El XC60 es uno de esos modelos que no necesitan reinventarse para seguir siendo relevantes. Desde su llegada al mercado se ha consolidado como una de las opciones más equilibradas dentro del segmento SUV premium medio, y en esta generación sigue manteniendo ese enfoque racional que prioriza el uso real frente al impacto inmediato. La versión B5 de gasolina con tecnología mild hybrid representa bien esa filosofía, ofreciendo potencia suficiente, etiqueta ECO y una conducción que encaja con el día a día. La prueba se desarrolló durante una semana completa, combinando desplazamientos urbanos en Madrid, recorridos habituales por autovía y una escapada por carreteras secundarias de la sierra, con frío matinal, tráfico irregular y asfaltos de todo tipo.

El primer contacto visual con el XC60 transmite una sensación de producto sólido y bien resuelto. El diseño exterior no busca sorprender, pero sigue resultando actual. El frontal con la firma luminosa en forma de martillo, la parrilla de líneas limpias y una zaga bien integrada refuerzan esa imagen de SUV elegante sin estridencias. En conjunto, es un coche que transmite serenidad, algo que encaja perfectamente con su planteamiento general.
Al acceder al interior, la sensación es de orden y coherencia. Todo está donde se espera, sin soluciones complicadas ni elementos superfluos. Los materiales transmiten buena calidad desde el primer momento, con ajustes precisos y superficies agradables al tacto en las zonas más visibles. Los asientos delanteros son uno de los grandes aciertos del modelo. Cómodos desde el primer minuto, permiten mantener una postura relajada incluso tras varias horas al volante, con un apoyo lumbar eficaz y un mullido bien equilibrado.

En ciudad, el XC60 B5 se mueve con más facilidad de la que su tamaño sugiere. Con algo más de 4,7 metros de longitud, no es un SUV compacto, pero la buena visibilidad, los sensores perimetrales y la cámara trasera facilitan las maniobras. La dirección es suave a baja velocidad y el conjunto transmite una sensación de control constante. El sistema mild hybrid suaviza los arranques y las transiciones del cambio automático de ocho marchas, que actúa con progresividad y sin brusquedades, algo especialmente apreciable en tráfico denso.

El consumo urbano real durante la semana se situó en torno a los 8,5 litros a los 100 kilómetros, una cifra coherente para un SUV de su tamaño y potencia en condiciones reales. El sistema de parada y arranque funciona con discreción y contribuye a reducir pequeñas décimas en recorridos urbanos, sin resultar molesto ni intrusivo.
Al salir a autovía, el XC60 demuestra su mejor faceta como coche viajero. El motor B5, con una potencia cercana a los 250 CV, ofrece una entrega progresiva y bien dosificada. No hay una respuesta brusca, sino una aceleración constante que permite incorporaciones y adelantamientos con total seguridad. El 0 a 100 km/h ronda los siete segundos y la velocidad máxima está limitada electrónicamente, cifras que encajan con su planteamiento equilibrado. A ritmo legal, el aislamiento acústico es notable y la sensación de rodadura es de coche asentado y estable.

En trayectos largos por autovía, el consumo se estabilizó alrededor de los 7,5 litros, permitiendo autonomías reales cercanas a los 750 kilómetros. La suspensión filtra bien juntas de dilatación y asfaltos irregulares, manteniendo un buen compromiso entre confort y control de la carrocería. No es un SUV deportivo, pero transmite confianza y aplomo incluso a ritmo elevado.
Las carreteras secundarias permiten apreciar mejor el trabajo del chasis. El XC60 no invita a una conducción agresiva, pero sorprende por su estabilidad en apoyos rápidos y por la sensación de coche bien plantado sobre el asfalto. La tracción total AWD de la unidad probada aporta un plus de seguridad en firmes fríos o ligeramente deslizantes. La dirección, sin ser especialmente comunicativa, es precisa y coherente con el enfoque del vehículo, mientras que las suspensiones controlan bien los movimientos de la carrocería sin sacrificar comodidad.


La frenada acompaña al conjunto con un tacto de pedal progresivo y fácil de dosificar. En uso urbano resulta suave, y cuando se exige más en carretera responde con solvencia. En descensos prolongados no se apreciaron signos de fatiga, y el sistema de recuperación de energía del mild hybrid actúa de forma imperceptible, sin interferir en la respuesta del freno, algo que refuerza la sensación de seguridad.

El sistema multimedia es uno de los elementos que más influyen en la experiencia diaria. La pantalla central vertical, basada en Android Automotive, integra los servicios de Google de forma nativa. La navegación es rápida y precisa, con información de tráfico en tiempo real bien integrada. La respuesta táctil es inmediata y el sistema se muestra estable incluso tras varios días de uso continuo. Apple CarPlay funciona de manera inalámbrica, mientras que la conectividad general resulta sólida, sin cortes ni fallos durante la prueba.

El cuadro de instrumentos digital complementa bien a la pantalla central, mostrando la información necesaria de forma clara y sin sobrecargar al conductor. En conducción nocturna, la iluminación es suave y contribuye a una atmósfera relajada. El sistema de sonido Harman Kardon de la unidad probada ofrece una calidad equilibrada, con buena definición de voces y graves contenidos. No busca un efecto espectacular, pero sí una reproducción limpia que acompaña bien en viajes largos, reforzada por el buen aislamiento acústico del habitáculo.



Las plazas traseras ofrecen espacio suficiente para dos adultos viajar cómodos. El acceso es correcto, la altura al techo generosa y el respaldo mantiene un ángulo adecuado para trayectos largos. El maletero, con una capacidad cercana a los 468 litros, cumple con lo esperado en el segmento. Con los asientos abatidos se supera ampliamente los 1.300 litros, facilitando el transporte de objetos voluminosos en el uso diario.


En seguridad, el XC60 mantiene el enfoque clásico de la marca, apostando por asistentes eficaces más que por soluciones llamativas. El sistema de frenado automático de emergencia actúa con anticipación cuando detecta un riesgo real, mientras que el control de crucero adaptativo gestiona bien las distancias incluso en tráfico denso. El asistente de mantenimiento de carril corrige con suavidad y sin falsas alertas, lo que invita a mantener estos sistemas activos sin sensación de intrusión.

Al tratarse de un mild hybrid, no hay experiencia de carga ni cambios de hábitos. El sistema recupera energía en deceleraciones y apoya al motor térmico en momentos puntuales, simplificando la convivencia diaria. Es una solución especialmente interesante para quienes quieren electrificación ligera sin depender de enchufes.
En el mercado español, el XC60 B5 parte de un precio que ronda los 55.000 euros, dependiendo del acabado y del equipamiento elegido. Durante el periodo de prueba existían promociones que reducían de forma apreciable esa cifra, mejorando su posicionamiento frente a rivales directos. No es un coche barato, pero la sensación general es de producto bien construido, equilibrado y coherente con su precio.

Tras una semana de uso real, el XC60 B5 confirma su planteamiento. No busca destacar en un apartado concreto, pero tampoco presenta carencias claras. Es cómodo, seguro, fácil de conducir y suficientemente potente para cualquier situación cotidiana. Como aspectos mejorables, se podría pedir un consumo algo más ajustado en ciudad y una mayor presencia de mandos físicos para ciertas funciones. A cambio, ofrece una calidad de rodadura elevada y una sensación de producto maduro, pensado para convivir con él a diario. Un SUV premium que apuesta por el equilibrio y, precisamente por eso, sigue teniendo mucho sentido en el mercado actual.





















