Derek Bell cumple 85 años: cinco veces ganador de Le Mans

Derek Bell cumple 85 años. Cinco victorias en Le Mans, dos títulos mundiales de resistencia y una carrera junto a su hijo: la historia del piloto británico que marcó una era con Porsche.
Derek Bell, leyenda de Le Mans con Porsche, en Leipzig en 2022

Ser el mejor compañero posible en una carrera de 24 horas no aparece en ningún palmarés, pero explica bastante bien la trayectoria de Derek Bell. El piloto británico acaba de cumplir 85 años, y Porsche lo ha celebrado como se celebra a los suyos: recordando aquellas victorias en Le Mans que convirtieron a un chico de un suburbio de Londres en uno de los nombres imprescindibles de la resistencia.

Nació el 31 de octubre de 1941 en Pinner, Middlesex, y empezó como tantos de su generación en carreras de clubes británicos, antes de pasar por la Fórmula 3 y la Fórmula 2. Su relación con Porsche comenzó de manera seria en 1971, y no precisamente con un coche cualquiera. Ese año corrió las 24 Horas de Le Mans al volante del 917 LH, la versión de cola larga, y alcanzó 396 kilómetros por hora en la recta de Hunaudières. Él mismo comparó aquella aceleración con el despegue de un avión, una imagen que da idea de lo que suponía pilotar ese coche en una carretera de noche, con la seguridad de la época.

Porsche 917 LH con el dorsal 17 de Derek Bell y Jo Siffert en Le Mans 1971
El Porsche 917 LH de Bell y Siffert, Le Mans 1971. Foto: Porsche

Un año antes había vivido una experiencia curiosa para los aficionados al cine. En 1970 estuvo en el rodaje de la película Le Mans, la que protagonizó Steve McQueen y que sigue siendo una de las referencias del género. La casualidad quiso que uno de los que estaban allí se convirtiera después en uno de los grandes de la prueba real.

Sus números en esa carrera son los que lo han colocado en la historia. Ganó Le Mans cinco veces en la clasificación absoluta, cuatro de ellas con Porsche: en 1981 con el 936, en 1982 con el 956 y en 1986 y 1987 con el 962. Solo unos pocos pilotos han superado o igualado ese registro. Durante muchos años formó con Jacky Ickx una de las parejas más sólidas que se recuerdan en la resistencia, de esas que se entienden sin necesidad de hablar demasiado y que resolvían los problemas de un coche pensando en el resultado final y no en el tiempo propio.

Porsche 956 con el dorsal 1 de Derek Bell y Jacky Ickx en Le Mans 1983
El Porsche 956 de Bell e Ickx, Le Mans 1983. Foto: Porsche

Esa época fue también la del Grupo C, cuando la electrónica y el efecto suelo cambiaron por completo estos coches, y Bell supo adaptarse a todo ello. Fue campeón mundial de resistencia en 1985 y 1986, y añadió a su historial tres victorias en las 24 Horas de Daytona, en 1986, 1987 y 1989, todas con el Porsche 962. Se trata de un currículum difícil de igualar, en el que encaja bien una frase suya sobre aquellos años en el equipo: trabajaban como locos para conseguir los resultados. No suena a épica, y sí a una descripción bastante exacta de lo que era entonces correr para una fábrica.

Thomas Laudenbach, responsable de Porsche Motorsport, ha resumido la figura de Bell señalando que representa una época en la que la innovación técnica y la resistencia humana formaban un todo inseparable. Vale la pena detenerse en esa idea, porque hoy un piloto de Le Mans cuenta con simuladores, descanso medido y datos en tiempo real, mientras que entonces había que soportar turnos larguísimos, calor dentro de la cabina y coches que exigían una atención física constante durante muchas horas.

Hay además un episodio que se sale de las estadísticas y que probablemente sea el que mejor lo define. En 1992, con 50 años, volvió a Le Mans para compartir un Porsche 962 C con su hijo Justin y con Tiff Needell. Terminaron en el puesto duodécimo, un resultado discreto que importa poco. Correr las 24 Horas junto a tu propio hijo, y llegar a la meta, es algo que muy pocos pilotos pueden contar.

Bell vive hoy en Florida y su nombre sigue sonando familiar incluso a quien nunca lo vio correr, algo que no consiguen todos los campeones de su tiempo. En una disciplina donde la gloria suele repartirse entre varios pilotos y una marca, él supo hacerse un nombre propio sin necesidad de grandes titulares.

Es fácil caer en la nostalgia cuando se habla de aquellos 917 y 956, y conviene no olvidar que esas carreras también costaron vidas y que la seguridad era muy inferior a la actual. Bell lo vivió de cerca, y sobrevivir a esa época ya tiene algo de hazaña. Quizá por eso, con todos sus trofeos, su mejor legado sea otro: haber demostrado que se podía ganar tantas veces en la carrera más dura del calendario siendo, ante todo, un piloto en quien sus compañeros confiaban para entregarles el coche entero.

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