España cambia desde el 1 de octubre una de las reglas más básicas para circular en moto: los guantes de protección pasan a ser obligatorios en vías interurbanas para conductores y pasajeros. La medida forma parte de la reforma del Reglamento General de Circulación aprobada en junio y llega acompañada de otra obligación que hasta ahora quedaba fuera del foco legal, la de utilizar calzado cerrado en todo tipo de vías. El casco seguirá siendo el elemento central, pero deja de ser prácticamente la única pieza de equipamiento sobre la que gira la normativa.
Hay una precisión importante porque estos días se está simplificando el cambio con una frase que puede llevar a error: “guantes homologados obligatorios desde octubre”. La obligación que entra en vigor el 1 de octubre es la de llevar guantes de protección cuando se circule por vías interurbanas. Las especificaciones técnicas que deberán cumplir esos guantes todavía deben desarrollarse mediante una orden del Ministerio del Interior. Mientras esa orden no entre en vigor, la propia norma permite utilizar guantes de protección de las mismas características que los que se usan actualmente.

No es una diferencia menor. La homologación concreta será relevante cuando Interior fije qué requisitos técnicos exige, pero hoy no existe todavía esa orden. La Dirección General de Tráfico ha explicado además que la falta de guantes de protección en carretera tendrá la consideración de infracción grave y una sanción económica de 200 euros. La medida alcanza a motocicletas y ciclomotores, con conductor y pasajero incluidos, y se integra en un paquete más amplio destinado a usuarios vulnerables.
La decisión toca un hábito muy extendido. En invierno resulta raro ver a un motorista experimentado circular sin guantes, entre otras cosas porque el frío hace casi imposible conducir con comodidad. En verano cambia la fotografía. Los trayectos cortos, el calor y la falsa sensación de que una caída a poca velocidad tendrá pocas consecuencias hacen que todavía sea frecuente ver motos y scooters en carretera con las manos descubiertas. Desde octubre, en vías interurbanas, esa elección deja de estar en manos del usuario.
La lógica de la norma es sencilla. Ante una caída, apoyar las manos es uno de los reflejos más habituales. No hace falta un impacto a gran velocidad para provocar abrasiones, cortes o lesiones en articulaciones. Por eso la regulación amplía la protección obligatoria más allá de la cabeza. La reforma no convierte de golpe en obligatorio un mono completo, unas botas técnicas o una chaqueta con protecciones, pero sí añade dos piezas que hasta ahora dependían fundamentalmente del criterio del motorista: guantes en carretera y calzado cerrado en cualquier vía.
Ese cambio regulatorio tiene otra derivada: el mercado del equipamiento entra en una fase distinta. A partir de ahora, muchos usuarios que nunca habían prestado demasiada atención a los guantes tendrán que elegirlos. Y ahí aparecen dudas que el texto legal, al menos por ahora, no resuelve por completo. Qué homologación será exigida, qué características mínimas se establecerán o cómo se aplicará la futura orden son preguntas que siguen abiertas. Comprar cualquier guante con aspecto de moto tampoco parece la mejor estrategia cuando el objetivo no es únicamente evitar una multa.
La norma EN 13594:2015 se ha convertido desde hace años en una referencia para los guantes destinados a motoristas. En el mercado ya existen numerosos productos certificados bajo ese estándar, de modo que el sector llega al cambio normativo con una oferta preparada antes de que Interior concrete sus futuras especificaciones. La marca española By City es uno de los ejemplos. Nacida en 2014 en Yecla, Murcia, dentro de una familia vinculada desde hace décadas al equipamiento de las dos ruedas, cuenta con diferentes guantes homologados que cubren desde el uso con temperaturas suaves hasta jornadas de lluvia y frío.

Entre ellos aparecen Cali, Heko y Elbrus, tres alternativas ligeras con homologación EN 13594:2015 Nivel 1 KP. Comparten una idea bastante clara: resistencia a la abrasión, protección en nudillos, ventilación y posibilidad de utilizar pantallas táctiles sin quitarse el guante. No están planteados como piezas de invierno. Su sentido está precisamente en aquellos meses en los que muchos motoristas terminan dejando los guantes en casa porque un modelo grueso resulta excesivo.
El Cali utiliza tejido tipo cordura y malla con detalles en piel, protección de nudillos en TPU y zonas elásticas para favorecer el movimiento de los dedos. Heko recurre también a cordura y malla, incorpora protecciones de PU y ajuste mediante velcro. Elbrus cambia la composición hacia amara y malla resistente a la abrasión, manteniendo las protecciones en nudillos y la ventilación en dedos y dorso. Sus precios actuales se sitúan en una franja aproximada de entre 40 y 45 euros según modelo.
Alps ocupa otro espacio. Cuesta 60,98 euros y añade una membrana impermeable REISSA, palma acolchada, protección de nudillos, deslizadera engomada, doble zona de ajuste y función táctil. También declara homologación EN 13594:2015 Nivel 1 KP. Es un ejemplo de cómo la obligación legal no elimina la necesidad de elegir el producto según el uso. Dos guantes pueden cumplir una misma norma de protección y resultar muy distintos cuando llega una mañana fría, una tormenta o un atasco bajo el sol.
El precio será uno de los factores que más miren los nuevos compradores, aunque puede acabar siendo menos decisivo de lo que parece. En un elemento que se usa cada vez que se coge la moto, la talla y la comodidad pesan mucho. Un guante demasiado grande puede moverse; uno pequeño carga la mano y dificulta accionar los mandos con naturalidad. Si además la moto se utiliza a diario, la diferencia entre un material ventilado y otro impermeable se nota durante meses, no durante cinco minutos en una tienda.
El cambio también afecta al pasajero. La reforma no limita la obligación a quien conduce, de manera que circular en carretera con un acompañante sin guantes supone dejar fuera de la protección precisamente a una persona que tiene menos capacidad de anticipar lo que ocurre. Para quienes usan la moto habitualmente a dúo aparece una consecuencia práctica bastante evidente: ya no bastará con tener bien resuelta la equipación del conductor.
Otro punto que conviene separar del debate comercial es la futura homologación exigible. El Reglamento permite al Ministerio del Interior establecer por orden las especificaciones técnicas de los guantes. Hasta entonces, una disposición transitoria señala que se utilizarán guantes de protección de las mismas características que los actuales. Esto significa que el mercado puede anticiparse ofreciendo productos ya certificados, pero no puede presentar como vigente una exigencia técnica que todavía no ha sido publicada.
La distinción es especialmente importante en las semanas previas al 1 de octubre. El cambio de norma genera urgencia y la urgencia suele favorecer mensajes simplificados. Para el consumidor, la forma más sensata de afrontarlo es distinguir entre lo que ya está aprobado y lo que todavía está pendiente. Está aprobado que habrá que llevar guantes de protección en vías interurbanas. Está aprobada la fecha. Está definida la sanción comunicada por la DGT. Lo que queda por concretar son las especificaciones técnicas que determinarán cómo deberá ser ese guante cuando la orden ministerial entre en vigor.

La reforma del Reglamento no se limita a esta cuestión. Introduce cambios que afectan también a ciclomotores, vehículos de movilidad personal, bicicletas, circulación en determinadas situaciones y protección de usuarios vulnerables. En el caso de las motos, el mensaje regulatorio es bastante claro: la seguridad del motorista empieza a tratarse de forma más amplia que con la simple obligación de llevar casco.
El calzado cerrado es el otro ejemplo directo. Desde la entrada en vigor de la reforma será exigible en todo tipo de vías para los usuarios incluidos en el artículo 118. Es una medida menos comentada que la de los guantes, pero probablemente tenga un impacto visible en los meses cálidos, cuando es habitual encontrar desplazamientos urbanos en moto con calzado poco adecuado. La norma busca cortar precisamente esas situaciones cotidianas que durante años quedaron en el terreno de la recomendación.
Para fabricantes y tiendas de equipamiento, el cambio puede aumentar la demanda, especialmente entre usuarios de scooter y conductores ocasionales. Eso no convierte cualquier producto en una compra adecuada. La obligación legal establece un mínimo; el uso real decide el resto. Un repartidor, un motorista que recorre autovía a diario y alguien que solo sale los domingos pueden necesitar guantes diferentes aunque los tres tengan que cumplir la misma norma de circulación.
By City llega a este escenario con una gama que permite cubrir varios de esos perfiles. La empresa nació como marca en 2014, aunque detrás hay una familia con más de 35 años de experiencia en el mundo de las dos ruedas y vinculada anteriormente a NZI. Ese recorrido explica que su catálogo no se limite a un único tipo de guante y que haya versiones pensadas para calor, entretiempo o condiciones más adversas.
La nueva regulación probablemente hará que la homologación deje de ser un dato que muchos compradores apenas miraban. Hasta ahora era fácil elegir por diseño, precio o tacto y descubrir después qué certificación llevaba el producto. A medida que Interior concrete las especificaciones, esa información pasará a ocupar un lugar más visible en etiquetas, tiendas y comercio electrónico.
También habrá un cambio de percepción. Hasta ahora, para una parte del público, el guante era un accesorio estacional: imprescindible con frío, prescindible con calor. La reforma lo coloca jurídicamente más cerca del resto del equipamiento básico. Esa normalización puede terminar teniendo más efecto que la propia multa, porque convierte en rutina algo que muchos motoristas ya hacían por prudencia. Pasará con los guantes lo mismo que ocurrió en su día con otros elementos de seguridad: cuando dejan de depender de la voluntad individual, su presencia acaba integrándose en la conducción cotidiana.
El siguiente paso será comprobar cómo interpreta Interior la futura orden técnica y si toma como referencia estándares que ya están asentados en el sector, como la EN 13594. Esa decisión será importante para fabricantes, distribuidores y usuarios, sobre todo para quienes compren ahora un par pensando en varios años de uso. Mientras no se publique, la recomendación más prudente es sencilla: protección real, buen ajuste y una certificación reconocible antes que una compra improvisada de última hora.
Todavía queda una pieza por colocar: la orden ministerial. Cuando llegue, habrá que revisar exactamente qué exige, desde qué fecha y cómo afecta a los guantes que ya están en uso. Hasta entonces, conviene no adelantar conclusiones. El 1 de octubre sí marca un antes y un después para los motoristas que salen a carretera sin protección en las manos. La obligación ya tiene fecha; la letra pequeña técnica de los guantes homologados todavía no.























