Esta noche toca retrasar el reloj. A las tres de la mañana del domingo 25 de octubre volverán a ser las dos en la península y Baleares, y a la una en Canarias. Dormiremos una hora más, que es lo que casi todo el mundo celebra, pero el cambio de hora tiene una cara menos amable para quien conduce: a partir del lunes, la oscuridad caerá justo cuando miles de personas vuelven del trabajo, salen del colegio o hacen recados.
La DGT lo ha resumido con una idea sencilla. Ganamos sueño, pero perdemos luz en la carretera. Y esa luz que desaparece de golpe a última hora de la tarde coincide con el momento de más movimiento en calles y travesías, cuando más peatones, ciclistas y motoristas comparten espacio con los coches.
El problema no es que conducir de noche nos convierta en malos conductores. Es más sutil. Con poca luz cuesta más reconocer un peligro inesperado y se alargan los tiempos de reacción, porque el ojo tarda en interpretar lo que ve y el cerebro necesita más información para decidir. Si a eso se suma la lluvia, la niebla o las hojas en el asfalto propias del otoño, el margen de error se estrecha bastante. Tráfico recuerda que en Estados Unidos la agencia federal de seguridad vial lleva años constatando que la mayoría de los atropellos mortales se producen precisamente en estas horas y en estos meses.

Lo primero que conviene revisar son los faros. No basta con que se enciendan. Deben estar limpios, con los plásticos pulidos y bien reglados, porque un faro desalineado ilumina menos de lo que debería y además deslumbra a quien viene de frente. Muchos coches con algunos años acumulan ópticas amarillentas o mates que pierden buena parte de su eficacia, y es un arreglo barato si se compara con lo que aporta. Si el vehículo no tiene luces de circulación diurna, Tráfico recomienda llevar las de cruce encendidas también de día.
Hay que recordar además lo que dice la norma: el alumbrado es obligatorio entre la puesta y la salida del sol, en túneles y siempre que las condiciones de visibilidad lo exijan. En el crepúsculo, cuando todavía parece que se ve bien, es cuando más conductores se olvidan de encenderlo.
El segundo punto es la limpieza, y no solo por fuera. Parabrisas, escobillas y, sobre todo, la cara interior del cristal. Esa película grasienta que se forma por dentro apenas se nota de día, pero de noche dispersa la luz de los coches que vienen de frente y crea un velo molesto que cansa la vista. En los coches modernos hay que sumar los sensores de los sistemas de ayuda a la conducción, situados en el parabrisas, los retrovisores y el frontal. Si están sucios o mal calibrados, funciones como la frenada de emergencia o el aviso de cambio de carril pueden fallar justo cuando más se necesitan.
La tercera recomendación tiene que ver con la actitud. Con menos luz hay que levantar el pie y anticipar por dónde puede aparecer alguien. Ciclistas que vuelven a casa, repartidores en moto, personas que pasean al perro o niños que salen de una actividad extraescolar. La DGT pide especial atención cerca de las paradas de autobús, en los pasos de peatones sin semáforo y en las manzanas con coches aparcados, de donde alguien puede salir sin ser visto hasta el último momento.
Hay un detalle en el que pocos piensan: el brillo del salpicadero. Las pantallas de los coches actuales son cada vez más grandes y luminosas, y de noche pueden deslumbrar al propio conductor. Tráfico aconseja bajar la intensidad del cuadro y del sistema multimedia para que el ojo se adapte mejor a la oscuridad exterior, hasta el punto en que el velocímetro siga leyéndose sin esfuerzo.
A todo esto se suma el propio cambio de horario en el cuerpo. Los primeros días el organismo tarda en ajustarse, y aunque en otoño el desajuste suele llevarse mejor que en primavera, no es raro notar más cansancio a media tarde. Conviene tenerlo presente en los trayectos de vuelta a casa, que serán los más oscuros.
Los peatones y ciclistas también tienen su parte. Ropa clara, prendas o accesorios reflectantes y luces en la bicicleta marcan la diferencia entre ser visto a tiempo o no. Un conductor detecta antes a alguien vestido de oscuro cuando lleva un simple brazalete reflectante que cuando no lleva nada.
Ninguno de estos consejos es nuevo, y precisamente por eso se olvidan. Una vuelta alrededor del coche, un paño en el interior del parabrisas y unos minutos para ajustar el brillo de la pantalla pueden hacer que las tardes de invierno sean bastante menos traicioneras al volante.















