El Porsche 935 vuelve a ocupar un lugar protagonista en la historia del automóvil deportivo. La marca alemana ha decidido mirar atrás para celebrar uno de sus modelos de competición más influyentes con una nueva serie audiovisual que repasa su evolución desde mediados de los años setenta. La propuesta no se queda en la nostalgia. Porsche ha reunido por primera vez cinco versiones esenciales del 935 para mostrar cómo fue cambiando uno de los coches más determinantes de su trayectoria en los circuitos.

La iniciativa forma parte de la conmemoración de los 75 años de Porsche Motorsport y toma como eje central un modelo que marcó una época en resistencia y campeonatos internacionales. La serie, titulada Porsche Heritage Moments, se distribuye a través del canal oficial de la firma en YouTube y pone frente a frente varias configuraciones del 935 que resumen su desarrollo técnico, su carácter competitivo y su capacidad para adaptarse a reglamentos cada vez más exigentes.
El encargado de conducir esta retrospectiva es Timo Bernhard, una figura de peso dentro del automovilismo moderno y ganador en Le Mans. Junto a él aparece Norbert Singer, uno de los nombres fundamentales en la historia técnica de Porsche en competición. La combinación tiene sentido. Bernhard aporta la visión del piloto, mientras Singer explica desde dentro cómo nacieron muchas de las soluciones que hicieron del 935 un coche tan eficaz en pista.

La gran novedad de esta serie está en la reunión de cinco unidades muy distintas entre sí, pero conectadas por una misma idea. Porsche ha juntado el 935 original homologado en 1976, el 935/77 con evolución biturbo, el extremo 935/78 conocido como “Moby Dick”, el singular 935 “Baby” y un prototipo interno utilizado como banco de pruebas. No se trata solo de una colección de coches históricos. Es una forma de recorrer, casi paso a paso, la transformación de un modelo que fue refinándose con rapidez en apenas unos años.

El punto de partida está en el Porsche 935 de 1976. Aquel coche nació a partir del 911 para competir en la categoría Grupo 5 y aprovechó al máximo los márgenes que dejaba la normativa. Ensanches de carrocería, soluciones de ingeniería discutidas en las verificaciones y un puesto de conducción pensado con criterios muy prácticos definieron una base que pronto se reveló muy competitiva. Porsche entendió pronto que no bastaba con tener potencia. También era necesario interpretar bien el reglamento y construir un coche útil en condiciones reales de carrera.

Esa idea evolucionó en el 935/77. La versión de 1977 introdujo un cambio muy importante con la adopción de la tecnología biturbo. Frente al esquema anterior, la utilización de dos turbocompresores más pequeños mejoró la respuesta del motor y permitió una entrega de potencia más aprovechable para el piloto. Porsche también trabajó en la aerodinámica y en algunos elementos de visibilidad, en una etapa en la que cada mejora podía resultar decisiva en pruebas largas como Le Mans. El 935 empezaba a convertirse en un laboratorio de soluciones que luego marcarían el camino en otros desarrollos.



Uno de los capítulos más curiosos de esta historia lo protagoniza el 935 “Baby”. Fue una interpretación mucho más ligera, compacta y enfocada a carreras cortas. Aquí la reducción de peso se llevó al extremo. Porsche eliminó todo lo prescindible, replanteó materiales y ajustó el concepto del coche hasta dejarlo por debajo del límite mínimo permitido. Su motor de 1.4 litros lo situaba en una categoría específica, pero lo importante era el planteamiento técnico. Era un coche radical, exigente y pensado para sacar rendimiento a base de agilidad, bajo peso y respuesta a altas revoluciones.
Si el “Baby” representó el valor de simplificar, el 935/78 “Moby Dick” fue justo lo contrario: la exploración del límite. Singer desarrolló una máquina mucho más extrema, con una aerodinámica muy distinta a la del 911 tradicional y un planteamiento claramente dirigido a destacar en circuitos rápidos. Su motor bóxer de seis cilindros y 3.2 litros con doble turbo incorporó soluciones avanzadas, entre ellas culatas de cuatro válvulas refrigeradas por agua combinadas con cilindros refrigerados por aire. La potencia llegó a cifras muy elevadas, aunque Porsche ajustó ese potencial según las necesidades de cada prueba. En Le Mans, además de correr mucho, hacía falta resistir.
El resultado fue un coche capaz de alcanzar 366 km/h en la recta de Hunaudières. También dejó una fuerte impresión en Silverstone, donde su rendimiento fue claramente superior al del resto. Su vida deportiva no fue especialmente larga y apenas se construyeron dos unidades, pero su impacto sigue intacto décadas después. Dentro del imaginario de Porsche, el “Moby Dick” continúa siendo una de las interpretaciones más atrevidas y reconocibles de toda su historia en competición.

La serie se cierra con un prototipo de desarrollo 935/77 que tuvo un papel menos conocido, aunque relevante. Más que buscar títulos, sirvió para ensayar soluciones y hasta participó en un proyecto tan llamativo como un intento de récord de velocidad con el ciclista Jean-Claude Rude, actuando como vehículo que cortaba el aire. Ese detalle resume bien la filosofía del 935: un coche de carreras, sí, pero también una plataforma de experimentación.
Con esta serie, Porsche no solo recupera una saga icónica. También recuerda una etapa en la que la ingeniería, la interpretación del reglamento y la fiabilidad eran tan importantes como la velocidad pura. El 935 no fue una única máquina, sino una familia de evoluciones que ayudó a definir el ADN competitivo de la marca y que ahora vuelve a escena en formato documental.























