Ferrari ha abierto una nueva etapa con la presentación del diseño interior y el nombre de su primer deportivo 100% eléctrico: Ferrari Luce. El anuncio se encuadra en un lanzamiento por fases que la marca viene construyendo desde 2025. En octubre de ese año se mostró la tecnología que sustenta el proyecto en el e-building de Maranello. Ahora, en febrero de 2026, el foco se desplaza al habitáculo y a la interacción conductor-coche. La tercera y última fase llegará en mayo, en Italia, cuando se desvele el exterior del modelo.

El nombre no se plantea como un código técnico, sino como una declaración de enfoque. Ferrari utiliza “Luce” para fijar una idea: la electrificación como herramienta al servicio de la experiencia, no como objetivo en sí misma. En esa línea, la marca define una filosofía de diseño donde la forma se justifica por la función y donde la emoción se construye desde la ergonomía, los materiales y la lectura inmediata de la información. La intención es clara: entrar en el territorio eléctrico sin romper con el carácter de conducción que identifica a un Ferrari.
La presentación del interior se celebró en San Francisco, en un entorno elegido por su vínculo con el diseño de producto y la experiencia de usuario. El proyecto ha contado con la colaboración de LoveFrom, el colectivo creativo fundado por Sir Jony Ive y Marc Newson, que trabaja con Ferrari desde hace cinco años. Durante el desarrollo, LoveFrom ha trabajado junto al Ferrari Styling Centre dirigido por Flavio Manzoni, con un objetivo práctico: que cada solución encaje con las exigencias de un deportivo de producción, desde el empaquetado y la funcionalidad hasta la homologación.

La cabina se concibe como un volumen único, limpio y orientado a la conducción. Ferrari explica que hardware y software se han desarrollado en paralelo para que la arquitectura física y la respuesta de la interfaz avancen como un conjunto coherente. El resultado es una organización por “entradas” y “salidas”: controles claramente identificados y pantallas colocadas con una lógica de lectura rápida. En un momento en el que muchos eléctricos se apoyan en grandes superficies táctiles, el Luce apuesta por una interacción más táctil, con mandos mecánicos diseñados para ser usados con precisión y sin apartar la vista.
En materiales, Ferrari pone el acento en durabilidad y en una estética que no dependa de efectos superficiales. El aluminio aparece como protagonista por su capacidad de mecanizado y su sensación de solidez. Se emplea una aleación 100% reciclada, trabajada mediante CNC y sometida a un anodizado avanzado que genera una microtextura muy fina y resistente, con un color profundo y estable con el paso del tiempo. El vidrio también juega un papel clave: el modelo utiliza Corning Fusion5 Glass en distintas zonas, buscando resistencia a arañazos y alta visibilidad, un punto crítico en un interior muy expuesto al uso diario.

Uno de los elementos más significativos es el volante, que recupera una silueta de tres radios reinterpretando referencias clásicas de la marca, pero con una ejecución moderna. La estructura de aluminio queda deliberadamente expuesta y el conjunto se compone de 19 piezas mecanizadas, con un peso anunciado 400 gramos inferior al de un volante Ferrari estándar. Los mandos se agrupan en dos módulos analógicos para mejorar claridad y memoria muscular. Ferrari detalla que el tacto mecánico y el sonido de cada pulsación se han afinado con múltiples pruebas internas, buscando una respuesta consistente.
La instrumentación también introduce soluciones poco habituales en el segmento. El cuadro se monta en la columna de dirección y se desplaza solidario con el volante, optimizando visibilidad en diferentes posiciones de conducción. Incorpora dos pantallas OLED superpuestas y una construcción pensada para crear profundidad visual, con aberturas que dejan ver información de una segunda capa. En la zona central, el panel de control se monta sobre una articulación esférica que permite orientarlo hacia el conductor o el pasajero, con un reposamanos diseñado para facilitar el uso. El sistema integra un multigráfico con agujas accionadas por motores independientes y varios modos, del reloj al cronógrafo, pasando por brújula y control de lanzamiento.

Ferrari también ha convertido el arranque en un ritual, con una llave fabricada en vidrio que integra una pantalla E Ink de bajo consumo. Al insertarla en su base de la consola central, se activa una secuencia de iluminación coordinada entre la llave, el panel de control y el tablero, marcando la transición de reposo a marcha. Todo este planteamiento no busca “más pantallas”, sino una interacción más legible y menos cargada cognitivamente. La marca habla de una tipografía propia y de una presentación de la información inspirada en la claridad de instrumentos analógicos, para entender lo esencial de un vistazo.

Con el interior ya presentado, el calendario del Ferrari Luce queda definido en tres actos: tecnología en 2025, habitáculo e interfaz en febrero de 2026 y exterior en mayo, en Italia. De cara al mercado, todavía faltan datos clave que suelen determinar el posicionamiento final de un gran turismo eléctrico, como cifras de rendimiento, autonomía y especificaciones completas. Aun así, el mensaje que deja esta segunda fase es nítido: Ferrari quiere que su primer eléctrico se explique desde el diseño, la ergonomía y la calidad percibida, antes que desde una lista de números.























