Probar el Polestar 2 Long Range Dual Motor con el Performance Pack durante una semana completa fue una experiencia tan reveladora como adictiva. Lo utilicé en todo tipo de situaciones, desde desplazamientos urbanos y retenciones diarias hasta un viaje por autopista y carreteras de montaña. Lo que descubrí es que no se trata de un simple coche eléctrico bien hecho, sino de un deportivo con todas las letras, camuflado bajo una carrocería elegante y minimalista que transmite poder sin necesidad de exhibirse.

La historia de este modelo comienza en 2020, cuando Polestar, marca independiente surgida del entorno de Volvo y de su división de alto rendimiento, presentó su primer eléctrico puro. Desde entonces ha evolucionado en potencia, autonomía y tecnología. La versión probada, con tracción total y el paquete Performance, representa el punto más alto de esa evolución. Ofrece 350 kW, equivalentes a 476 CV, y 740 Nm de par, lo que permite pasar de 0 a 100 km/h en poco más de cuatro segundos. Pero más allá de las cifras, lo que impresiona es la forma en que responde: inmediata, precisa y lineal, con un empuje que te pega al asiento sin esfuerzo aparente.

El diseño conserva esa pureza escandinava tan característica. De cerca, el coche transmite solidez y equilibrio, con proporciones que lo sitúan entre berlina y crossover. Sus 4,6 metros de largo y poco más de 1,9 de ancho se disimulan bien gracias a un perfil limpio, sin artificios. Por dentro, la atmósfera es sobria, moderna y de gran calidad. No hay adornos superfluos ni pantallas por capricho: todo cumple una función. Los asientos deportivos abrazan sin oprimir, los materiales son agradables al tacto y el ambiente general invita a conducir.

Al ponerlo en marcha, el silencio absoluto es lo primero que se percibe. En ciudad, el Polestar 2 se mueve con suavidad, como si flotara. La dirección es precisa y ligera, ideal para maniobrar, y el sistema de conducción con un solo pedal convierte el tráfico urbano en algo sorprendentemente fluido. En este entorno, el consumo se mantiene entre 18 y 20 kWh/100 km, una cifra muy razonable para un coche de casi 500 CV. La frenada, apoyada en los Brembo del paquete Performance, es directa, sólida y transmite una confianza poco habitual en eléctricos de este tamaño. Basta una ligera presión para detenerlo con autoridad, algo que se agradece cuando se alternan tramos urbanos con vías rápidas.

Durante los primeros días, el Polestar 2 se comportó como un compañero de uso diario ideal. Su tamaño no resulta problemático y la visibilidad, pese a la línea fastback, es correcta. Las cámaras perimetrales y la visión de 360 grados ayudan en cada maniobra. El confort de rodadura es alto, y la suspensión, aunque firme por su configuración deportiva, filtra bien las irregularidades. Todo en este coche da la sensación de estar calibrado al milímetro.

El fin de semana decidí llevarlo a la sierra norte de Madrid, en un recorrido de casi 400 kilómetros que combinaba autovía y tramos de montaña. En autopista mostró un aplomo sobresaliente. El aislamiento acústico es excelente y el empuje constante incluso a 120 km/h permite adelantamientos instantáneos. El consumo se situó en torno a los 22 kWh/100 km, lo que permite cubrir entre 380 y 420 kilómetros reales. En un punto de carga rápida de 150 kW, bastaron 30 minutos para pasar del 10 al 80 %, lo que facilita cualquier viaje sin ansiedad.

En cuanto el asfalto se volvió serpenteante, el Polestar 2 reveló su verdadera naturaleza. Es un coche deportivo disfrazado de berlina eléctrica. En curvas enlazadas, el chasis afinado por los ingenieros de Cyan Racing, el mismo equipo responsable de los modelos de competición de Polestar y Volvo, demostró un trabajo impecable. La precisión de la dirección, el control de la carrocería y la forma en que transmite la potencia al suelo son de primer nivel. La suspensión Öhlins ajustable consigue el equilibrio justo entre firmeza y comodidad, y los frenos Brembo responden con contundencia incluso tras varios descensos intensos. La sensación es la de un coche que se agarra al asfalto con determinación y transmite una confianza absoluta, incluso cuando se le exige al límite.

En carreteras de montaña, esa puesta a punto brilla de verdad. La tracción total eléctrica distribuye el par entre ambos ejes con una rapidez asombrosa, y el coche sale de cada curva con la tracción perfecta. No hay balanceos ni imprecisiones. La sensación de control es total, y lo más sorprendente es cómo combina esa agilidad con un confort impecable cuando se vuelve al tráfico tranquilo. El Polestar 2 permite disfrutar como un deportivo sin dejar de comportarse como un coche de uso diario.

El interior, además de bonito, es funcional. El sistema Android Automotive funciona con fluidez y responde al instante, con la ventaja de tener Google Maps, Spotify y demás servicios integrados de forma nativa. El cuadro digital muestra solo lo necesario, con un diseño claro y sin distracciones. Los asientos, cómodos incluso tras largas horas de conducción, junto al excelente aislamiento acústico, hacen que el viaje se disfrute tanto en silencio como en los tramos más exigentes.

En materia de seguridad y asistentes, el coche va bien servido. El control de crucero adaptativo, el mantenimiento de carril y la frenada automática funcionan con suavidad y precisión. A diferencia de otros sistemas demasiado intrusivos, aquí la tecnología se nota pero no estorba. Todo parece calibrado con sentido, como si realmente hubiera sido pensado por alguien que conduce.

Tras más de 1.000 kilómetros, el consumo medio se estabilizó en torno a los 20,5 kWh/100 km. Para un coche de este peso y potencia, la cifra es excelente. La autonomía real ronda los 400 kilómetros, y con la red actual de carga rápida, es un vehículo perfectamente válido para cualquier uso, incluso viajes largos. En España, la versión Long Range Dual Motor con Performance Pack parte de unos 70.000 euros, una cantidad que lo sitúa en el segmento premium eléctrico, aunque su relación entre rendimiento, calidad y tecnología lo coloca en una posición muy competitiva.

En definitiva, el Polestar 2 no es un coche que busque impresionar con cifras, sino con sensaciones. Detrás de su diseño sobrio y su planteamiento eléctrico hay un carácter genuinamente deportivo que se descubre al conducirlo. La puesta a punto firmada por Cyan Racing, junto al trabajo del chasis, la precisión de la dirección y una frenada impecable, lo convierten en un auténtico deportivo encubierto, capaz de emocionar incluso al conductor más escéptico. Es un coche que sirve para todo: cómodo y refinado en el uso diario, pero con una respuesta y un equilibrio que invitan a disfrutar de cada curva. Para mí, ha sido la sorpresa de la semana: elegante, potente, versátil y con una personalidad que demuestra que la deportividad también puede ser eléctrica.




















