El Bugatti Tourbillon se pone a prueba en el calor de Sevilla

El Bugatti Tourbillon, el híbrido V16 de 1.800 CV, ha completado sus pruebas de calor en un circuito de Sevilla y en carreteras andaluzas a 45 grados.
Bugatti Tourbillon en pruebas de calor en Sevilla

Cuarenta y cinco grados en el termómetro y un coche de 1.800 CV cubierto de sensores. El sur de España se ha convertido en el último banco de pruebas del Bugatti Tourbillon, el sucesor del Chiron, que ha pasado varios días en un circuito de Sevilla y después ha salido a carreteras abiertas andaluzas para demostrar que su complejísima mecánica soporta el calor extremo sin perder la compostura.

No es una visita turística. Los ingenieros de Bugatti Rimac buscaban aquí unas condiciones concretas, temperaturas que superan con facilidad los 40 grados y que en carretera llegaron a rondar los 45, para validar tres aspectos muy concretos: el rendimiento de la climatización del habitáculo, la temperatura de los componentes críticos y el comportamiento del conjunto del sistema de refrigeración. En un coche que combina un motor de combustión enorme con tres motores eléctricos y una batería de alto voltaje, gestionar el calor es casi tan importante como generar potencia.

Para medirlo todo, el prototipo lleva instalados más de 200 termopares repartidos por la carrocería, el habitáculo y la mecánica. Los datos se leen en tiempo real y se comparan al momento con las simulaciones informáticas realizadas durante el desarrollo. Daniel Ríos Hidalgo, ingeniero de desarrollo del vehículo en Bugatti Rimac, lo explica de forma sencilla: lo que se hace en la pista es comprobar que lo que se vio en las simulaciones ocurre de verdad. Según la marca, los datos necesarios se han recogido y los sistemas evaluados han quedado validados.

Prototipo del Bugatti Tourbillon en el circuito de Sevilla
El prototipo del Tourbillon rodó varios días en un circuito sevillano. Foto: Bugatti

El detalle del confort no es menor. Paolo Magrone, piloto de desarrollo, recuerda que cuando la temperatura dentro del coche se dispara resulta muy difícil conducir con precisión. Y un Bugatti, por muy radical que sea, tiene que ser capaz de circular por una autopista en pleno agosto con la misma comodidad que un buen gran turismo. Ríos Hidalgo insiste en esa idea: los clientes viven en lugares con climas muy distintos y el coche debe funcionar bien en todos ellos.

Las unidades que han rodado en Andalucía son prototipos de validación, más evolucionados que los primeros vehículos experimentales y más próximos al coche definitivo. El programa de clima extremo ya había pasado por Dubái hace unos quince meses, con un prototipo anterior y más de 50 grados de temperatura, y por Arjeplog, en el norte de Suecia, donde el Tourbillon se enfrentó a 30 grados bajo cero. En el frío, el trabajo se centró en la dinámica con poca adherencia, la frenada, los sistemas de estabilidad y el funcionamiento del habitáculo. El calor sevillano cierra el círculo.

Sensores de temperatura en el Bugatti Tourbillon
Más de 200 sensores térmicos controlan el prototipo. Foto: Bugatti

Conviene recordar qué es exactamente este coche. El Tourbillon recurre a un V16 atmosférico de 8,3 litros, una apuesta casi contracultural en plena era de la electrificación y la sobrealimentación, acompañado por tres motores eléctricos. Dos de ellos mueven el eje delantero, lo que le da tracción total, y el tercero ayuda al motor térmico en el eje trasero. La batería trabaja a 800 voltios y, sumando todo, la potencia conjunta asciende a 1.800 CV. La producción está limitada a 250 unidades y su precio se anunció en 3,8 millones de euros antes de impuestos.

El modelo aún no ha recibido la homologación, de modo que la marca no publica todavía cifras oficiales de consumo ni de emisiones. Tampoco ha detallado en esta fase la fecha exacta de las primeras entregas, aunque el paso a prototipos de validación indica que el desarrollo está en su recta final.

Bugatti Tourbillon en pruebas de calor
Con más de 40 grados, el Tourbillon valida su refrigeración. Foto: Bugatti

Que una marca como Bugatti elija España para estas pruebas no es casualidad. Andalucía reúne en pocos kilómetros circuitos, carreteras de montaña, autovías y un clima que en verano y a comienzos del otoño ofrece temperaturas difíciles de encontrar en el centro de Europa. Muchos fabricantes llevan décadas utilizando el sur peninsular para afinar sus coches, y imaginar un Tourbillon rodando por una carretera andaluza tiene un punto de exotismo que pocos lugares pueden igualar.

Las pruebas forman parte de una serie documental con la que Bugatti está mostrando el desarrollo del coche capítulo a capítulo, una forma de contar el proceso que permite asomarse a un trabajo normalmente invisible. Lejos de la cifra de potencia o del sonido del V16, lo que se ha jugado en Sevilla es algo menos vistoso pero imprescindible: que el Bugatti Tourbillon arranque, refrigere y mantenga fresco a su conductor cuando el asfalto quema, porque un coche de varios millones de euros no puede permitirse fallar justo cuando más aprieta el sol.

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