Porsche ha decidido que su tecnología eléctrica no se quede en la carretera. Porsche Engineering, Porsche AG, Studio F. A. Porsche y el astillero austriaco Frauscher han desarrollado la 850 Fantom Air, una lancha deportiva que toma como base componentes del Porsche Macan Turbo eléctrico. El objetivo no era crear un prototipo de escaparate, sino acelerar el salto a una solución industrializable, con procesos y validaciones de automoción adaptados al mundo náutico. El proyecto se ha convertido en un ejemplo claro de transferencia tecnológica, con un enfoque que prioriza rendimiento, silencio de marcha y repetibilidad en producción.

La propuesta impresiona desde la primera aceleración: la embarcación supera los 85 km/h y lo hace con un empuje casi inaudible. Esa sensación se apoya en un sistema de 800 voltios derivado del eje trasero del Macan Turbo, con motor síncrono de imanes permanentes capaz de entregar hasta 400 kW. La energía llega desde una batería de iones de litio de 100 kWh, colocada muy baja y centrada en el casco para mejorar estabilidad y respuesta en navegación rápida. El resultado busca combinar contundencia en salida y una experiencia sonora más limpia, clave en lagos y zonas sensibles.

Llevar un tren motriz de coche al agua exige cambios profundos. En un automóvil, la demanda de potencia es variable; en una lancha, la carga sostenida es alta durante más tiempo. Por eso, el equipo desarrolló un sistema de refrigeración de alto rendimiento con control optimizado de la bomba, además de revisar integración y protecciones para un entorno con vibraciones, impactos de ola y exposición a agentes externos, incluida la salinidad. También se simplificó la arquitectura eléctrica y electrónica a lo imprescindible y se añadió una unidad de control específica, pensada para estándares y necesidades náuticas.

Uno de los puntos críticos estuvo en la transmisión. En el vehículo, el motor trabaja a regímenes mucho más altos y se integra con una reducción; en el barco, el conjunto se mueve en torno a 6.000 rpm frente a cifras superiores a 16.000 rpm, por lo que se rediseñó por completo la carcasa y se prescindió de una reducción interna. La transmisión final se resuelve con un propulsor en Z, habitual en este tipo de lanchas, que reduce el régimen hacia la hélice. Además, se ajustó la entrega de par para reproducir un tacto “tipo combustión”, pero con las ventajas de la respuesta eléctrica.

El trabajo de durabilidad obligó a revisar la unión entre motor y propulsor. Los primeros prototipos usaron un embrague de fricción que no soportó el par y sus picos, por lo que se adoptó un embrague de dientes con amortiguador elastomérico y se adaptó la curva de par para proteger el conjunto. También se resolvió el problema de vibraciones que viajan del casco a la batería: Porsche Engineering comparó mediciones de referencia con las de la embarcación y desarrolló un bastidor portante suspendido por cables de acero para amortiguar esfuerzos. Esa solución permite mantener el pack protegido sin penalizar el centro de gravedad.
La sensación “Porsche” se buscó también en la interfaz. El equipo trabajó con una palanca de acelerador que incorpora modos “Sport” y “Sport+”, gráficos de instrumentación inspirados en los del coche y un volante náutico con estética de la marca. A nivel tecnológico, otro reto fue la comunicación: en el agua no hay señales típicas del automóvil, como velocidades de rueda o freno de estacionamiento. Para cerrar esas “interfaces abiertas”, se desarrolló una unidad gateway específica que traduce protocolos y genera señales equivalentes mediante simulación de bus residual, con software basado en AUTOSAR y requisitos de compatibilidad electromagnética propios del ámbito marino.

La modularidad se convirtió en una ventaja práctica. El sistema se concibió como dos grandes módulos: unidad de propulsión con refrigeración, controladores y subsistemas; y batería con su bastidor portante. Ambos pueden montarse en el casco mediante puntos de fijación definidos, reduciendo el trabajo en el astillero y facilitando futuras integraciones en otras embarcaciones. La serie de lanzamiento, limitada, se fijó en 25 unidades, con pedidos gestionados por Frauscher y entregas iniciadas a partir de 2024. En precio, se ha comunicado una referencia desde 561.700 euros netos para esa primera edición, según especificación.

El proyecto ya ha cosechado reconocimientos en Europa. La 850 Fantom Air ha recibido el premio Best of Boats 2024 en la categoría eléctrica y también un galardón “Powerboat of the Year”, según los organizadores y la propia marca. Más allá del trofeo, estos premios sirven como termómetro de un mercado que empieza a ver la electrificación como algo viable también en la náutica de ocio. En España, donde crece la infraestructura de recarga y la sensibilidad al ruido y emisiones en ciertos entornos, la idea de lanchas eléctricas de alto rendimiento puede ganar peso en marinas premium, lagos y destinos turísticos de alto nivel.






















