Cinco minutos. Es lo que tarda el BYD Atto 8 en pasar del 10 al 70 % de batería en uno de los cargadores propios de la marca, y es la cifra con la que el fabricante chino quiere desmontar el argumento que más frena la compra de un coche eléctrico grande. El nuevo SUV de siete plazas, presentado en el Salón de París, será el modelo más alto de la gama BYD en Europa y empezará a venderse en los concesionarios del continente durante el primer trimestre de 2027.
Las dimensiones lo sitúan en un terreno reservado hasta hace poco a marcas premium: 5,04 metros de largo, prácticamente dos de ancho y 1,76 de alto. Por tamaño, juega en la liga de los grandes SUV de tres filas, y BYD lo coloca por encima de los Atto 2, Atto 3, Sealion 5 y Seal U que ya vende en Europa.
La gran novedad está en la batería y en la forma de llenarla. El Atto 8 utiliza la segunda generación de la Blade Battery, la batería de celdas en forma de lámina que BYD fabrica en sus propias instalaciones, con una capacidad de 115 kWh. Con la tecnología que la marca denomina FLASH Charging, la recarga del 10 al 97 % se completa en nueve minutos, y aun con 30 grados bajo cero el paso del 20 al 97 % requiere doce minutos, según los datos oficiales. Son tiempos que se parecen mucho más a una parada para repostar que a lo que hoy supone cargar un eléctrico de este tamaño.

Hay, eso sí, una condición importante. Esas cifras solo son posibles en las estaciones de carga desarrolladas por la propia BYD, y su red europea todavía está en pleno despliegue. La marca habla de 3.000 puntos FLASH Charging repartidos por Europa a finales de 2027. Hasta que esa red exista y se sepa cuántos de ellos estarán en España, la ventaja real para el conductor dependerá de dónde viva y de qué rutas haga.
Stella Li, vicepresidenta ejecutiva de BYD, defendió en París que la idea es recargar tan rápido como se llena un depósito y acabar con la ansiedad por la autonomía. Es el mensaje que BYD lleva tiempo repitiendo, y en el Atto 8 encuentra por fin un coche en el que ese argumento pesa de verdad, porque en un SUV familiar de más de cinco metros los viajes largos no son una excepción.
La gama tendrá dos versiones. La Design, de tracción trasera, monta un único motor con 462 CV y 365 Nm, acelera de 0 a 100 km/h en 8 segundos y homologa hasta 653 kilómetros de autonomía en ciclo WLTP. Llama la atención que una potencia tan alta se traduzca en una aceleración tan contenida, algo que apunta a un peso considerable y a un enfoque claramente orientado a la eficiencia y al confort. La Excellence, con dos motores y tracción total, sube a 775 CV y 775 Nm, rebaja el 0 a 100 km/h a 4,6 segundos y se queda en 602 kilómetros de autonomía.
Como cualquier eléctrico puro, llevará la etiqueta Cero de la DGT, con las ventajas de circulación y aparcamiento que eso supone en muchas ciudades españolas.
El espacio es otro de sus argumentos. Con las tres filas de asientos en uso quedan 270 litros de maletero, una cifra razonable para un siete plazas, y con la segunda y tercera filas abatidas el volumen llega a 1.960 litros. Bajo el capó delantero hay otro hueco de 136 litros, útil para guardar los cables de carga sin ocupar el maletero.

Por dentro, BYD apuesta por la tecnología a la vista: un techo panorámico de cristal de 2,39 metros cuadrados, una pantalla central táctil de 15,6 pulgadas con servicios de Google integrados, una instrumentación digital de 10,25 pulgadas y un head-up display que proyecta la información en un área de 26 pulgadas. Las tres filas tienen asientos tapizados en piel, aunque habrá que sentarse en la última para saber si sirve para adultos o solo para niños.
BYD no ha comunicado todavía precios. Ese será el dato decisivo, porque los SUV eléctricos de siete plazas siguen siendo caros y la marca ha demostrado en otros modelos que sabe jugar con el precio para ganar cuota.
El salón parisino también sirvió para mostrar la pick-up BYD Shark en su versión híbrida enchufable para Europa, con 436 CV, hasta 90 kilómetros de autonomía eléctrica y llegada prevista a España a finales de 2026. Pero el protagonista era el Atto 8. Si la red de carga avanza al ritmo prometido, puede convertirse en el coche que demuestre que un eléctrico grande también sirve para viajar sin planificar cada parada.













