La nueva generación del Škoda Superb Berlina mantiene la esencia del modelo, pero introduce una evolución clara en refinamiento, eficiencia y tecnología. No reinventa su concepto; lo afina. Su propuesta sigue siendo la de siempre: una berlina grande, cómoda y muy racional, pero ahora con un interior más cuidado, mayor aislamiento y un sistema multimedia actualizado que corrige carencias pasadas. La unidad probada, equipada con el motor 2.0 TDI de 150 CV y el cambio DSG de siete marchas, representa el corazón de la gama por rendimiento, consumo y precio. En España, las versiones Berlina diésel parten de unos 40.900 €, ascendiendo según acabado y paquetes opcionales, hasta situarse en la franja de 47.000–48.000 € para configuraciones completas.

El uso real del Superb durante algo más de 1.000 kilómetros permitió comprobar cómo se comporta en el día a día madrileño y también en largos desplazamientos por autovía. A lo largo de esa convivencia, combiné tramos urbanos con períodos prolongados en M-40 y M-50, y un recorrido interurbano largo que exigía mantener velocidades constantes. Desde el primer contacto, el habitáculo transmite una sensación de producto sólido, muy pensado para el conductor que realiza muchos kilómetros al año. El ajuste de los asientos, la caída suave de la puerta al cerrarse y la ausencia de vibraciones al ralentí anticipan el enfoque del coche antes siquiera de salir a la carretera.

Al moverme dentro de Madrid, el Superb sorprende por lo poco que se siente su tamaño: sus 4,91 metros de largo quedan muy bien disimulados gracias a una dirección que es especialmente ligera a baja velocidad. Los giros cerrados se resuelven sin maniobras adicionales y el sistema de cámaras, con una resolución bastante superior a la generación anterior, ayuda a calcular con precisión las distancias al aparcar. El motor TDI, en este entorno, trabaja casi siempre por debajo de 2.000 rpm, sostenido por el DSG7, que prioriza subir de marcha con rapidez para reducir consumo y ruido. En tráfico urbano denso, el registro habitual estuvo entre 6,0 y 6,3 l/100 km, una cifra muy razonable para un coche de este tamaño.

La transición a autovía muestra al Superb en su mejor escenario. El 2.0 TDI de 150 CV, acompañado por sus 360 Nm de par, empuja con decisión desde 1.600 rpm y mantiene un ritmo firme sin necesidad de elevar el régimen. El DSG7 está especialmente bien calibrado en velocidad de crucero: sostiene marchas largas, evita reducciones innecesarias y solo actúa cuando el conductor demanda más par. A 120 km/h, el motor gira en torno a 1.900 rpm, lo que permite disfrutar de un habitáculo silencioso. En tramos largos de autovía, el consumo se estabilizó entre 5,0 y 5,2 l/100 km, siempre con el climatizador funcionando y sin aplicar técnicas de conducción conservadora. Esa eficiencia es uno de los argumentos más potentes de esta motorización.

El aplomo en recta y la estabilidad en curva rápida dan confianza. La plataforma MQB Evo, más rígida que la anterior, se nota en la forma en que el coche absorbe cambios en el asfalto. No hay movimientos bruscos ni balanceos evidentes; la suspensión mantiene un equilibrio notable entre comodidad y control. Aunque no monta un sistema adaptativo en la configuración probada, el confort general es sobresaliente. Pasar de un asfalto fino a una superficie rugosa no implica rebotes ni sacudidas, y eso permite viajar durante horas sin fatiga.

En carreteras secundarias, el Superb Berlina conserva ese comportamiento sereno. No pretende ser deportivo, pero sí transmite precisión. El eje delantero inscribe bien el coche en curva y el trasero acompaña sin descolgarse, incluso en cambios de apoyo. El DSG7, si bien prioriza suavidad, responde con más inmediatez al seleccionar el modo S o al utilizar las levas. En adelantamientos, la combinación de par y gestión del cambio permite resolver la maniobra con margen, aunque es cierto que los conductores que busquen recuperaciones más contundentes encontrarán ese punto extra en la motorización superior.
Si algo distingue al Superb de sus rivales directos es su interior. La sensación de espacio no es habitual en berlinas de esta categoría. En la segunda fila, el hueco para piernas es excepcional, incluso con el asiento delantero retrasado. El acceso es cómodo y la anchura permite que tres ocupantes viajen con cierta soltura. El maletero, con 645 litros, tiene una boca amplia y formas regulares, lo que facilita aprovecharlo al máximo. Para viajes largos o familias, es un punto diferencial muy claro.

El equipamiento de esta unidad incluía faros matriciales LED, sistema multimedia de nueva generación, navegador avanzado, climatizador de tres zonas, asientos delanteros eléctricos y calefactables, cargador inalámbrico, sensores perimetrales, acceso sin llave y un completo paquete de asistentes. Aquí destaca especialmente el control de crucero adaptativo, que mantiene la distancia con naturalidad y responde sin brusquedad a cambios de tráfico. El asistente de mantenimiento de carril actúa con discreción, sin ese efecto “goma” de otros sistemas, y el detector de ángulo muerto tiene un rango amplio que se agradece al circular en vías rápidas. El frenado automático de emergencia, probado en situaciones reales pero no críticas, mostró un ajuste correcto sin falsos avisos.

La calidad percibida del interior está a la altura del posicionamiento del modelo. Los materiales blandos cubren las zonas principales del salpicadero, los mandos giran con buen tacto y la iluminación ambiental aporta una sensación de vehículo moderno sin resultar ostentoso. La pantalla central, de respuesta fluida, organiza mejor los menús que en la generación anterior y reduce pasos innecesarios al cambiar ajustes básicos como la climatización. La integración con CarPlay y Android Auto funcionó sin desconexiones durante toda la prueba.

Después de recorrer más de 1.000 kilómetros, la impresión general del Superb Berlina 2.0 TDI 150 CV es la de un coche que sobresale por su capacidad para facilitar la vida del conductor. Consume poco, es silencioso, ofrece espacio de sobra para pasajeros y equipaje, y transmite una calidad global que no necesita artificios. Como punto a mejorar, la respuesta del motor cuando se exige un adelantamiento muy decidido podría ser algo más inmediata, aunque la gestión del DSG7 compensa en la mayoría de situaciones.

El Superb Berlina continúa siendo una opción ideal para quienes necesitan un coche amplio, cómodo y eficiente, con un nivel de equipamiento muy completo y una puesta a punto que invita a viajar sin prisa pero sin interrupciones. Es una evolución lógica y acertada de un modelo que, año tras año, ha demostrado que la fórmula de la berlina racional sigue teniendo mucho sentido.




















