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Lexus LC 500 Cabrio: lujo artesanal y motor atmosférico

No hay muchos coches como el Lexus LC 500 Cabrio. En una época dominada por híbridos, electrificación forzada y sonido artificial, este descapotable japonés representa una rareza emocional. Con un diseño que sigue girando cabezas tres años después de su lanzamiento, un motor V8 atmosférico sin complejos y una construcción que rebosa artesanía, el LC 500 Cabrio es un coche para saborear cada kilómetro. Lo hemos conducido por ciudad, por autovías y por las reviradas carreteras de la Sierra Norte de Madrid. El resultado: una experiencia que mezcla elegancia, carácter y tecnología, pero sin concesiones a lo superficial.

El LC nació como coupé en 2017, derivado directamente del espectacular prototipo LF-LC. La versión cabrio llegó en 2020, sin perder un ápice de su espectacularidad visual. Con 4,77 metros de largo, 1,92 de ancho y apenas 1,35 de alto, sus proporciones son de deportivo clásico: largo capó, cintura baja y una parte trasera musculosa que alberga la capota de lona, perfectamente integrada cuando está cerrada. Con ella recogida, el LC Cabrio conserva una silueta limpia, fluida, que se siente más inspirada en un concept car que en un coche de producción.

La prueba comenzó en el centro de Madrid, donde lo primero que se aprecia es que no está diseñado para pasar desapercibido. La gente se gira, se hacen fotos y hasta se escuchan exclamaciones cuando se arranca su V8 atmosférico de 5.0 litros, que cobra vida con un rugido que es más orquesta que motor. Desarrolla 464 CV a 7.100 rpm y 530 Nm de par a 4.800 rpm, con una respuesta progresiva, lineal y adictiva que sólo los motores atmosféricos saben ofrecer.

Circulando por ciudad, el LC sorprende por su docilidad. El cambio automático de 10 relaciones gestiona suavemente las transiciones y la dirección, a pesar de no ser excesivamente directa, facilita las maniobras. No es pequeño ni maniobrable como un compacto, pero se defiende con dignidad. El sistema de suspensión adaptativa hace un trabajo excelente para filtrar baches y juntas de dilatación sin perder firmeza. Eso sí, no hay que olvidar que llevamos llantas de 21 pulgadas con neumáticos de perfil bajo.

Una vez abandonamos la ciudad y salimos por la A-1 en dirección a la Sierra Norte, el LC 500 Cabrio empieza a mostrarse en todo su esplendor. En autopista se percibe como un gran turismo de altos vuelos: aplomo, silencio, confort y un sistema de sonido Mark Levinson que podría sustituir al de tu salón. La capota de lona, de cuatro capas, aísla muy bien y permite mantener conversaciones normales incluso a 120 km/h. Y si el tiempo lo permite, basta con pulsar un botón para que se repliegue en 15 segundos y se transforme en una escultura rodante al aire libre.

En las curvas de la sierra, con el modo Sport+ activado y la caja reduciendo con firmeza, la experiencia cambia. El V8 ruge con más presencia, y aunque el LC no busca ser un coche de circuito, su chasis se siente equilibrado. Pesa 2.035 kg, pero la repartición de masas es excelente y las reacciones, predecibles. No hay sobrevirajes bruscos ni subvirajes exagerados: simplemente un coche grande, potente y noble, que permite disfrutar de la conducción sin exigir nervios de acero. El sonido acompaña, sin filtros ni falsedades: es real, mecánico, metálico.

El consumo, como era de esperar, no es su punto fuerte, pero tampoco resulta escandaloso si se dosifica el gas. La media durante nuestra prueba fue de 11,2 l/100 km, bajando incluso a 9,5 en trayectos constantes. En zonas más exigentes, como los ascensos al puerto de Canencia, las cifras se disparan, pero es parte del peaje por disfrutar de un V8 atmosférico sin hibridación, sin turbos ni baterías.

Dentro, el LC es una declaración de intenciones. Todo está construido con mimo. El salpicadero combina cuero cosido a mano, inserciones de aluminio y controles táctiles o físicos según convenga. La pantalla de 12,3 pulgadas ofrece información clara y ahora es compatible con Apple CarPlay y Android Auto. El selector táctil puede resultar algo anticuado, pero tras unos minutos de uso se domina. El cuadro de instrumentos digital recuerda al del LFA y cambia según el modo de conducción.

Los asientos, forrados en piel semi-anilina, son cómodos y sujetan bien incluso en curvas fuertes. La postura de conducción es baja, con el volante cerca del pecho y las piernas estiradas, como en un deportivo clásico. Las plazas traseras, como era previsible, son testimoniales. El maletero ofrece apenas 149 litros, suficientes para una escapada de fin de semana si se viaja ligero.

En seguridad, el Lexus LC Cabrio está a la altura de su precio: control de crucero adaptativo, alerta de cambio involuntario de carril con asistencia activa, frenada automática de emergencia, reconocimiento de señales, monitor de ángulo muerto y sensores por doquier. Todo ello se combina con una sensación de solidez estructural muy superior a la de otros cabrios tradicionales.

El precio del Lexus LC 500 Cabrio en España parte desde los 155.000 euros. Es una cifra elevada, pero justificada si se entiende lo que representa: un deportivo de lujo artesanal, con un motor que ya no volverá a producirse, sin electrificación ni ayudas artificiales, y que ofrece una experiencia de conducción pura, elegante y emocional. Un coche para disfrutar sin prisas, para guardar en garaje como un clásico desde el primer día.

Es fácil caer en la tentación de compararlo con opciones más radicales, pero ese no es su terreno. El LC 500 Cabrio no busca tiempos por vuelta, busca dejar huella. Y lo consigue con cada detalle, cada cosido a mano y cada nota de escape. Una pieza única, japonesa en su filosofía y universal en su capacidad de emocionar.

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