas es más generoso y la altura disponible permite viajar con comodidad incluso a adultos de talla media-alta. La banqueta tiene buen mullido y el respaldo ofrece una postura natural. El esquema 40:20:40 de los respaldos traseros permite jugar mejor con equipaje y ocupantes, una solución muy útil cuando se necesita llevar objetos largos sin renunciar a dos plazas traseras.

El maletero es uno de los datos que más cambia la percepción del coche. Con 583 litros, el Mazda CX-5 2026 se coloca en una posición muy sólida para uso familiar. No hablamos sólo de una cifra atractiva en ficha técnica. El espacio resulta aprovechable, la boca de carga es correcta y el suelo plano facilita meter maletas, bolsas de deporte, mochilas o compra grande. Frente al anterior CX-5, el aumento de capacidad se nota. Para una familia que utilice el coche como único vehículo, este punto puede pesar mucho en la decisión final.

La calidad percibida sigue siendo uno de los argumentos habituales de Mazda. El CX-5 no pretende ser premium, pero sí ofrece una atmósfera más cuidada que la de muchos SUV generalistas. Los ajustes transmiten solidez, los mandos principales tienen buen tacto y la presentación general evita la sensación de coche barato. Hay zonas menos vistosas, como ocurre en casi todos los modelos de este segmento, pero el conjunto está bien trabajado. Mazda suele apostar por una calidad más discreta que llamativa, y este nuevo modelo mantiene esa línea.

El sistema multimedia supone un cambio importante. La pantalla grande aporta una imagen mucho más moderna, con integración de servicios conectados y una interfaz más actual. Para muchos usuarios, lo más práctico seguirá siendo conectar el móvil mediante Apple CarPlay o Android Auto, porque simplifica navegación, música y llamadas. En este punto el coche cumple mejor con las exigencias actuales. La clave estará en que la transición hacia una pantalla más protagonista no complique demasiado funciones básicas como climatización, asistentes o ajustes habituales de conducción.

Bajo el capó, el nuevo Mazda CX-5 2026 monta un motor 2.5 e-Skyactiv G con sistema Mazda M Hybrid de 24 voltios. Entrega 141 CV y 238 Nm de par, siempre asociado a una caja automática de seis velocidades. Puede elegirse con tracción delantera o total, según versión. Sobre el papel, la potencia puede parecer contenida para un SUV de este tamaño, especialmente si se compara con híbridos más potentes de Toyota, Hyundai, Kia o MG. En la práctica, su enfoque es distinto. No busca impresionar por aceleración, sino ofrecer una respuesta progresiva y fácil de dosificar.

La elección de un motor atmosférico de 2,5 litros con hibridación ligera resulta casi contracultural en 2026. Mientras buena parte del mercado apuesta por motores turbo pequeños, híbridos completos o enchufables, Mazda mantiene una mecánica de gran cilindrada relativa, apoyada por una red eléctrica de 24 voltios que ayuda en fases concretas y permite obtener la etiqueta ECO. No es un híbrido completo, por lo que no circula en eléctrico como un Toyota RAV4 Hybrid, pero sí ofrece ventajas administrativas y una mayor suavidad en determinados momentos de conducción.

En ciudad, el motor se muestra agradable si se conduce con tranquilidad. No tiene una patada contundente a bajo régimen, pero responde con suavidad. El cambio automático de convertidor de par encaja bien con este planteamiento. No es el más rápido del mercado, aunque sí resulta cómodo y progresivo. En maniobras, incorporaciones suaves y tráfico denso, el conjunto evita brusquedades. La asistencia híbrida ligera ayuda en arranques y pequeñas fases de apoyo, pero no transforma el coche en un híbrido urbano de bajo consumo extremo.

En autovía, el CX-5 2026 gana puntos por confort. La suspensión filtra bien, la carrocería se siente asentada y el habitáculo mantiene un buen nivel de insonorización. El motor gira con suavidad a velocidad constante y el cambio automático tiende a buscar marchas largas para contener consumo y ruido. En pendientes pronunciadas o adelantamientos rápidos, sí hay que pedirle más al acelerador. Entonces el cambio reduce y el motor sube de vueltas, dejando claro que los 141 CV están más pensados para viajar a ritmo normal que para buscar prestaciones brillantes.

La dirección mantiene ese punto Mazda que suele gustar a quien valora el tacto de conducción. No es pesada, pero tampoco excesivamente artificial. Tiene precisión suficiente y permite colocar el coche con naturalidad en carretera secundaria. El CX-5 2026 no es un SUV deportivo, ni por peso ni por planteamiento, pero se siente más conectado que algunos rivales orientados únicamente al confort. La carrocería balancea de forma controlada y la suspensión ofrece un buen equilibrio entre absorción y sujeción. Es un coche cómodo, pero no blando.

En carreteras secundarias se entiende mejor su personalidad. El motor invita a conducir de forma fluida, aprovechando inercias y dejando que el cambio trabaje sin prisas. Si se pretende adelantar con frecuencia o mantener ritmos altos en zonas de montaña, puede echarse en falta más empuje. Pero en una conducción normal, con margen y anticipación, cumple correctamente. El bastidor transmite confianza, el tren delantero obedece bien y la tracción total, en las versiones que la montan, puede aportar un extra de seguridad sobre firme mojado o carreteras complicadas.

El consumo dependerá mucho del escenario. Las versiones de tracción delantera homologan cifras en torno a 7,0 l/100 km, mientras que las AWD suben ligeramente. No son consumos de híbrido completo, y conviene no confundir la etiqueta ECO con un funcionamiento eléctrico real. En ciudad, el CX-5 no será tan eficiente como un full hybrid. En autovía, sin embargo, puede mantener cifras razonables si se circula a velocidades legales y sin abusar del acelerador. Mazda apuesta por sencillez mecánica, suavidad y agrado, no por lograr el consumo más bajo del segmento.

El confort general es uno de sus mejores apartados. Los asientos tienen buen mullido, la suspensión trata bien a los ocupantes y la insonorización mejora la sensación de coche maduro. En viajes largos se agradece esa mezcla de postura cómoda, espacio trasero y maletero amplio. También ayuda que el habitáculo no abrume con un diseño excesivo. Todo resulta bastante sereno. En un mercado donde muchos coches intentan impresionar en los primeros cinco minutos, el Mazda CX-5 parece más pensado para convencer con el uso continuado.

La dotación de seguridad y asistentes gana protagonismo en esta generación. El modelo puede incorporar control de crucero adaptativo, mantenimiento de carril, frenada automática de emergencia, alerta de tráfico trasero, reconocimiento de señales, vigilancia de ángulo muerto y otros sistemas habituales en un SUV moderno. Lo importante no es sólo tenerlos, sino cómo intervienen. Mazda suele buscar una calibración menos invasiva que algunas marcas, aunque habrá que valorar cada sistema en función de acabado y configuración. En cualquier caso, el salto tecnológico respecto al CX-5 anterior es claro.

En equipamiento, la gama se articula con acabados como Prime-Line, Centre-Line, Exclusive-Line y Homura, con diferencias importantes en estética, confort y tecnología. Desde las versiones de acceso ya se ofrece una base interesante, pero los acabados intermedios pueden ser los más equilibrados para quien busque una buena combinación entre precio y dotación. En los superiores aparecen elementos de mayor presencia visual, más ayudas y detalles interiores más cuidados. El cliente tendrá que valorar si compensa pagar más por imagen y confort o quedarse en una versión más racional.

El precio en España parte de 35.200 euros como PVP para el Mazda CX-5 2.5 e-Skyactiv G MHEV Prime-Line FWD automático. Las versiones superiores y las variantes con tracción total elevan la tarifa hasta superar los 40.000 euros. No es un SUV barato en términos absolutos, pero tampoco juega a competir por precio mínimo. Su argumento está en ofrecer espacio, calidad percibida, etiqueta ECO, cambio automático y una forma de conducir diferente. Frente a rivales híbridos más eficientes, Mazda propone un producto menos convencional y más fiel a su filosofía.

El nuevo Mazda CX-5 2026 MHEV queda, por tanto, como una alternativa para quien no quiere complicarse con enchufes ni depender de un híbrido completo, pero sí necesita etiqueta ECO, amplitud y un coche agradable para viajar. No será la opción más rápida ni la más eficiente del segmento. Tampoco pretende serlo. Su valor está en el equilibrio, en la sensación de calidad y en una conducción más natural que la de muchos SUV actuales. Para el comprador que prioriza confort, espacio y tacto, tiene bastante sentido.

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