Abarth lleva más de setenta años construyendo coches con carácter. Desde aquel primer 595 con alma de competición hasta los actuales modelos eléctricos, la esencia siempre ha sido la misma: convertir la conducción diaria en algo emocionante. El nuevo Abarth 600e representa el siguiente paso en esa evolución, un punto de encuentro entre la tradición del escorpión y el futuro de la electrificación.


Presentado oficialmente a finales de 2024 y basado en la arquitectura eCMP de Stellantis, el 600e es el primer Abarth eléctrico de gran producción con tracción delantera y la potencia suficiente como para poner a prueba su propio chasis. Nace con el objetivo de ofrecer sensaciones reales, no solo cifras, y tras pasar varios días conduciéndolo por ciudad, carretera y autovía, puedo confirmar que ese espíritu se mantiene vivo.

A simple vista el Abarth 600e no deja indiferente. Sus proporciones de SUV urbano con rasgos de compacto deportivo le dan un aspecto musculoso y ágil. Mide 4,17 metros de largo y 1,98 de ancho contando los retrovisores. La distancia entre ejes de 2,56 metros y las llantas de 20 pulgadas llenan los pasos de rueda con decisión. El paragolpes delantero, con grandes tomas de aire simuladas, los faldones laterales y la zaga con difusor integrado confirman que no se trata de un simple Fiat 600 con logotipo distinto. La versión Scorpionissima, la más equipada, añade detalles en color ácido, pinzas de freno rojas y un logotipo luminoso en el portón.

El interior sigue esa línea de contraste entre deportividad y funcionalidad. Los asientos, tapizados en Alcantara y firmados por Sabelt, combinan sujeción lateral con un nivel de confort adecuado para trayectos largos. El volante, grueso y achatado en la parte inferior, transmite una sensación directa. El puesto de conducción está orientado hacia quien conduce, y la gran pantalla central de 10,25 pulgadas permite controlar todas las funciones del vehículo sin complicaciones. Abarth ha incorporado un cuadro digital configurable de 7 pulgadas con gráficos específicos que cambian según el modo de conducción.

En cuanto a calidad percibida, el salto respecto a los Abarth térmicos anteriores es evidente. Los materiales principales son agradables al tacto y los ajustes sólidos, aunque todavía hay zonas con plásticos duros que recuerdan su origen generalista. No obstante, la atmósfera interior está muy bien conseguida: envolvente, deportiva y moderna.

El corazón del Abarth 600e es un motor eléctrico que desarrolla 280 CV (207 kW) y 350 Nm de par máximo. Toda la fuerza se transmite al eje delantero mediante un diferencial mecánico Torsen que mejora la tracción y permite exprimir la potencia sin pérdidas excesivas de adherencia. La batería de 54 kWh netos alimenta el sistema y ofrece una autonomía oficial de 334 km según el ciclo WLTP, cifra que en conducción normal ronda los 270 km reales y que baja hasta los 200 si se conduce con alegría.
Durante la prueba, el recorrido combinó ciudad, carreteras de montaña y tramos de autovía. En entorno urbano, el 600e es un juguete serio. La respuesta inmediata del acelerador y el tamaño compacto facilitan moverse entre el tráfico con una agilidad sorprendente. A bajas velocidades es silencioso y suave, aunque al activar el modo Scorpion la historia cambia. El sonido artificial que Abarth ha desarrollado reproduce el tono de un escape deportivo tradicional. No suena como un motor real, pero crea una atmósfera coherente con el espíritu del coche. A algunos conductores les resultará estimulante, a otros algo artificial. Lo importante es que se puede desconectar con un simple toque.

En carreteras secundarias, especialmente en la subida a Navacerrada durante la prueba, el coche mostró su mejor cara. La dirección, rápida y precisa, permite trazar con confianza. La suspensión firme, junto con el centro de gravedad bajo, consigue un paso por curva sorprendente para un SUV de su tamaño. El trabajo del diferencial Torsen es notable, ya que reduce las pérdidas de tracción y mantiene al coche pegado al asfalto incluso al acelerar con decisión al salir de las curvas. No es un deportivo radical, pero transmite sensaciones auténticas, con reacciones vivas y predecibles.
El chasis está reforzado en varios puntos respecto al Fiat 600, con una barra estabilizadora trasera más rígida y un tarado de amortiguadores específico. Todo el conjunto logra ese equilibrio que define a los mejores Abarth: capaz de divertirte sin resultar incómodo. En conducción rápida, el coche se siente sólido y comunicativo. La sensación de control es total y las ayudas electrónicas entran con discreción, dejando margen para disfrutar de la conducción pura.

En autovía, el 600e demuestra que puede ser mucho más que un juguete urbano. A 120 km/h mantiene un aplomo excelente y un nivel de ruido contenido. El motor apenas se percibe y solo el sonido aerodinámico de las llantas grandes recuerda que estamos ante un modelo enfocado al rendimiento. El consumo medio en este entorno rondó los 17,5 kWh/100 km, lo que permitiría alcanzar una autonomía cercana a los 300 km si se mantiene una conducción suave.

La batería admite carga rápida a 100 kW, lo que permite recuperar del 20 % al 80 % en unos 25 minutos en un punto de alta potencia. En carga doméstica a 11 kW, se completa en menos de seis horas, tiempo más que razonable para dejarlo listo cada mañana.
Uno de los aspectos más curiosos del Abarth 600e es su sistema de acceso y arranque mediante aplicación móvil. La conexión Bluetooth del teléfono permite abrir las puertas y activar el vehículo sin necesidad de llevar una llave física. Es cómodo en el día a día y añade un toque tecnológico, aunque también tiene su reverso: si el móvil se queda sin batería o la app se bloquea, la experiencia puede ser frustrante. Abarth está trabajando en actualizaciones OTA que mejorarán la estabilidad de la conexión y ampliarán las funciones remotas, como la climatización previa o la programación de carga.

El apartado multimedia ofrece una interfaz moderna y fluida, aunque todavía con una limitación importante. En el momento de la prueba, ni Apple CarPlay ni Android Auto estaban integrados de forma nativa. La marca ha anunciado una próxima actualización que los incorporará, pero por ahora solo es posible duplicar la pantalla del teléfono mediante enlace inalámbrico. El problema es que la imagen proyectada ocupa un espacio reducido en la pantalla central, lo que resta comodidad al usar apps de navegación o música. Pese a ello, el sistema responde con rapidez y la calidad gráfica es buena.

En cuanto a espacio, las plazas delanteras resultan amplias y cómodas. Detrás, dos adultos caben sin dificultad, aunque la altura al techo es algo justa para personas de más de 1,85 m. El maletero ofrece 360 litros de capacidad, suficiente para el día a día o un fin de semana. La visibilidad trasera es algo limitada debido a la forma de la luneta, pero las cámaras 360 grados ayudan en las maniobras.

El equipo de seguridad incluye los asistentes habituales: frenada autónoma de emergencia, control de crucero adaptativo, mantenimiento de carril, detección de fatiga y reconocimiento de señales de tráfico. La calibración es buena y los sistemas actúan de manera progresiva, sin interferir en exceso con la conducción.

El comportamiento general del coche deja clara la intención de Abarth: ofrecer un eléctrico con alma. No es un vehículo pensado para batir récords de eficiencia, sino para transmitir emociones. Acelera de 0 a 100 km/h en 5,9 segundos, lo suficiente para dejar atrás a la mayoría de compactos eléctricos de su rango de precio. Pero lo mejor es cómo lo hace: con contundencia, sin titubeos y con una respuesta instantánea.
En cuanto a precios, el Abarth 600e llegará a España en dos versiones principales. La edición Scorpionissima, limitada a 1.949 unidades, parte de unos 40.000 euros antes de ayudas, mientras que la versión Turismo se situará algo por debajo, rondando los 36.000 euros. Ambas podrán beneficiarse de las subvenciones del Plan MOVES, lo que mejora sensiblemente la relación entre prestaciones y coste.

Tras varios días conviviendo con él, la conclusión es clara. El Abarth 600e logra algo que muchos eléctricos aún no han conseguido: emocionar sin necesidad de ruido ni gasolina. Tiene carácter, ofrece sensaciones auténticas y mantiene viva esa picadura eléctrica que define a la marca del escorpión. No es perfecto, pero su equilibrio entre diversión, tecnología y diseño lo convierte en una de las propuestas más interesantes del panorama actual.
Quien busque un coche eléctrico con alma, que se disfrute tanto en ciudad como en una carretera de curvas, encontrará en el Abarth 600e una opción distinta, pasional y con ese toque de rebeldía que parecía perdido en la era de las baterías.





















