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Xpeng G6: unos de los SUV eléctricos que más nos convencen

El Xpeng G6 llegó a mis manos en un momento en el que el segmento de los SUV eléctricos medianos ya no va de “ser eléctrico”, sino de hacerlo fácil. Y ahí es donde este modelo intenta ganarse su sitio: no con una puesta en escena extravagante, sino con una propuesta muy orientada a la convivencia diaria, con esa mezcla de tecnología, eficiencia y practicidad que en España cada vez se exige más. Dentro de la gama de la marca, el G6 funciona como el punto de equilibrio entre el planteamiento más bajo y “berlina” del P7 y el enfoque más grande y aspiracional del G9, pero sin irse a tamaños que en ciudad se vuelven incómodos. 

En nuestro caso, la unidad encajaba con lo que muchos compradores están valorando ahora: un eléctrico con etiqueta Cero que permita moverse sin pensar en restricciones, que tenga autonomía suficiente para no vivir pendiente del cargador y que, cuando toque recargar, lo haga rápido de verdad. La clave del G6 está precisamente ahí, en su combinación de batería y potencia de carga: la marca habla de recargas del 10% al 80% en 12 minutos en condiciones favorables y con infraestructura compatible, una cifra que sobre el papel cambia la relación con los viajes si se cumple en la práctica. 

La primera impresión, al verlo aparcado, es la de un SUV “limpio” de líneas. No busca parecer un todoterreno tradicional, sino un crossover de silueta fluida, con un frontal bajo y una zaga que cae lo justo para darle ese aire coupé sin castigar demasiado el espacio. En persona se aprecia que es un coche grande, con una presencia que llena la plaza sin parecer desproporcionado. Sus medidas (4,76 metros de largo y casi 1,92 de ancho) se notan, sobre todo cuando lo llevas por calles estrechas o aparcas en batería, pero también explican por qué dentro hay una sensación de coche “de categoría superior”. 

Durante los primeros kilómetros, lo que más llama la atención es que el diseño exterior no intenta distraerte con recursos agresivos. La identidad visual está en los detalles: el juego de superficies, la firma luminosa, las proporciones y unas llantas que, según la versión, ayudan a darle ese punto más deportivo. En la calle no resulta estridente, y eso, en un coche que muchos comprarán como herramienta diaria, tiene su sentido. En el tráfico real de Madrid, por ejemplo, pasa relativamente desapercibido… hasta que te fijas en su postura, en cómo está plantado, y en que no parece un “electrificado de compromiso”, sino un eléctrico concebido como tal desde el inicio.

Al entrar, el G6 confirma que la marca quiere que la experiencia sea muy digital, pero sin caer en una frialdad total. La pieza central es la pantalla de 15,6 pulgadas, grande y nítida, con una respuesta rápida en el uso diario.  El ambiente es minimalista, con pocos mandos físicos, y la sensación general depende mucho de cómo te lleves con ese planteamiento: si vienes de coches con muchos botones, al principio te obliga a aprender; si ya has vivido con interfaces tipo “tablet”, te adaptas pronto. Lo positivo es que, en marcha, no se percibe torpeza: los menús tienen cierta lógica y, cuando ya te has acostumbrado, acabas haciendo casi todo con naturalidad.

La calidad percibida está a buen nivel, sobre todo en ajustes y en ese “cierre” general de las piezas que, con el paso de los días, es lo que de verdad importa. No es sólo tocar un material blando aquí y allá, sino no encontrar grillos, no sentir holguras y comprobar que el coche aguanta bien el uso real: entrar y salir con prisas, apoyar bolsas, cargar mochilas, abrir y cerrar puertas en un garaje estrecho. Hay un detalle que me gustó especialmente por práctico: el enfoque de ergonomía en lo esencial, con una postura de conducción fácil de encontrar y un acceso que no te obliga a “caer” dentro ni a subirte como si fuera un SUV alto de los de antes.

En plazas delanteras, el espacio es generoso y la sensación de amplitud está muy lograda. La visibilidad hacia delante y los laterales es buena gracias a un capó relativamente bajo y a unos pilares que no agobian. Detrás, el planteamiento familiar se entiende en cuanto te sientas: hay hueco real para piernas y cabeza para un adulto, y la banqueta resulta cómoda para viajes, no sólo para trayectos cortos. En la vida a bordo ayuda que todo esté pensado para que el coche no te “canse”: carga inalámbrica, conexiones bien ubicadas, buen acceso y una iluminación interior que acompaña sin convertir el habitáculo en una discoteca.

El maletero, en el uso diario, es uno de esos puntos que se agradecen cuando no estás haciendo una prueba “de foto”, sino vida real. Los 571 litros declarados se traducen en una boca amplia y una capacidad que permite meter sin drama compra grande, carritos o equipaje de fin de semana. Y cuando toca tirar de modularidad, con los asientos plegados, el espacio disponible crece hasta 1.374 litros, con un suelo útil para cargar cosas largas sin inventos.  En resumen: aquí no se siente penalización por la silueta coupé, que era una de mis dudas antes de recogerlo.

En ciudad, el G6 se mueve con mucha facilidad para su tamaño. La entrega del motor eléctrico es suave en el primer toque de acelerador, y eso ayuda a que sea fácil dosificar en rotondas, salidas de semáforo y maniobras lentas. En un entorno como Madrid, con badenes, juntas de puente y asfalto irregular, la suspensión busca un compromiso cómodo, filtrando bien sin convertirse en una barca. No es un coche “blando”, pero sí agradable, y eso se nota cuando llevas varios días con él y dejas de pensar en la conducción. Para aparcar, el apoyo de cámaras y sensores hace el trabajo, y la vista 360º se convierte en un hábito: al tercer día ya la echas de menos cuando vuelves a un coche que no la tiene.

En cuanto a consumo urbano, lo razonable en un SUV eléctrico de este tamaño es moverse con cifras variables según tráfico y temperatura. En mi convivencia, con trayectos cortos, atascos y ratos de circunvalación, el coche mostró una eficiencia convincente cuando se conduce con cierta suavidad y se aprovecha la regeneración. Esa capacidad de recuperar energía en retenciones y bajadas es de las que, con el tiempo, te cambia la manera de conducir: aprendes a anticipar, a levantar antes y a dejar que el coche haga parte del trabajo. Y eso, en un eléctrico bien calibrado, se traduce en más autonomía real sin esfuerzo.

Donde el G6 se entiende mejor es en carretera y autovía, porque ahí el coche te enseña su “cara de viajero”. En incorporaciones y adelantamientos, la respuesta es inmediata, sin necesidad de pensar en marchas ni en una curva de par que sube y baja. La unidad que probamos, por planteamiento, tenía ese punto de energía suficiente para ir rápido con facilidad, pero lo importante no es el 0 a 100 como cifra, sino la sensación de reserva cuando sales de un camión y quieres recuperar velocidad sin apretar de más. En esa conducción de “ritmo vivo”, el coche mantiene el tipo, con un aplomo que transmite seguridad.

A velocidad sostenida, la insonorización está cuidada. No hay ruido mecánico como tal, y el trabajo se centra en aerodinámica y rodadura. En el día a día, lo que más se percibe es que el coche no te obliga a subir el volumen de la música para “tapar” el exterior, y eso en viajes largos es descanso. En un recorrido tipo Madrid–Salamanca, de los que haces sin pensar demasiado, el G6 te permite mantener un ritmo alto y llegar con sensación de haber viajado en un coche sólido. Aquí es donde también se aprecia el tamaño: no va “nervioso”, no necesita correcciones constantes y se siente estable en cambios de carril.

El chasis transmite rigidez, y eso se nota en cómo pisa cuando el asfalto se complica. En carreteras secundarias con firmes parcheados, la suspensión trabaja sin rebotar, manteniendo control sin volverse seca. La dirección, por tacto, se siente más orientada a facilidad que a deportividad pura: es ligera, precisa para el día a día y no cansa, aunque quien busque una conexión muy directa con el tren delantero quizá la encuentre menos comunicativa. El freno, como en muchos eléctricos, mezcla la retención regenerativa con el freno hidráulico, y la transición está bastante bien resuelta: no tuve esa sensación típica de pedal “esponjoso” que aparece en algunos rivales cuando cambias de una intensidad a otra.

La parte tecnológica, con varios días de uso, deja dos lecturas claras. La primera: el sistema va rápido y es agradable cuando todo lo haces desde el propio coche. La segunda: se agradece que no te obligue a elegir entre “tu móvil” y “su ecosistema”, porque el G6 ofrece Apple CarPlay y Android Auto de serie, además en formato inalámbrico, y eso en 2026 ya es casi obligatorio si quieres que el coche encaje en la vida real.  En el uso cotidiano, conectas, pones tu música, tu navegación y sigues con tus rutinas sin tener que reaprenderlo todo.

En navegación, el coche cumple, pero la realidad es que mucha gente seguirá usando sus mapas habituales por costumbre, tráfico y destinos compartidos. Lo bueno es que aquí no hay guerra: puedes tirar del sistema nativo cuando te apetece y volver al móvil cuando quieras. En viajes largos, esa flexibilidad es oro. Y cuando sumas asistentes de conducción, el paquete se redondea: control de crucero adaptativo, mantenimiento de carril y ayudas que, bien ajustadas, reducen fatiga. Lo importante, para mí, es el nivel de intrusión. En estos días no me sentí “regañado” constantemente; el coche asiste, pero si eres de los que conduce con criterio, no se convierte en una pelea.

Mención aparte para el equipo de sonido. Xpeng habla de un sistema de 18 altavoces y, sin entrar en tecnicismos, lo que percibes es un audio con cuerpo, capaz de llenar el habitáculo sin distorsionar cuando subes el volumen.  En autopista, con ruido de rodadura inevitable, se mantiene agradable, y eso en un eléctrico silencioso se nota más: escuchas matices que en otros coches se pierden. En trayectos largos termina influyendo en el cansancio, porque no te obliga a forzar el oído ni a ir “gritando” música para acompañar el camino.

Y llega el punto que más preguntas genera: la carga. En el día a día, lo normal es cargar en casa o en destino, y ahí el G6 encaja con una rutina lógica: enchufas, te olvidas y al día siguiente tienes coche. Pero cuando dependes de carga rápida, entra en juego su argumento más fuerte: potencia de carga muy alta y tiempos teóricos muy bajos. En la práctica, como siempre, depende de la estación, la temperatura y el estado de la batería, pero el hecho de que el coche esté diseñado para aprovechar cargadores potentes cambia el “plan mental” del viaje. No es lo mismo pensar en una parada de media hora larga que en una parada corta y útil para estirar piernas.

En España, el precio es otro de los grandes ejes de la conversación. La marca anuncia un punto de entrada desde 41.985 euros para la versión de acceso en condiciones promocionales, y eso lo coloca en la zona donde muchos miran alternativas directas como Tesla Model Y, Hyundai Ioniq 5, Kia EV6, Skoda Enyaq o Volkswagen ID.4/ID.5, según necesidades y ofertas del momento.  La percepción de valor, tras convivir con él, viene de sumar varias cosas: espacio real, carga rápida ambiciosa, tecnología fluida y un nivel de equipamiento que, en la práctica, evita caer en una lista interminable de opciones.

Después de varios días, mi sensación global con el Xpeng G6 es la de un coche pensado para encajar, no para impresionar en una prueba de 20 minutos. Sus puntos fuertes están en lo que repites cada día: confort, habitabilidad, un maletero muy aprovechable, tecnología rápida y una conducción fácil que no te exige adaptarte demasiado. La parte mejorable es la que tiene que ver con el gusto personal: quien busque una dirección muy comunicativa o un tacto de coche “pasional” quizá encuentre su enfoque más racional. Pero si el objetivo es un SUV eléctrico para vivir con él, viajar sin complicaciones y aprovechar la carga rápida cuando toca, el G6 tiene argumentos serios para estar en la lista corta del comprador español.

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