Bentley dispara a la batería de su primer eléctrico

Un millón de kilómetros, de -38 a 40 grados, y un proyectil de acero contra la batería: así se prepara el Bentley Torcal, que ya pierde el camuflaje.
Perfil lateral de un SUV Bentley con camuflaje de pruebas estacionado en una planta de ensamblaje industrial.

Un proyectil de acero de 30 milímetros, unos 111 gramos de peso, disparado a más de 160 km/h contra la carcasa de una batería. No es el ensayo que uno asocia a una marca famosa por sus costuras de cuero, pero forma parte de la puesta a punto del Bentley Torcal, el primer eléctrico de la casa de Crewe, que encara su último tramo antes de llegar a los clientes y que ya empieza a quitarse el camuflaje en la flota de desarrollo.

La firma británica ha querido enseñar ahora la parte menos glamurosa del proceso, y es la más interesante. Los prototipos y coches de preserie han acumulado más de un millón de kilómetros, en un abanico de temperaturas que va de los 38 grados bajo cero a los 40 positivos. Han pasado por el invierno sueco, por el calor del desierto y por Pikes Peak, en Colorado, donde se ruedan por encima de los 4.200 metros. Hay un motivo para tanto kilometraje. Un Bentley no se compra por su autonomía: el cliente espera que todo funcione en silencio, sin vibraciones ni sorpresas, y un eléctrico deja al descubierto ruidos y fallos de software que un motor de doce cilindros podía disimular.

Prototipo del Bentley Torcal, primer eléctrico de la marca
Foto: Bentley Motors

El dato que mejor resume el tamaño del reto es la batería. Pesa alrededor de 625 kilos, y su densidad energética supera los 180 Wh/kg. Si se cruza con los 113 kWh que ya conocemos de la primera edición, las cuentas salen casi exactas. Bentley no presume de un récord en ese apartado, y hace bien, porque existen celdas más densas en el mercado. Lo que sí pone sobre la mesa es una exigencia que rara vez se cuenta: la protección frente al fuego tiene que resistir dos horas.

Ahí entra el ensayo del proyectil. Con esa masa y esa velocidad, la energía del impacto es modesta sobre el papel, algo más de 100 julios, pero se concentra en un punto muy pequeño. No cuesta imaginar la situación real que recuerda: una pieza metálica que salta del asfalto y golpea los bajos a velocidad de autopista. Y en una batería, lo delicado no es tanto la abolladura como lo que pueda provocar dentro del paquete. Hablar en público de estos ensayos es también una manera de responder a las dudas que los eléctricos siguen generando entre los compradores de lujo, un público que tiende a ser conservador y que hasta ahora ha sido más bien reacio a este cambio.

Hay otros detalles del desarrollo que ayudan a entender cómo trabaja hoy un fabricante pequeño dentro de un gran grupo. Bentley ha recurrido a la realidad extendida para resolver la ergonomía antes de construir piezas físicas, en lo que llama XR Hub, y al llegar a la llamada confirmación física de diseño disponía ya de más del 90 por ciento de los componentes. Cada seis semanas se integraba un nuevo nivel de software. Esta última cifra dice mucho sobre lo que es ahora un coche, y más para una empresa cuya imagen sigue ligada a los artesanos que cosen a mano un volante. El Torcal tendrá esa parte, sin duda, pero su fiabilidad a largo plazo dependerá en buena medida de esas actualizaciones.

Las cifras principales del modelo se conocieron hace unos días con la First Edition: 888 CV, 113 kWh y hasta 600 kilómetros de autonomía según la marca. El nuevo comunicado no añade potencia ni autonomía, ni tampoco precios o fechas de entrega, de modo que seguimos sin saber cuánto costará en España ni cuándo se verá el primero por nuestras calles. Tampoco hay datos sobre lo que realmente importa en un coche de esta clase, cómo se comporta y cuánto aísla, algo que solo se podrá juzgar al volante.

El gran interrogante de fondo es otro. Varias marcas de lujo han levantado el pie con la electrificación en los últimos tiempos, con retrasos y cambios de plan a la vista de todos, porque su clientela no parece tener ninguna prisa por abandonar la gasolina. Bentley también ha revisado su calendario, pero el Torcal sigue adelante. Ese millón de kilómetros, con sus pruebas de fuego y de impacto, sirve para convencer a los ingenieros de la propia casa. Convencer a quien está dispuesto a pagar lo que cueste un coche así y tiene un garaje lleno de alternativas es harina de otro costal, y para eso no existe ningún banco de ensayos. La retirada del camuflaje, por lo menos, indica que la fase de esconderse ha terminado.

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