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Alpine A310 Vision: el mito de los 70 vuelve en eléctrico

Alpine ha aprovechado el Salón de París para recuperar uno de sus nombres más queridos. El Alpine A310 Vision, que la marca había mantenido en secreto con el código PS1, o Proyecto Especial 1, es un prototipo de diseño que reinterpreta el coupé de 1971 con las herramientas y el lenguaje de hoy. Alpine deja claro que no anticipa un coche de serie. Aun así, es la primera muestra pública de lo que permite la plataforma APP, la base sobre la que la firma francesa construirá sus próximos deportivos eléctricos.

La fecha tiene su lógica. El A310 de cuatro cilindros cumple 55 años y el V6, medio siglo. Aquel modelo debutó en Ginebra con un encargo nada sencillo, dar continuidad a la Berlinette, y acabó siendo el gran turismo más ambicioso de Alpine entre los setenta y los primeros ochenta. Empezó con un 1.6 de unos 125 CV y en 1976 recibió el V6 PRV de 2,7 litros y 150 CV, la versión que de verdad triunfó: de las algo más de 11.600 unidades fabricadas hasta 1984, más de 9.200 llevaban el seis cilindros. En su momento apuntaba sin complejos al terreno del Porsche 911.

El concept, que Pierre Gasly descubrió en la jornada inaugural del salón, no intenta calcar aquella cuña. Los diseñadores trabajaron con un A310 original aparcado en mitad del estudio, como modelo del que sacar lo esencial. El resultado es un coche muy bajo y muy ancho: 4,55 metros de largo, solo 1,18 de alto y 2,03 de ancho en la zaga, con 2,45 metros entre ejes. Un 911 actual mide más de diez centímetros más de altura.

La carrocería de aluminio contrasta con una parte inferior negra de formas orgánicas que Alpine relaciona con la Fórmula 1. Las llantas, de dibujo triangular en forma de A, recuerdan a las llantas macizas de las primeras unidades. El conjunto mezcla la limpieza de los A310 de cuatro cilindros con las aletas ensanchadas de los V6. Destacan los faros ocultos en un pliegue del frontal, que se despliegan hacia abajo al arrancar, el conducto tipo S-duct del capó y la lama central llamada Y zero, que recorre el coche de punta a punta y lleva la mirada hacia la trasera. El alerón está dividido en dos piezas con una transparencia que evoca el hielo, y los pilotos en forma de lama también generan carga aerodinámica.

Por dentro, Alpine apenas deja ver el habitáculo a través de una cúpula semitransparente. Se distinguen asientos de formas orgánicas, piezas en colores vivos al estilo color block y mandos físicos inspirados en los equipos de alta fidelidad. Es un guiño oportuno ahora que media industria vuelve a los botones que había cambiado por pantallas.

Lo que de verdad importa del A310 Vision está debajo de la carrocería. La plataforma APP, siglas de Alpine Performance Platform, es una arquitectura eléctrica de aluminio pensada para 800 voltios. Es lo bastante modular para admitir distintas carrocerías, configuraciones de motores y tamaños de batería. En este prototipo, los módulos de la batería se reparten alrededor del habitáculo para bajar la altura del coche y equilibrar el peso. La marca no ha dado cifras de potencia, capacidad ni autonomía.

El primer modelo de producción con esta base será el nuevo A110, que pasará a ser totalmente eléctrico y se seguirá fabricando en Dieppe. Alpine habla de más de 500 CV si el desarrollo cumple lo previsto, y de un sistema de reparto activo del par capaz de ajustar la fuerza entre las ruedas cada diez milisegundos. La mula A110 Future, que subió la rampa de Goodwood en julio, usa una batería de unos 71 kWh. El objetivo de peso para el coche de calle ronda los 1.400 kilos, algo muy ambicioso para un eléctrico de ese nivel. En París solo se expone una escultura que anticipa su silueta, y su llegada a los concesionarios está prevista para 2027. Por ahora no hay precios para España.

Sobre el futuro del A310 como modelo, conviene no hacerse ilusiones. Alpine insiste en que el Vision es una exploración creativa y no el adelanto de un modelo comercial. La marca sí trabaja en un 2+2 sobre la APP, que estaría por encima del A110 en tamaño y precio, aunque todo apunta a que no llevará este nombre.

Lo que sí deja el prototipo es una declaración de intenciones bastante clara. Alpine no quiere que sus deportivos eléctricos se parezcan a los de nadie, y ha buscado esa identidad en su propia historia antes que en la moda del momento. Si el A110 que llegará en 2027 conserva aunque sea parte de esa personalidad, la apuesta habrá merecido la pena.

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