El Peugeot 5008 lleva tiempo ocupando un lugar particular dentro de la gama de la marca. Nació con enfoque familiar, incluso con pasado de monovolumen, y en esta nueva entrega se reafirma como un SUV grande de siete plazas que no quiere renunciar a una imagen moderna ni a una presentación tecnológica por encima de la media. En el mercado español eso le da una posición bastante concreta: no compite solo por tamaño, también por diseño, por ambiente interior y por esa sensación de coche distinto que Peugeot lleva años trabajando con su i-Cockpit. Esta generación mide 4,79 metros, mantiene de serie la tercera fila y, en la versión Hybrid 145 e-DCS6, apuesta por una fórmula muy actual: electrificación ligera, etiqueta ECO y un planteamiento pensado más para el día a día que para presumir de cifras rotundas.

A simple vista transmite justo eso. No parece un coche torpe ni un siete plazas clásico de líneas pesadas. Tiene presencia, pero no cae en la exageración. El frontal es afilado, con esa firma luminosa de Peugeot que le da mucha identidad, y la carrocería consigue algo difícil en un coche de este tamaño: verse larga sin parecer aparatosa. De perfil se aprecia bien el trabajo de proporciones, con una cintura alta, una superficie acristalada contenida y una zaga bastante vertical, lógica para ganar altura útil en las dos últimas filas. El acabado GT añade ese punto más cuidado en llantas, iluminación y detalles exteriores, así que el coche entra mejor por los ojos que muchas alternativas más racionales del segmento. No da imagen de todoterreno duro ni de SUV campero, sino de familiar grande con ambición de producto casi premium en algunos gestos.

Donde más se nota la personalidad del 5008 es al abrir la puerta. El salpicadero no se parece demasiado al de la mayoría de rivales generalistas. La gran pantalla panorámica de 21 pulgadas, ligeramente curvada y flotante, concentra instrumentación y multimedia en una sola pieza visual, y debajo aparecen los i-Toggles virtuales, que permiten acceder a funciones principales con más rapidez de la que suele ser habitual en este tipo de interfaces. El efecto visual es potente, casi futurista, pero no se queda solo en eso. El ambiente está bastante trabajado, con superficies agradables a la vista, buenos ajustes en las zonas más expuestas y una presentación claramente más elaborada de lo que uno espera en un SUV familiar de volumen. En GT, además, la dotación es más rica, con navegación conectada, reconocimiento de voz natural, ChatGPT integrado, portón eléctrico y faros Pixel LED, entre otros elementos.


La ergonomía sigue siendo muy Peugeot. Eso significa volante pequeño, instrumentación elevada y una postura de conducción distinta a la de otros SUV. A algunos les encaja desde el primer minuto y a otros les pide algo de adaptación, sobre todo para encontrar la posición exacta desde la que ver bien todo el cuadro por encima del aro. En mi caso, después de un rato termina resultando natural. Los asientos delanteros sujetan bien, no cansan y el coche deja esa sensación agradable de haber sido pensado para hacer muchos kilómetros sin castigar. En configuraciones altas puede incorporar incluso asientos con certificación AGR, calefacción, masaje y ajuste del apoyo lateral, algo poco común en su planteamiento. También hay una atención especial al confort ambiental, con sistema Clean Cabin para la gestión de la calidad del aire interior.

En habitabilidad cumple con nota, que al final es lo que se le exige a un coche así. Delante se viaja con espacio de sobra. En la segunda fila hay buena anchura, una cota para piernas convincente y una banqueta que permite una convivencia real de tres ocupantes mejor que en muchos SUV medianos reconvertidos a siete plazas. La tercera fila no es un reclamo vacío: existe, es de serie y puede servir para niños o para adultos de talla contenida en trayectos razonables, aunque no conviene venderla como solución ideal para largas distancias con siete adultos a bordo. El acceso está bien resuelto gracias al sistema Easy Access, que facilita abatir y deslizar la segunda fila. Además, la modularidad ayuda mucho en uso real, con respaldos divididos y múltiples configuraciones. El maletero también es uno de sus argumentos fuertes: en cinco plazas se mueve entre 690 y 748 litros según medición y fuente, mientras que con las siete plazas en uso queda en una cifra ya más propia de compromiso, entre 259 y 348 litros.



En ciudad sorprende más de lo esperado para un coche de casi 4,80 metros. No deja de ser grande, pero la dirección ligera a baja velocidad, las cámaras y sensores y una visibilidad razonable hacen que no intimide demasiado. La ayuda de los sistemas de aparcamiento es importante, especialmente en plazas estrechas, porque la longitud está ahí y la zaga alta no siempre permite calcular con precisión solo con retrovisores. Sobre badenes, juntas y asfaltos rotos, el 5008 ofrece un equilibrio bueno. No es un coche blando ni flotante, pero sí filtra con criterio y transmite más refinamiento que sequedad. En uso urbano el sistema híbrido suave tiene bastante sentido. El conjunto combina un 1.2 turbo de 136 CV con un motor eléctrico de 21 kW integrado en la caja automática de doble embrague de seis marchas, para una potencia combinada de 145 CV. No rueda mucho tiempo como un híbrido pleno, pero sí apaga el térmico a menudo, ayuda en arrancadas y suaviza la circulación entre semáforos. Peugeot habla de posibilidad de circular en eléctrico más del 50 % del tiempo en ciudad en su gama híbrida equivalente, y eso explica que en recorridos urbanos tranquilos el gasto pueda contenerse bastante.

En carretera secundaria y autovía aparece la cara más honesta del coche. No es un SUV pensado para emocionar por prestaciones puras. De hecho, con 145 CV para un tamaño y un uso familiar de este tipo, las cifras son suficientes pero no brillantes: alrededor de 11,3 segundos en el 0 a 100 km/h y 200 km/h de velocidad máxima. Traducido a la vida real, eso significa que responde bien si se conduce con previsión, que el cambio automático colabora en una entrega suave y que no se siente perezoso en conducción normal, pero también que yendo cargado pide algo más de paciencia en adelantamientos o recuperaciones largas. No es un defecto grave, porque el coche tampoco invita a llevarlo con agresividad. Su terreno es otro: viajar cómodo, estable y sin sobresaltos.
A velocidad sostenida deja buena impresión. Tiene aplomo, la pisada es seria y la carrocería no genera sensación de balanceo excesivo. El chasis se percibe rígido, bien asentado y con un punto de agilidad que algunos rivales más aparatosos no tienen. Ahí se nota esa tradición de Peugeot de intentar que incluso sus modelos familiares tengan un tacto un poco más vivo que la media. La dirección no es especialmente comunicativa, pero sí rápida y precisa para lo que se espera. Los frenos cumplen sin sobresaltos y la transición entre frenada regenerativa y convencional está razonablemente bien resuelta para no generar extrañeza en uso normal. En firmes irregulares mantiene el confort sin perder compostura, algo importante en un coche llamado a combinar trayectos diarios, vacaciones y escapadas con toda la familia.

La insonorización está a buen nivel. En ciudad apenas llega rumor mecánico salvo cuando se exige algo más al tres cilindros. En autovía el ruido aerodinámico no molesta y el de rodadura está bastante contenido, aunque con un coche de este tamaño y sección frontal nunca desaparece del todo. Es, en cualquier caso, un coche agradable para viajar. Puedes mantener cruceros legales largos sin terminar cansado ni por asiento, ni por sonoridad, ni por movimientos de carrocería. Y eso, en un SUV familiar, vale más que una respuesta fulgurante al acelerador.
En consumo conviene separar la cifra oficial de la realista. Peugeot homologa entre 5,7 y 5,9 l/100 km para la gama 5008 Hybrid, y otras referencias sitúan al Hybrid 145 en torno a 5,6 l/100 km. En un uso cotidiano razonable, la lectura más sensata es pensar en algo más alto: por las pruebas disponibles y por el tipo de coche, es lógico esperar una media real en el entorno de 6,5 a 7,2 l/100 km si se mezcla ciudad, ronda y autovía, con posibilidad de bajar algo en tráfico urbano fluido y subir si se viaja cargado o se abusa del modo Sport. Con un depósito suficiente y ese consumo, la autonomía para viajar sin obsesiones es buena.

La parte tecnológica está bastante conseguida. La pantalla panorámica no solo llama la atención; también ofrece una lectura clara y una presentación moderna. El navegador con base TomTom está bien integrado y el reconocimiento de voz natural aporta comodidad para no ir buscando menús en marcha. Apple CarPlay y Android Auto sin cables son casi obligatorios a estas alturas y aquí encajan de forma limpia. Los i-Toggles ayudan a acceder a climatización, navegación, audio o teléfono con menos distracción que en otros sistemas. No todo es perfecto, porque requiere un pequeño periodo de adaptación y hay usuarios que preferirán mandos físicos para ciertas funciones, pero el resultado global está claramente por encima de la media generalista en apariencia y posibilidades.

El sistema de sonido, sin convertirse en un argumento central de compra, acompaña bien el planteamiento del coche. Suena limpio, con suficiente cuerpo para viajar con música varias horas sin cansancio, y mantiene un buen equilibrio incluso cuando se sube el volumen. En un coche pensado para trayectos largos con familia, podcasts, llamadas, música y navegador conviviendo durante horas, se agradece que el equipo no suene pobre ni metálico.
En seguridad y ayudas a la conducción el 5008 llega bien armado. Desde la base ya cuenta con frenada automática de emergencia con cámara y radar, mantenimiento activo de carril, reconocimiento ampliado de señales y control de atención del conductor. En los paquetes más completos aparecen visión 360 grados, control de crucero adaptativo con Stop & Go, vigilancia de ángulo muerto de largo alcance, alerta de tráfico trasero cruzado y Drive Assist Plus 2.0 con centrado en carril y cambio semiautomático de carril. En uso real, lo importante es que no da la sensación de coche histérico. Los avisos existen, como en cualquier modelo actual, pero no resultan especialmente invasivos si todo está bien configurado.

La electrificación, en este caso, no cambia radicalmente tus hábitos. Ese es precisamente uno de sus atractivos. No hay que enchufarlo, no obliga a pensar en puntos de carga y permite beneficiarse de una asistencia eléctrica que mejora suavidad y eficiencia sin complicaciones. Es una solución muy lógica para quien quiere etiqueta ECO y menor consumo en ciudad, pero no desea pasar todavía a un híbrido enchufable o a un eléctrico puro. En España, donde muchos compradores familiares aún valoran la sencillez de uso por encima de todo, tiene bastante sentido.

En precio, la referencia oficial para el Peugeot 5008 GT Hybrid 145 e-DCS6 se sitúa en 39.480 euros al contado en la web de la marca, mientras el rango general del modelo arranca algo por debajo en otras versiones. No es una cifra baja, pero tampoco desentona si se pone junto a su tamaño, sus siete plazas de serie, su presentación interior y su carga tecnológica. Frente a rivales como Skoda Kodiaq, Hyundai Santa Fe o Nissan X-Trail, juega sobre todo la baza del diseño y de un habitáculo más original, aunque no tanto la de una motorización especialmente holgada.

Después de convivir con él, la sensación que deja es clara. El Peugeot 5008 GT Hybrid 145 CV no es el SUV de siete plazas más potente ni el más campero, pero sí uno de los más agradables para quien prioriza imagen, tecnología, confort y uso familiar real. Tiene espacio, está bien resuelto por dentro, viaja con calidad y ofrece un sistema híbrido sensato para el día a día. Sus debilidades también están bastante definidas: el motor puede quedarse algo justo cuando se le exige de verdad y la ergonomía Peugeot no enamora a todo el mundo al primer contacto. Aun así, como conjunto resulta coherente. Lo veo especialmente lógico para familias que hacen mucha ciudad, escapadas frecuentes y viajes largos sin necesidad de prestaciones brillantes, pero sí de un coche amplio, diferente y cómodo de verdad.





















