Pasar una semana al volante del Alfa Romeo Junior Ibrida Speciale dentro de una rutina normal —con trayectos urbanos, desplazamientos por carretera y un viaje medio de fin de semana— ha servido para comprobar hasta qué punto este SUV híbrido compacto encaja en la vida real. Más allá de sus cifras técnicas, el Junior demuestra que el encanto italiano también puede convivir con la eficiencia y la comodidad diaria sin renunciar al toque deportivo que siempre ha caracterizado a Alfa Romeo.

La unidad probada correspondía al acabado Speciale, el más completo dentro de la gama híbrida de 48 V. Desde el primer vistazo, el coche transmite personalidad. Su silueta, de 4,17 m de largo y 1,78 m de ancho, conserva proporciones equilibradas, con un frontal dominado por el escudo scudetto y una zaga musculosa que le da presencia incluso entre el tráfico. No es un SUV más: tiene ese aire inconfundible de diseño italiano que consigue que te gires a mirarlo al aparcarlo.


El motor combina un 1.2 litros turbo de tres cilindros con un sistema microhíbrido de 48 V, alcanzando una potencia conjunta de 145 CV y un par máximo cercano a 230 Nm. Se asocia a una transmisión automática de doble embrague (eDCT de seis velocidades) y dispone de etiqueta ECO, lo que lo hace especialmente práctico en grandes ciudades. En la conducción cotidiana, el conjunto se comporta con suavidad. El arranque es silencioso y las maniobras a baja velocidad se realizan únicamente con el motor eléctrico, lo que transmite una sensación de refinamiento impropia de un SUV del segmento B.

Durante los desplazamientos por ciudad, el Junior Ibrida Speciale se siente ágil y sencillo de manejar. El tamaño compacto y el radio de giro ajustado hacen que se mueva con soltura por calles estrechas y aparcamientos complicados. La suspensión filtra bien los badenes y la dirección rápida ayuda a aparcar con precisión. En los atascos matutinos, el sistema híbrido actúa con inteligencia: el motor eléctrico asiste en las arrancadas y el térmico entra en acción solo cuando hace falta. Tras una semana de tráfico intenso, el consumo medio rondó los 5,6 l/100 km, un valor bastante realista para un uso urbano.

El sistema microhíbrido es discreto, pero se nota. No hablamos de un híbrido enchufable, sino de un sistema que mejora la eficiencia sin complicaciones. En frenadas y deceleraciones recupera energía, y al acelerar proporciona un empuje adicional que suaviza las transiciones. No busca prestaciones puras, sino refinamiento y eficiencia. En modo eléctrico, se pueden recorrer algunos metros al aparcar o avanzar en tráfico lento, y esa ausencia de ruido aporta una sensación de calidad que engancha.

El interior mantiene el espíritu Alfa, con una atmósfera envolvente y orientada al conductor. El volante pequeño, el cuadro de instrumentos digital y la pantalla central de 10,25 pulgadas están perfectamente integrados. El sistema multimedia responde rápido, es intuitivo y se conecta sin cables tanto con Apple CarPlay como con Android Auto. Los asientos, con tapicería mixta y un diseño deportivo, ofrecen buen agarre lateral y confort en trayectos largos. La posición de conducción es elevada, pero sin perder la conexión con la carretera, y los mandos están bien situados.

El fin de semana decidí salir de la ciudad y hacer un viaje de unos 400 kilómetros, combinando autovía y carretera secundaria. El maletero de 415 litros, con doble fondo y formas regulares, se mostró más que suficiente para dos maletas grandes y una mochila. En autopista, el Junior Ibrida se comporta con aplomo. El motor empuja con decisión entre 100 y 130 km/h, la suspensión mantiene el coche estable y la dirección es precisa incluso en curvas amplias. El aislamiento acústico está bien resuelto hasta velocidades de crucero, aunque a partir de 120 km/h se percibe un ligero ruido aerodinámico que no llega a ser molesto.
En ese recorrido, el consumo medio se situó en 6,2 l/100 km, una cifra razonable teniendo en cuenta el ritmo y el tráfico del fin de semana. La sensación general es la de un coche equilibrado, pensado para quien busca confort y eficiencia sin renunciar al placer de conducir.

En carreteras secundarias, especialmente en tramos con curvas enlazadas, el Junior recupera parte del ADN Alfa. La dirección es rápida y comunica bien, la carrocería se sujeta con firmeza y la suspensión, algo más rígida de lo habitual, permite mantener buen ritmo sin incomodidad. No es un deportivo, pero transmite confianza y agilidad. Al reducir con las levas del cambio se nota que el conjunto responde con precisión, aunque en conducción más viva el cambio podría ser algo más rápido.
La calidad de rodadura es otro punto destacable. A pesar de ser un SUV urbano, no da sensación de ligereza excesiva. El trabajo de Stellantis en la puesta a punto del chasis se nota: el coche transmite estabilidad y aplomo, pero sin renunciar a la suavidad. En conducción relajada, el modo automático gestiona bien la caja y el sistema híbrido colabora para que el motor térmico funcione a bajas revoluciones la mayor parte del tiempo.

En cuanto a tecnología y seguridad, el acabado Speciale viene muy completo. Incluye control de crucero adaptativo, asistente de mantenimiento de carril, reconocimiento de señales de tráfico, frenada automática con detección de peatones, sensores de aparcamiento en ambos ejes y cámara trasera HD. Todo ello, sumado al sistema Alfa Connect con actualizaciones en la nube, lo sitúa en el grupo de los más avanzados del segmento.
Durante el viaje, probé la conducción asistida y el resultado fue convincente: el sistema mantiene la trayectoria con suavidad, sin correcciones bruscas, y el control adaptativo se ajusta bien a la distancia del vehículo precedente. Tras cuatro horas de conducción continua, los asientos seguían resultando cómodos, y el climatizador bizona trabajó de manera eficaz y silenciosa.

En cuanto a calidades, el habitáculo combina materiales agradables con algunos plásticos mejorables en las zonas inferiores, pero la sensación general es positiva. La ergonomía, el tacto de los mandos y el diseño interior transmiten esa mezcla de funcionalidad y estilo que se espera de un Alfa moderno.
El precio del Alfa Romeo Junior Ibrida Speciale en España parte de unos 31.000 euros, con una dotación de serie muy completa. Las versiones básicas, con el mismo sistema híbrido, arrancan en torno a los 29.000 euros. En ambos casos, cuentan con etiqueta ECO, un argumento importante para quienes viven en ciudades con zonas de bajas emisiones.

Después de una semana de convivencia real, la conclusión es clara: el Junior Ibrida Speciale no busca ser el Alfa más radical, sino el más lógico. Cumple con solvencia en el día a día, se desenvuelve bien en carretera y ofrece una experiencia de conducción refinada, eficiente y con un toque de carácter. No es un coche pasional en el sentido clásico de Alfa Romeo, pero sí un SUV que transmite personalidad y un cierto placer de conducción que sus rivales generalistas no logran igualar.

En definitiva, este modelo representa una nueva etapa para la marca. Alfa Romeo ha conseguido trasladar parte de su esencia deportiva a un coche pensado para el uso diario, cómodo, con tecnología actual y una estética que sigue girando cabezas. Si lo que buscas es un SUV compacto con carácter italiano, etiqueta ECO y comportamiento equilibrado, el Junior Ibrida Speciale es una opción que merece una prueba. En mi caso, ha sido un compañero ideal tanto para la rutina entre semana como para ese viaje improvisado que, sin quererlo, acabó recordándome por qué todavía disfruto al conducir.





















