Vincenzo Lancia era piloto de carreras antes que fabricante, y quizá por eso la marca que fundó en Turín en 1906 nunca se conformó con hacer coches bonitos. Lancia cumple 120 años con una hoja de servicios que pocos fabricantes pueden igualar: la carrocería autoportante, el primer motor V6 de serie del mundo, la instalación eléctrica completa como equipamiento de fábrica y una colección de títulos mundiales de rallies que explica por qué su nombre sigue despertando tanta devoción. Muchas de las soluciones que damos por hechas en cualquier utilitario salieron de sus talleres.
El primer modelo llegó en 1908. Se llamaba 12 CV y ya apuntaba maneras: chasis bajo y ligero y transmisión por árbol en lugar de las cadenas habituales de la época. Se fabricaron algo más de cien unidades, una cifra respetable para un fabricante recién nacido. Cinco años después, el Theta de 1913 se convirtió en el primer coche europeo con instalación eléctrica completa de serie. Hoy parece una obviedad, pero entonces era un lujo.
El gran salto llegó con el Lambda de 1922. Fue el primer coche con carrocería monocasco, es decir, sin el chasis de largueros sobre el que se atornillaba la carrocería, y además estrenó la suspensión delantera independiente. Las dos ideas se convirtieron con los años en la norma de la industria. Casi cualquier turismo actual es, en el fondo, un descendiente técnico de aquel Lambda.

Entre las dos guerras, Lancia siguió afinando su fórmula con modelos como el Augusta y el Aprilia. Este último aplicó principios aerodinámicos avanzados a un coche compacto de producción, algo poco habitual en un turismo de la época. Del mismo periodo son también las puertas sin pilar central, que dejaban el habitáculo completamente despejado al entrar.
En 1950 apareció el Aurelia, y con él el primer motor V6 fabricado en serie del mundo. No fue su única aportación. El Aurelia colocaba la caja de cambios junto al diferencial trasero, el esquema transaxle, para repartir mejor los pesos, una solución que décadas después adoptarían deportivos de otras marcas. Su versión B24 Spider añadió una silueta limpia, sin tiradores exteriores, que sigue siendo uno de los descapotables más elegantes de su tiempo. Ya en los sesenta, el Flavia fue el primer coche italiano con motor delantero y tracción delantera, la configuración que hoy usan la gran mayoría de los turismos.

Para muchos aficionados, sin embargo, Lancia significa rallies. La marca dominó la especialidad durante más de dos décadas y suma 15 títulos del Mundial de Rallies, además de 3 títulos del Mundial de Resistencia. Antes de eso ya había ganado en la Mille Miglia, en la Targa Florio y en la Carrera Panamericana. El 037, con su diseño específico de propulsión trasera, y el Delta Integrale, con su tracción total, son los nombres que mejor resumen aquella superioridad técnica. Ganaron sobre tierra, sobre asfalto y sobre nieve, con pilotos que hoy forman parte de la historia del deporte. El Delta, en concreto, sigue siendo uno de los clásicos más deseados por los aficionados.
La otra cara de la historia es menos brillante. Lancia vivió muchos años en un segundo plano dentro del grupo Fiat, con una gama cada vez más corta que acabó reducida a un solo modelo vendido casi únicamente en Italia. La marca que había inventado tantas cosas se convirtió en un fabricante de un único utilitario. Para una firma con ese pasado, fue una etapa difícil de explicar.
El aniversario la encuentra en plena reconstrucción. El nuevo Ypsilon, ya con versiones electrificadas, es la punta de lanza de esa nueva etapa dentro de Stellantis, y estrena una interfaz bautizada S.A.L.A., siglas de Sound Air Light Augmentation, que agrupa en un único mando el sonido, la climatización y la iluminación del habitáculo. La propia marca presenta esta tecnología como la heredera de su espíritu innovador, aunque todavía le queda camino para recuperar el peso que tuvo en su día.
Hay algo de justicia en que una marca nacida de un piloto vuelva a apoyarse en la competición, ahora con el Lancia Corse HF en el Campeonato de Europa de Rallies. El reto de Lancia es demostrar que no vive solo del recuerdo del Stratos o del Delta. Si algo enseñan estos 120 años es que la marca siempre fue mejor cuando se atrevió a hacer las cosas antes que nadie.
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