El Polestar 3 marca un punto de inflexión claro dentro de la corta pero intensa historia de la marca. Tras consolidarse con propuestas más cercanas al turismo deportivo electrificado, este SUV de gran tamaño representa la entrada definitiva de Polestar en el territorio premium más ambicioso. No es un modelo de transición ni un ejercicio de estilo, sino un vehículo pensado para competir directamente con los grandes nombres del segmento eléctrico de lujo. La versión Performance, con doble motor, tracción total y una potencia que alcanza los 517 CV, es además la expresión más contundente de esa intención.

Durante varios días, el Polestar 3 Performance fue el coche principal en un uso completamente real. Desplazamientos urbanos, recorridos de autovía, tráfico denso, trayectos nocturnos y alguna escapada por carreteras secundarias permitieron comprobar hasta qué punto este SUV eléctrico encaja en la vida cotidiana más allá de sus cifras. La sensación inicial ya deja claro que estamos ante algo diferente. No busca parecer futurista a toda costa, pero tampoco se refugia en códigos clásicos. Su diseño transmite modernidad contenida y una clara vocación tecnológica.

A primera vista, el Polestar 3 impone por proporciones. Es largo, ancho y bajo para lo que se espera de un SUV, lo que le da una presencia muy particular. El frontal es limpio, casi minimalista, con una firma lumínica afilada y una ausencia casi total de elementos superfluos. El perfil lateral muestra una línea de cintura elevada y una silueta musculosa, mientras que la zaga remata el conjunto con un diseño sobrio, bien integrado y reconocible. No busca agresividad gratuita, pero sí transmitir carácter y solidez.

El acceso al interior confirma esa sensación de producto trabajado con calma. Al abrir la puerta, el ambiente es claramente premium, aunque desde un enfoque diferente al lujo tradicional. Los materiales transmiten calidad real, con superficies agradables al tacto, ajustes precisos y una combinación bien resuelta entre tecnología y diseño escandinavo. La sensación general es de espacio despejado, sin saturación visual. Todo parece pensado para reducir distracciones y favorecer una conducción relajada.

La posición de conducción se ajusta con facilidad. Los asientos delanteros ofrecen un buen equilibrio entre sujeción y confort, algo especialmente importante en un coche con este nivel de prestaciones. Tras varias horas al volante, la ergonomía demuestra estar bien estudiada. No hay posturas forzadas ni mandos mal ubicados. El volante, de buen tamaño y tacto, refuerza esa sensación de control constante.

En términos de habitabilidad, el Polestar 3 cumple con lo que se espera de un SUV de su tamaño. Las plazas delanteras son amplias, con espacio de sobra en todas las direcciones. Detrás, dos adultos viajan cómodamente, con buena altura al techo y espacio suficiente para las piernas. El acceso a las plazas traseras es correcto, aunque la caída del techo condiciona ligeramente la entrada, algo habitual en este tipo de diseños. El maletero ofrece una capacidad generosa y bien aprovechable, con formas regulares que facilitan el uso diario y la carga de equipaje voluminoso.

En ciudad, pese a su tamaño, el Polestar 3 resulta más fácil de manejar de lo que cabría esperar. La visibilidad está bien resuelta, las cámaras y sensores trabajan con precisión y el radio de giro es razonable para un SUV de este porte. La entrega instantánea de par, con 910 Nm disponibles, permite moverse con soltura en cualquier situación, aunque el conjunto está claramente afinado para ofrecer suavidad antes que respuestas bruscas. El confort sobre baches y badenes es elevado, con una suspensión que filtra bien las irregularidades sin transmitir sequedad.

El consumo urbano real se mantiene dentro de cifras coherentes para un vehículo de este tamaño y potencia, siempre condicionado por el peso y la tentación de aprovechar su empuje. Aun así, la gestión energética resulta eficaz y no genera ansiedad en recorridos cotidianos.

Cuando el escenario se abre y llegan las carreteras rápidas, el Polestar 3 Performance muestra todo su potencial. Las aceleraciones son contundentes, con un 0 a 100 km/h en torno a los 4,7 segundos que se siente incluso más rápido de lo que indican las cifras. Las recuperaciones son inmediatas y la sensación de empuje constante transmite una seguridad enorme en adelantamientos. A velocidad sostenida, el aplomo es notable y el coche se siente estable, sólido y muy bien asentado sobre el asfalto.


La insonorización es uno de los aspectos más destacados en autovía. El ruido aerodinámico está muy bien contenido, el sonido de rodadura apenas se filtra al habitáculo y, lógicamente, el ruido mecánico es prácticamente inexistente. Esto convierte los viajes largos en una experiencia especialmente relajada, donde el paso de los kilómetros se hace sin esfuerzo. En este contexto, la autonomía real en autovía se sitúa en cifras razonables para su segmento, permitiendo plantear viajes largos con una planificación mínima.
En carreteras secundarias, el Polestar 3 sorprende por su comportamiento dinámico. No es un deportivo, pero el chasis transmite una rigidez notable y una sensación de control poco habitual en un SUV eléctrico de gran tamaño. Las suspensiones adaptativas consiguen un compromiso muy logrado entre confort y control de la carrocería. La dirección, precisa y bien ponderada, no busca transmitir sensaciones puras, pero sí ofrecer confianza y coherencia en todo momento.

La frenada acompaña con solvencia al conjunto. El tacto del pedal es progresivo y fácil de modular, tanto en conducción tranquila como cuando se exige más al sistema. La transición entre frenada regenerativa y mecánica está bien integrada, sin sensaciones artificiales ni respuestas impredecibles.


El apartado tecnológico está claramente alineado con el enfoque del coche. El sistema multimedia, basado en Google Automotive, destaca por su fluidez y facilidad de uso. La navegación es rápida y precisa, con información de tráfico bien integrada. La pantalla central responde con agilidad y el sistema se muestra estable incluso tras varios días de uso intensivo. Apple CarPlay está disponible y funciona con normalidad, mientras que el cuadro de instrumentos digital ofrece la información necesaria sin saturar al conductor.
El sistema de sonido premium refuerza la experiencia a bordo. La calidad de audio es alta, con una reproducción equilibrada y una buena definición en todo el rango de frecuencias. En viajes largos, combinado con el excelente aislamiento acústico, contribuye a crear un ambiente muy agradable, acorde con el posicionamiento del modelo.
En seguridad, el Polestar 3 incorpora un completo conjunto de asistentes a la conducción. El frenado automático de emergencia actúa con anticipación cuando detecta riesgos reales, el control de crucero adaptativo funciona con suavidad en tráfico denso y los sistemas de mantenimiento de carril intervienen de forma poco intrusiva. Todo está pensado para acompañar al conductor sin generar sensación de control excesivo.
La electrificación, en este caso, no implica concesiones en el uso diario. La batería de gran capacidad permite afrontar la mayoría de desplazamientos semanales sin necesidad de recargar constantemente, y la carga rápida facilita recuperar autonomía en paradas puntuales. La experiencia real es la de un coche eléctrico maduro, pensado para integrarse en la rutina sin complicaciones.

En el mercado español, el Polestar 3 Performance se sitúa en una franja de precio claramente premium. No es una opción accesible, pero sí coherente con su nivel de prestaciones, tecnología y calidad general. Su posicionamiento apunta a un perfil de conductor que busca un SUV eléctrico potente, exclusivo y bien acabado, sin renunciar al confort ni a la facilidad de uso.

Tras varios días de convivencia, el Polestar 3 Performance deja una impresión clara. Es un SUV eléctrico que apuesta por la solidez, la potencia bien gestionada y una experiencia premium distinta a la habitual. Como puntos fuertes destacan su rendimiento, su calidad de rodadura y su aislamiento. Como aspectos mejorables, el peso y el tamaño condicionan la agilidad en entornos muy urbanos. Aun así, el conjunto resulta convincente y coherente. Un eléctrico pensado para quienes quieren dar el salto definitivo al segmento premium sin renunciar a sensaciones ni a confort real.





















