Hay coches que no necesitan presentación, y aun así Citroën ha esperado al Salón de París para enseñar el suyo con todo el ceremonial posible. El Citroën 2 CV Concept es la respuesta de la marca a una pregunta que llevaba décadas flotando en el aire: cómo sería un dos caballos pensado para hoy. La contestación es un pequeño eléctrico de 3,76 metros, con un objetivo de peso cercano a la tonelada y un precio de partida que Citroën sitúa en torno a los 15.000 euros cuando llegue la versión de producción, prevista para 2028.
Conviene empezar por lo que todavía no sabemos, porque es mucho y es importante. La marca no ha dado cifras de batería, potencia ni autonomía. Solo ha explicado la lógica: si el coche pesa poco, puede llevar una batería más pequeña y más barata, dimensionada para el uso diario y no para cruzar Europa de un tirón. Es la misma filosofía que convirtió al original en un fenómeno, llevada al terreno de los kilovatios hora.
El nuevo 2 CV se colocará entre el Ami y el C3 en la gama de Citroën, y está concebido para encajar en la futura normativa europea de los llamados E-Car, la categoría con la que Bruselas quiere abrir la puerta a eléctricos pequeños y asequibles fabricados en el continente. Citroën confirma que se producirá en Europa, aunque no ha dicho en qué planta.

Por fuera, el ejercicio de diseño es más fino de lo que parece a primera vista. Los faros redondos se separan de la carrocería, como en el modelo de 1948, pero ahora con firma luminosa LED. El parabrisas es casi vertical y deja los limpiaparabrisas a la vista, el techo se curva y las aletas se redondean sobre unos flancos tensos. Las llantas de chapa de 18 pulgadas imitan las del dos caballos y montan neumáticos Michelin con un dibujo exclusivo de chevrones. Detrás, el portón negro baja hasta el paragolpes y luce tres franjas horizontales que cualquier aficionado reconocerá al instante.
Hay una decisión práctica que merece atención. Las superficies son planas y los paragolpes van separados de la carrocería, de modo que se pueden sustituir por piezas sueltas. Eso abarata la fabricación y, sobre todo, las reparaciones, un detalle que dice más del enfoque del proyecto que cualquier eslogan.
El interior es donde Citroën se ha permitido más licencias. No hay salpicadero convencional. Un cilindro sostiene un volante de un solo radio, una única palanca de mando y un selector con levas. La información llega mediante el sistema Citroën Smart Vision y una pantalla táctil cuadrada de 8 pulgadas con gráficos de estética de cómic. En lugar de consola central hay una cesta extraíble, las manillas interiores son correas de tela y la radio, bautizada Radioën, se desmonta y funciona como altavoz fuera del coche. El asiento delantero se desplaza hacia fuera para facilitar el acceso y el techo es de lona, otro guiño evidente.

Los guiños, de hecho, están por todas partes. El claxon y el sonido de encendido recuerdan al original. En el parabrisas aparecen las cifras 48, 90 y 26, que corresponden al lanzamiento del modelo, al final de su producción y al año de este prototipo. El pedal del freno lleva dibujada una tortuga y el del acelerador, un conejo. Y los bolsillos de las puertas tienen el tamaño justo para llevar huevos, en alusión a la famosa exigencia de cruzar un campo arado sin romper ninguno. La matrícula, por su parte, reúne los apodos que el coche recibió en distintos países.
El color exterior se llama Infra Red, una base naranja con reflejos amarillos y rojos, y la tapicería es un tartán amarillo. Las fibras que recubren suelo, salpicadero y puertas imitan la cestería y el mimbre, y la cesta central está impresa en 3D con madera y plástico de origen biológico.
Xavier Chardon, director general de Citroën, insiste en que la idea no es copiar: reinventar el 2 CV, dice, consiste en recuperar lo que lo hizo único, no en replicar un coche del pasado. El prototipo, al menos, la respalda. Junto a él, la marca ha expuesto también el 2 CV Fourgonnette Concept, que rescata la silueta de la célebre furgoneta, y el propio presidente francés, Emmanuel Macron, pasó por el expositor.
Ahora llega lo difícil. Un precio de 15.000 euros para un eléctrico fabricado en Europa es un objetivo ambicioso, y entre un prototipo de salón y un coche en el concesionario suelen perderse por el camino detalles y algún que otro euro. Si Citroën logra mantener la esencia, la ligereza y esa tarifa, el 2 CV Concept tiene la rara virtud de ser algo más que nostalgia: puede ser el coche sencillo que muchos conductores llevan años pidiendo sin encontrarlo.















