Hay coches que se presentan como una suma de cifras, y otros que se explican mejor con escenas cotidianas. Con el Lexus NX 450h+ me quedo con lo segundo. La semana empezó con la sensación de estar ante un SUV premium que no necesita llamar la atención a gritos para dejar claro que está bien rematado. El NX lleva tiempo consolidado como uno de los pilares de Lexus en Europa, y en esta variante enchufable se nota que la marca ha querido darle un enfoque muy práctico: permitir muchos kilómetros en modo eléctrico, sin que el coche pierda coherencia cuando la batería se agota.

El día de la entrega, con temperatura fresca y ese cielo gris que deja el asfalto brillante, lo primero fue ajustar el puesto de conducción y salir a la calle sin más expectativa que “a ver cómo encaja en mi rutina”. La postura es natural, con un volante que cae bien y una consola que no abruma. Hay una idea clara de ergonomía, de que el coche está pensado para usarse a diario sin necesitar un cursillo. Al pulsar el botón de arranque y ver que todo cobra vida sin ruido, aparece la primera gran virtud del NX 450h+: su capacidad para moverse en silencio en los momentos donde más lo agradeces.
A nivel técnico, el planteamiento es el típico de un híbrido enchufable moderno, pero con matices propios. Hablamos de 309 CV de potencia total, transmisión e-CVT y tracción total E-Four, además de una batería de 18,1 kWh. Lexus anuncia hasta 74 km de autonomía eléctrica en ciclo combinado WLTP, y cifras todavía más altas en uso urbano si las condiciones acompañan. Dicho así, suena a promesa perfecta para quien hace recorridos diarios variados: algo de ciudad, algo de ronda, alguna salida por carretera. La pregunta real no es cuánto homologa, sino cuánto te devuelve en el mundo real cuando el ritmo, el clima y el tráfico mandan.

En los primeros desplazamientos, el coche se mueve con una suavidad casi “de eléctrico puro”. La entrega de par es inmediata y la respuesta al acelerador tiene ese punto de progresividad que te invita a conducir con tacto. En atascos y tramos de ritmo intermitente, el NX es de esos coches que te baja una marcha mental: no hay vibraciones, no hay cambios de marcha perceptibles, y la insonorización a baja velocidad está muy conseguida. Es fácil entender por qué mucha gente busca un PHEV por la experiencia de conducción, no sólo por el ahorro potencial de combustible.
Por dimensiones, el NX es un SUV de tamaño medio con presencia: 4,66 metros de largo, 1,865 de ancho y 1,67 de alto, con 2,69 metros entre ejes. No es pequeño, pero tampoco se siente torpe. En calles estrechas y aparcamientos antiguos, el coche se defiende bien gracias a sensores y cámaras, y porque la dirección, aunque no es especialmente comunicativa, sí resulta precisa para maniobrar. La visibilidad trasera no es su punto fuerte por diseño, pero se compensa con ayudas que funcionan con sentido común y no te marean con pitidos sin motivo.


El exterior tiene ese estilo Lexus que mezcla superficies limpias con detalles marcados. El frontal impone por proporciones, los faros dan una firma luminosa muy reconocible y el perfil transmite solidez sin caer en lo exagerado. En carretera, además, el coche parece más bajo de lo que indica su altura, algo que ayuda a la sensación de aplomo. La zaga, con líneas tensas y pilotos bien integrados, remata un conjunto que no pretende ser agresivo, pero sí distinguible. No es un SUV “anónimo” y, aun así, no parece diseñado para gustar a todo el mundo a cualquier precio, que suele ser la mejor señal en un premium.

Volviendo a la semana real, el consumo y la autonomía eléctrica dependen de dos cosas: tu disciplina de carga y tu tipo de trayecto. Con temperaturas bajas, la calefacción y el desempañado tiran de energía, y eso se nota. Aun así, la autonomía eléctrica en mi uso fue convincente, especialmente cuando el coche se movía en recorridos urbanos y periurbanos con ritmo suave. No siempre se llega al número oficial, porque la vida no es un laboratorio, pero sí es factible cubrir la mayoría de desplazamientos cotidianos sin gastar gasolina si sales con la batería cargada y conduces con un mínimo de planificación. Cuando el día incluía más autovía o aceleraciones más frecuentes, la autonomía caía, como es lógico, pero seguía siendo útil.
En autovía, el NX 450h+ demuestra que no es un PHEV “de ciudad” disfrazado. A ritmo de crucero, el aislamiento acústico es uno de sus argumentos más sólidos: el ruido aerodinámico está bien filtrado y el de rodadura no invade. Los asientos invitan a hacer kilómetros, y el coche mantiene una estabilidad muy segura, sin flotar ni transmitir nerviosismo en juntas de dilatación. En ese entorno también se aprecia la potencia del sistema, no por correr, sino por la facilidad para resolver adelantamientos y recuperaciones. Lexus declara 0–100 km/h en 6,3 segundos y 200 km/h de velocidad máxima, cifras que, sin buscar titulares, se traducen en una conducción relajada.

Cuando el trayecto se complica y aparece una carretera secundaria con curvas, el NX mantiene el tipo, pero deja claro cuál es su prioridad. No es un coche para “ir a cuchillo”, y tampoco lo pretende. La dirección guía con precisión, la carrocería está bien controlada para su tamaño y la tracción total aporta serenidad cuando el asfalto está húmedo o el firme no es perfecto. Aun así, el peso del conjunto está ahí; un PHEV lleva batería y componentes extra, y eso se nota si buscas cambios de apoyo rápidos. En uso normal, lo que queda es un coche estable y confortable, que te permite disfrutar sin exigirte tensión.

La transición entre conducción eléctrica y térmica está bien resuelta. Con batería, el coche tiende a mantenerse en EV si el ritmo lo permite, y cuando entra el motor térmico lo hace sin brusquedad. En muchos híbridos se percibe un “despertar” más evidente; aquí, la integración está cuidada. El e-CVT, además, aporta continuidad, aunque tiene el comportamiento típico: si pisas fuerte, el motor puede sostener el régimen mientras el coche gana velocidad. No es un defecto, es la naturaleza del sistema, y en un uso normal no se vuelve molesto. De hecho, la mayoría del tiempo lo que manda es esa sensación de suavidad constante.

Dentro, el NX refuerza su carácter premium con una mezcla de tecnología y tacto. La pantalla central de 14 pulgadas tiene un tamaño que hoy casi se da por hecho, pero aquí no da la impresión de ser un añadido de última hora. La respuesta es rápida, los menús son razonables y, en el día a día, Apple CarPlay y Android Auto (en versiones compatibles) hacen que todo sea más simple. Lo que más me gustó fue la coherencia: hay tecnología, sí, pero no a costa de perder practicidad. Los mandos están donde esperas, la visibilidad hacia delante es buena y el coche no te obliga a navegar por submenús para lo básico.
La habitabilidad trasera es la de un SUV bien resuelto para familia o para quien viaja con acompañantes a menudo. El espacio para piernas es correcto, la altura también, y el acceso no obliga a contorsiones. Hay detalles de vida a bordo que suman: huecos útiles, sensación de robustez al cerrar puertas, un aislamiento que hace que los pasajeros no terminen cansados. En el maletero, Lexus declara alrededor de 550 litros, y hasta 1.436 litros con los asientos abatidos. Más allá del número, lo importante es la forma: es un espacio aprovechable, con boca amplia y soluciones lógicas para cables y objetos cotidianos.




En seguridad y asistentes, el NX juega en la liga que se espera de su precio. El paquete de ayudas a la conducción trabaja bien en autovía, especialmente con control de crucero adaptativo y asistencias de carril que reducen fatiga. No es un coche que conduzca por ti, pero sí uno que te acompaña con discreción. En tráfico denso, estas ayudas marcan la diferencia entre llegar “gastado” o llegar con la cabeza fresca. También se agradecen los sistemas de alerta y la capacidad del coche para anticipar situaciones, siempre que el conductor entienda que son un apoyo, no un sustituto.

La carga es el elemento que define si el NX 450h+ encaja contigo. Admite carga en corriente alterna hasta 6,6 kW, y eso en la práctica significa que con un wallbox doméstico puedes recuperar la batería en unas horas, mientras que en un enchufe doméstico será más lento pero suficiente para dejarlo por la noche. La experiencia de carga no tiene misterio: enchufas, te olvidas, y al día siguiente vuelves a salir con margen eléctrico. La infraestructura pública ayuda, pero no es imprescindible si tienes un punto estable en casa o en el trabajo. Sin ese “punto fijo”, el coche sigue funcionando como híbrido, pero entonces pierdes parte del sentido del enchufable.
En España, el precio del NX 450h+ varía mucho según acabado y equipamiento, y conviene verlo como un producto premium con factura acorde. No es sólo una cuestión de potencia o de etiqueta CERO, sino de calidad de rodadura, de aislamiento, de tecnología y de una sensación general de coche bien construido. Ahora bien, también hay que ser honestos: su lógica económica depende de usarlo como PHEV de verdad, cargándolo con frecuencia. Si lo vas a enchufar poco, un híbrido convencional o incluso un diésel eficiente podrían encajar mejor según tu perfil.

Tras una semana, lo que me queda del Lexus NX 450h+ es una idea muy concreta: es un SUV pensado para hacerte la vida fácil. Brilla cuando puedes moverte mucho en eléctrico, porque ahí el confort y el silencio elevan la experiencia, pero no se desmorona cuando toca viajar o cuando la batería se agota. Sus puntos fuertes están en la calidad de marcha, la insonorización y la coherencia del conjunto. Sus debilidades son más de concepto que de ejecución: el peso y la necesidad de cargar para exprimirlo. Si tu uso diario encaja, es de esos coches que, sin hacer ruido, terminan ganándose un sitio en tu rutina.





















