En 1984 Renault puso en la calle un coche que nadie sabía cómo clasificar. El Espace, construido por Matra en Romorantin con carrocería de materiales compuestos, inventó en Europa el monovolumen familiar y convirtió el viaje en algo parecido a viajar en el salón de casa. Cuatro décadas después, la marca francesa ha llevado al Salón de París el Renault E-Space Concept, un prototipo eléctrico que recupera aquella idea justo cuando los monovolúmenes parecían condenados a desaparecer bajo la avalancha de los SUV.
El nombre se explica rápido: la E viene de E-Tech, la denominación que Renault usa para sus modelos electrificados, y Space recuerda de dónde viene todo. El concepto, en cambio, merece más atención, porque la marca ha empezado el diseño por dentro y ha dejado que el exterior se adaptase a lo que pedía el habitáculo.
Las medidas lo dejan claro. Con 4,70 metros de largo, 2,02 de ancho y 1,67 de alto, el E-Space es un poco más corto que muchos SUV de siete plazas, pero sus voladizos mínimos y su techo plano permiten aprovechar casi cada centímetro. Monta llantas de 23 pulgadas, una cifra más propia de un prototipo de salón que de un coche familiar, y un alerón frontal que se despliega a alta velocidad para reducir la resistencia aerodinámica. Las puertas se abren en sentidos opuestos y no hay pilar central, de modo que el acceso a las plazas traseras queda completamente despejado.

Dentro hay seis asientos individuales repartidos en tres filas sobre un suelo totalmente plano. Los dos de la segunda fila giran 180 grados para mirar a los de atrás, al modo de las mesas de un tren, y también pueden plegarse hasta formar una mesa. Si se mantienen hacia delante, sus ocupantes tienen dos pantallas de 12,3 pulgadas en los respaldos delanteros y mandos para videojuegos. Una consola central se desliza a lo largo del habitáculo e incluye una pequeña nevera y un purificador de aire. Los altavoces van integrados en los propios asientos.
El puesto de conducción tiene más miga de lo que parece. Bajo el parabrisas se extiende una pantalla panorámica curva de 1.130 por 110 milímetros, que solo muestra información, y el manejo se reparte entre dos pantallas táctiles flexibles situadas junto al volante. Ese volante, además, funciona con dirección por cable, sin unión mecánica con las ruedas.
Renault ha querido que el E-Space sea también un escaparate de materiales. La moqueta es de lana con tres centímetros de grosor, las superficies decorativas usan paja coloreada, el volante se recubre con un material elaborado a partir de aceite de ricino y algodón orgánico, la pintura lleva resinas de origen vegetal y los neumáticos Michelin incorporan alrededor de un 19 por ciento de caucho natural de plantaciones gestionadas.

Lo que la marca no ha contado es qué hay debajo. Renault se limita a decir que el E-Space utiliza una plataforma eléctrica compacta y no ha dado datos de motor, batería, potencia ni autonomía. Tampoco ha confirmado que vaya a existir una versión de producción. Sí ha avanzado que la pantalla panorámica OpenR que estrena el prototipo llegará a modelos de la gama alta de la marca, como el Rafale o el Scenic, así que al menos una parte de lo que se ve en París tiene billete para la serie.
Para España, la historia tiene una lectura especial. El Espace actual, la sexta generación, se fabrica en la planta de Palencia y ha dejado de ser un monovolumen para convertirse en un SUV de cinco o siete plazas con mecánica híbrida. El E-Space plantea justo lo contrario: que la familia que hoy viaja en un SUV quizá estaría más cómoda en un coche pensado de verdad para ella, con más espacio útil, asientos que se mueven y un suelo plano que solo la arquitectura eléctrica permite sin renunciar a nada.
No es casualidad que el prototipo llegue ahora. Varias marcas, sobre todo asiáticas, han vuelto a los grandes monovolúmenes eléctricos de lujo, y la propia Renault ha comprobado con el 5 E-Tech y el 4 E-Tech que la nostalgia bien interpretada vende. La diferencia es que aquí no se trata de copiar formas de hace cuarenta años, porque el E-Space apenas se parece al original, sino de recuperar una manera de entender el coche familiar.
Queda por ver si el prototipo acabará en un concesionario o se quedará en los salones como un ejercicio de estilo. Los monovolúmenes siguen siendo una apuesta comercial arriesgada en Europa. Pero si alguna marca tiene legitimidad para intentarlo de nuevo es la que se inventó el género, y el E-Space demuestra que todavía tiene ideas para él.















