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El Mercedes 300 SL que venció a los Bugatti en Marbella

El Concurso de Elegancia Costa del Sol 2026 ha convertido Marbella durante cuatro días en un punto de encuentro poco habitual incluso para el calendario europeo de grandes coleccionistas. La cita reunió prototipos, coches únicos y deportivos de producción muy limitada, pero el premio principal no fue para el modelo más nuevo ni para el más potente: el Best of Show terminó en manos de un Mercedes-Benz 300 SL Roadster.

El ejemplar alemán también ganó la categoría de posguerra. Fabricado entre 1957 y 1963, el 300 SL Roadster nació como evolución abierta del célebre «alas de gaviota» y mantuvo su seis cilindros de tres litros con inyección directa y 215 CV. Mercedes produjo 1.858 unidades del descapotable, una cifra pequeña que ho

y explica buena parte de su cotización. Su elección tuvo especial peso en una exposición dominada por máquinas modernas de cifras descomunales. El jurado valoró diseño, historia, ingeniería, singularidad y estado de conservación, no una simple comparación de prestaciones.

Bugatti llevó el mayor despliegue. En Marbella coincidieron el Tourbillon, el F.K.P. Hommage, el Veyron La Finale y ocho prototipos de desarrollo. El Tourbillon participó por primera vez de forma activa en un encuentro de este tipo, con recorrido por carretera y vueltas en circuito. Su sistema híbrido combina un V16 atmosférico de 8,3 litros con tres motores eléctricos para entregar 1.800 CV. La batería de 25 kWh permite alrededor de 60 kilómetros de conducción eléctrica, aunque el coche todavía no dispone de homologación definitiva de consumo y emisiones.

A su lado estaba el F.K.P. Hommage, una pieza única creada para recordar al Veyron y a Ferdinand Karl Piëch. Usa la evolución de 1.600 CV del motor W16 de cuatro turbos que estrenó el Chiron Super Sport, pero recupera las proporciones y buena parte del lenguaje visual del primer Veyron. Es el segundo trabajo del Programme Solitaire de Bugatti, un servicio que limita su producción a un máximo de dos encargos especiales al año. Su aparición en la Costa del Sol fue la primera dentro de un concurso de elegancia.

La lista iba mucho más allá de Bugatti. El Koenigsegg Jesko obtuvo el premio al mejor hypercar, mientras que un Veyron 16.4 fue elegido mejor superdeportivo clásico. El apartado de competición recayó en el Ferrari 250 S con carrocería Vignale, un coche ligado a la Mille Miglia. El Hispano Suiza Alfonso XIII ganó entre los automóviles anteriores a la Segunda Guerra Mundial y el Totem GT se impuso en la categoría reservada a creaciones fuera de serie.

También se exhibieron el Lamborghini Aventador J, el Morgan Midsummer, el Zagato Twintail, un Spyker C8 Aileron y el primer McLaren P1 fabricado. La familia Piëch aportó además su Porsche Le Mans Tribute Collection, formada por unidades desarrolladas mediante Sonderwunsch, el programa de personalización y encargos especiales de Porsche. La mezcla permitió ver en un mismo espacio coches históricos, series muy cortas y reinterpretaciones modernas que normalmente permanecen en colecciones privadas.

El programa no se limitó a coches inmóviles sobre una alfombra. Después de la exposición en Higuerón Marbella Golf Resort, varios participantes rodaron en Ascari Race Resort, en Ronda. Allí el jurado pudo observar su funcionamiento, su comportamiento y el estado mecánico. La siguiente etapa llevó el convoy hasta el Aeropuerto de Gibraltar, cuya pista se reservó para pasadas individuales sobre una recta de 1,5 kilómetros. Esa parte dinámica separa esta cita de muchos concursos tradicionales, centrados casi por completo en la presentación estática.

El tribunal estuvo formado por 24 especialistas vinculados al diseño, la restauración, los museos y los grandes certámenes internacionales. Entre ellos figuraron Fabrizio Giugiaro, el responsable de Ferrari Classiche Gabriele Lalli y antiguos cargos del Petersen Automotive Museum. La entrega de premios se celebró el 4 de octubre en Marbella, tras las jornadas iniciadas el día 1.

No fue un salón abierto al público ni una exposición comercial convencional. El acceso estuvo reservado a propietarios, coleccionistas e invitados, un formato que explica tanto la calidad de las unidades reunidas como su escasa visibilidad fuera del recinto. Al final, entre motores de 1.600 y 1.800 CV, prototipos y carrocerías irrepetibles, ganó un roadster de hace casi siete décadas. El Mercedes 300 SL no necesitó ser el coche más rápido de Marbella para salir de allí con el premio mayor.

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