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Opel Zafira 2.0 TD GS: diésel, limpio y versátil

Hay vehículos cuya propuesta se entiende mejor cuando se utilizan de forma intensiva durante varios días en distintos entornos. Ese fue el caso del Opel Zafira 2.0 TD GS, un modelo que ha evolucionado significativamente desde sus inicios como monovolumen tradicional hasta convertirse en una solución moderna para quienes necesitan capacidad, eficiencia y confort con un planteamiento robusto. Lo hemos puesto a prueba en ciudad, carretera secundaria y autovía, acumulando más de 1.400 km de uso mixto en condiciones reales, con distintos niveles de carga y ocupación.

Esta generación del Zafira abandona el formato compacto para adoptar una arquitectura mucho más cercana a un vehículo industrial bien adaptado al uso familiar o profesional. La versión GS que hemos conducido mantiene una estética sobria, funcional, con un diseño vertical y unas proporciones bien resueltas: 4,95 metros de largo, 1,92 de ancho y casi 1,90 de alto. Visualmente es grande, pero sus proporciones están bien compensadas.

El acceso al interior se facilita con dos puertas laterales correderas eléctricas, muy útiles en espacios estrechos. Una vez dentro, el habitáculo transmite sensación de orden y solidez. La calidad de materiales no busca sorprender, pero cumple, y todo está bien ubicado. La posición de conducción es alta, con buena visibilidad y un puesto de mando similar al de un turismo moderno: pantalla central de 10”, instrumentación digital clara y mandos directos. En esta versión GS, el equipamiento de serie es generoso, con conectividad total, climatizador bizona y múltiples asistentes.

El motor 2.0 turbodiésel desarrolla 145 CV con un par de 340 Nm. Está asociado a una caja manual de seis velocidades de recorridos largos, pero precisos. No es una mecánica enfocada al dinamismo, pero sí muy adecuada para mover sin esfuerzo un vehículo de más de 1.700 kilos. La entrega de potencia es progresiva y suficiente en cualquier situación. En autovía mantiene cruceros legales sin exigir al motor, y en tramos más exigentes responde de forma lineal. En carga completa, tampoco acusa falta de empuje.

Durante la prueba, el consumo medio se mantuvo en 6,1 l/100 km, una cifra más que razonable teniendo en cuenta el peso, las condiciones reales y el tipo de uso. En entorno urbano superó puntualmente los 7 litros, pero en carretera abierta bajó con facilidad de los 6. Uno de los aspectos más interesantes es que este propulsor, homologado bajo la normativa Euro 6d, ofrece un nivel de emisiones sorprendentemente bajo. En condiciones reales, los niveles de NOx y partículas están por debajo de muchos gasolina modernos, e incluso de híbridos convencionales, gracias al tratamiento de gases con AdBlue y catalizadores SCR. Para quien realiza muchos kilómetros o trabaja con vehículos de transporte, esta eficiencia real convierte al diésel en una opción más limpia de lo que muchos creen.

En cuanto al comportamiento dinámico, el Opel Zafira GS ofrece una marcha estable y confortable. La dirección es suave en ciudad y suficientemente firme en carretera. La suspensión tiene un ajuste claramente enfocado al confort, con buen filtrado en tramos irregulares, sin balanceos excesivos pese a la altura. En curvas amplias se comporta con nobleza, y en zonas más reviradas no resulta torpe, aunque es evidente que su enfoque no es deportivo.

La habitabilidad es una de sus mayores virtudes. Con configuración de siete plazas (2+3+2), todos los asientos traseros son individuales, deslizantes y extraíbles. Esto permite modular el espacio según necesidades: transportar personas o carga. Con cinco plazas operativas, el maletero ofrece más de 1.000 litros, y desmontando la tercera fila, se puede alcanzar una capacidad superior a los 2.000 litros. Las formas son regulares y hay numerosos anclajes y huecos que facilitan la organización del espacio.

En ciudad, el tamaño no es un impedimento grave. La dirección asistida, la cámara trasera y los sensores de aparcamiento permiten maniobrar con agilidad. La visibilidad es buena en general, aunque en retroceso es imprescindible la asistencia electrónica. La altura puede ser un problema en algunos garajes subterráneos, pero en el uso diario se comporta con soltura.

A nivel de confort, el aislamiento acústico es adecuado, los asientos delanteros ofrecen buen apoyo lumbar y el sistema de climatización funciona con rapidez. La consola central cuenta con huecos bien pensados y un compartimento refrigerado. Las plazas traseras también disponen de tomas USB, salidas de ventilación y bandejas prácticas.

La seguridad es otro punto bien cubierto. De serie, el Zafira 2.0 TD GS incluye control de crucero con limitador, alerta de colisión frontal con frenado automático, asistente de mantenimiento de carril, reconocimiento de señales, detector de fatiga, seis airbags y control de tracción optimizado. Son asistentes que trabajan de forma efectiva, sin resultar intrusivos, y aportan valor tanto en desplazamientos urbanos como en viajes de larga distancia.

El sistema multimedia es moderno y funcional. La pantalla responde bien, la conectividad inalámbrica es rápida y el menú está bien organizado. La navegación integrada es clara, aunque muchos usuarios optarán por utilizar las apps del smartphone. El sistema también incluye llamada de emergencia, control por voz y actualizaciones remotas.

El precio del Opel Zafira 2.0 TD GS parte de unos 41.000 €, aunque con promociones y financiación se puede reducir a unos 36.000 €. En ese rango, compite con modelos como el Peugeot Traveller, el Citroën SpaceTourer o el Toyota Proace Verso. Frente a ellos, el Zafira destaca por una conducción más parecida a la de un turismo, un enfoque más racional y un planteamiento menos industrial.

Después de más de 1.400 kilómetros de uso continuado, el Opel Zafira 2.0 TD GS se posiciona como una opción muy sólida para quienes buscan espacio, eficiencia y confort sin entrar en el terreno de los SUV. Su motor diésel moderno ofrece emisiones contenidas, su modularidad es excelente y su comportamiento general convence por equilibrio y sentido práctico. Es un vehículo que cumple con solvencia tanto para uso profesional como para quienes valoran el espacio por encima de la estética. Una herramienta bien pensada para la movilidad real.

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