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Prueba del Leapmotor C10 híbrido enchufable: eficiencia, confort y autonomía sin ansiedad

La llegada del Leapmotor C10 híbrido enchufable a Europa marca un paso estratégico dentro del grupo Stellantis. Hasta ahora, la marca china era conocida por sus eléctricos urbanos, pero con este modelo ha apostado por una tecnología más flexible y adaptada a las necesidades reales de los conductores europeos: un sistema híbrido de autonomía extendida que combina un motor térmico con un bloque eléctrico principal. Confieso que afronté esta prueba con cierto escepticismo, después de haber probado varios SUV con soluciones similares que no siempre logran el equilibrio entre prestaciones, consumo y confort. Sin embargo, el C10 ha terminado sorprendiendo más por su coherencia general que por su ficha técnica.

El Leapmotor C10 se posiciona en el corazón del segmento de los SUV familiares medios, con 4,73 metros de longitud, 1,90 de ancho y 1,68 de alto. Su diseño es limpio y equilibrado, con líneas suaves que recuerdan más a un crossover premium que a un SUV de acceso. No busca llamar la atención, sino transmitir solidez y calidad. El frontal con su firma luminosa en forma de ceja y la zaga con una franja LED continua reflejan el lenguaje visual de la marca. A primera vista parece más europeo que asiático, y lo cierto es que fue diseñado con esa intención desde el inicio.

El sistema de propulsión del Leapmotor C10 denominado “EREV” (Extended Range Electric Vehicle), utiliza un motor eléctrico principal encargado de mover las ruedas traseras y un motor de gasolina que actúa como generador para alimentar la batería o mantener su carga. No hay conexión mecánica directa entre el motor térmico y las ruedas: el coche se mueve siempre de forma eléctrica. El bloque de gasolina, de 1,5 litros y cuatro cilindros, se usa solo como generador, sin intervenir en la tracción.

La batería, con una capacidad neta de 28,4 kWh, permite recorrer más de 200 kilómetros en modo 100 % eléctrico según el ciclo CLTC chino, lo que equivale a unos 160 km reales bajo homologación WLTP. En conjunto, con el depósito de gasolina lleno, la autonomía total supera los 1.000 kilómetros, lo que convierte al C10 en uno de los SUV híbridos enchufables más capaces de su categoría. Puede recargarse en corriente alterna a 11 kW, recuperando la carga completa en algo más de tres horas desde un punto trifásico doméstico.

Durante la prueba, realicé más de 700 kilómetros alternando ciudad, carreteras secundarias y autovía. En entornos urbanos, el C10 se comporta como un eléctrico puro: suave, silencioso y con una entrega inmediata de par. La respuesta del acelerador es lineal y la frenada regenerativa, natural. El modo de un solo pedal está bien calibrado, lo que permite circular con fluidez en tráfico denso. En ciudad, el consumo medio fue de 15,2 kWh/100 km, una cifra notablemente baja para su tamaño.

En carretera, cuando se agota la carga de la batería, el motor de gasolina entra en funcionamiento de forma casi imperceptible. Solo un leve zumbido indica que está generando energía. En conducción real, con ritmo normal y sin buscar la máxima eficiencia, el consumo combinado (gasolina + electricidad) se mantuvo en torno a 4,9 l/100 km equivalentes, un resultado excelente en su segmento.

La parte dinámica es otro de sus grandes aciertos. La tracción trasera, la distribución equilibrada del peso y la suspensión multibrazo trasera aportan una estabilidad poco habitual. En curvas rápidas transmite confianza, con una dirección precisa y una amortiguación que controla bien los balanceos. No pretende ser deportivo, pero ofrece una sensación de control similar a la de modelos europeos. En tramos de montaña, el par instantáneo del motor eléctrico permite salir con agilidad, y la regeneración ayuda a dosificar la velocidad sin abusar de los frenos.

En autovía, el Leapmotor C10 brilla por su confort. A 120 km/h apenas se filtra ruido aerodinámico y la sensación general es de vehículo sólido y bien construido. Los asientos, amplios y firmes, permiten recorrer largas distancias sin fatiga. El aislamiento acústico y la suspensión logran un confort de marcha que rivaliza con SUV de categorías superiores. La autonomía eléctrica cubre buena parte del día a día sin necesidad de gasolina, y cuando el motor térmico interviene, lo hace con suavidad y eficiencia, sin generar vibraciones ni estrés.

El acceso al vehículo se realiza mediante una aplicación móvil y tecnología Bluetooth, una solución moderna que evita depender de una llave física. En el día a día resulta práctica: basta con acercarse para desbloquear el coche o ponerlo en marcha desde el teléfono, incluso sin conexión a internet. Sin embargo, también tiene ciertos inconvenientes. En zonas con interferencias o con el móvil sin batería, el sistema puede mostrar cierta lentitud o exigir reiniciar la app. La marca promete actualizaciones OTA para mejorar la estabilidad de esta función, pero conviene ser consciente de que la comodidad de la conectividad también implica depender del teléfono en todo momento.

El interior sigue la filosofía minimalista del exterior. La presentación es limpia, con materiales agradables al tacto y ajustes sólidos. La gran pantalla central de 14,6 pulgadas concentra casi todas las funciones: climatización, conducción, energía o infoentretenimiento. El sistema funciona con rapidez y su interfaz es intuitiva, aunque el exceso de submenús puede requerir un periodo de adaptación. Frente al conductor, un cuadro digital más pequeño muestra la información esencial de forma clara.

En el apartado multimedia, el Leapmotor C10 destaca por la calidad visual y fluidez del sistema, pero aún tiene margen de mejora en conectividad. En la unidad probada, Apple CarPlay y Android Auto no estaban disponibles de forma nativa, ya que la integración oficial llegará mediante una actualización de software prevista en los próximos meses. Mientras tanto, es posible duplicar la pantalla del teléfono, aunque la proyección resulta más pequeña que la del propio dispositivo y no aprovecha toda la superficie del display. Es un aspecto menor, pero importante para quienes dependen del ecosistema móvil en sus desplazamientos.

El espacio interior es amplio y bien aprovechado. La segunda fila ofrece suelo completamente plano y espacio suficiente para tres adultos. Las puertas traseras abren con ángulo generoso, lo que facilita el acceso a personas mayores o el uso de sillitas infantiles. El maletero, con 450 litros, tiene formas regulares, doble fondo y una bandeja flexible, ideal para viajes familiares o equipaje voluminoso.

En materia de seguridad, el C10 incluye un completo paquete de ayudas a la conducción: control de crucero adaptativo, mantenimiento activo de carril, frenada autónoma de emergencia, detección de ángulo muerto, alerta de tráfico cruzado y cámaras 360 grados. El funcionamiento de estos sistemas es refinado y no intrusivo. El asistente de centrado en el carril actúa con suavidad y el control adaptativo reacciona con precisión ante variaciones de tráfico.

El confort térmico está garantizado por una bomba de calor eficiente y un sistema de climatización que mantiene la temperatura estable sin comprometer la autonomía. Los asientos delanteros incluyen calefacción y ventilación, mientras los traseros disponen de salidas de aire independientes. En ciudad, el silencio es absoluto; en carretera, solo se percibe el roce de los neumáticos. Todo contribuye a una experiencia de viaje serena y equilibrada.

El mantenimiento del Leapmotor C10 híbrido enchufable es simple y predecible. La batería cuenta con garantía de 8 años o 160.000 km, y el motor térmico, al trabajar siempre en régimen constante, sufre menos desgaste. Con un coste de uso inferior al de un SUV diésel convencional, el modelo se posiciona como una opción racional para quienes buscan eficiencia sin complicaciones.

Aunque la marca aún no ha anunciado los precios finales para España, las estimaciones apuntan a un rango entre 36.000 y 40.000 euros, dependiendo del acabado y las ayudas del Plan MOVES. Con esas cifras, se sitúa frente a modelos como el Lynk & Co 01, el Mitsubishi Outlander PHEV o el BYD Song Plus DM-i, con una autonomía eléctrica claramente superior a la de todos ellos.

Después de una semana al volante, el Leapmotor C10 ha pasado de ser un desconocido más en la oleada de SUV chinos a convertirse en uno de los más coherentes del segmento. No busca impresionar con cifras ni con diseño extravagante, sino convencer por su equilibrio, eficiencia y facilidad de uso. En ciudad se comporta como un eléctrico puro; en carretera ofrece la serenidad de un híbrido bien afinado, y en largos viajes elimina cualquier preocupación por la autonomía. Es un coche lógico, bien ejecutado y con argumentos sólidos para abrirse hueco en el mercado europeo.

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