Pasar una semana completa con el Renault Scenic E-Tech Gran Autonomía permite entender bien qué significa conducir hoy un SUV eléctrico pensado para el uso real. No se trata de una prueba rápida o de un trayecto puntual, sino de convivir con él durante siete días y recorrer más de seiscientos kilómetros entre el centro de Madrid, sus alrededores y varios desplazamientos interurbanos. En ese tiempo, el nuevo Scenic ha demostrado ser mucho más que una reinterpretación eléctrica de un clásico: es un coche maduro, confortable y plenamente adaptado a la rutina diaria.
El Scenic E-Tech se asienta sobre la plataforma CMF-EV que Renault comparte con Nissan, pero en esta versión de 160 kW (218 CV) y batería de 87 kWh útiles alcanza un nivel de refinamiento superior al esperado. Homologa 625 km de autonomía WLTP, aunque en conducción real, mezclando ciudad, carretera y autovía, la cifra se estabiliza entre 450 y 500 km, lo que lo sitúa entre los eléctricos más eficientes de su tamaño.

Durante los primeros días lo utilicé como cualquier coche de diario: trayectos al trabajo, recados, atascos en hora punta y desplazamientos cortos al extrarradio. En ese entorno urbano-metropolitano es donde el Scenic muestra su mejor cara. Arranca con total silencio, el motor responde al instante y la dirección, muy asistida, hace que moverse por calles estrechas sea tan fácil como conducir un compacto. El aislamiento acústico es sobresaliente; apenas se percibe el rumor de los neumáticos o del tráfico exterior.
El consumo medio en ciudad ronda los 15 kWh/100 km, y el coche se mueve con una suavidad ejemplar. El modo de regeneración ajustable permite conducir con un solo pedal en la mayoría de situaciones, aprovechando al máximo la energía en las frenadas. Esa facilidad para moverse sin esfuerzo, sumada a la ausencia de vibraciones, convierte cada trayecto urbano en algo realmente agradable.

Durante la semana utilicé indistintamente un punto de carga doméstico y otro instalado en el trabajo. Con una toma de 11 kW AC, la batería pasa del 20 % al 100 % en unas siete horas y media, por lo que dejarlo cargando durante la noche o la jornada laboral elimina cualquier preocupación. Cuando se dispone de este tipo de infraestructura, los inconvenientes del coche eléctrico prácticamente desaparecen. Los problemas solo aparecen si se depende de cargadores públicos para el día a día, y ahí la situación en España todavía necesita mejorar: hay muchos puntos instalados, pero no todos operativos o accesibles. Sin embargo, para quien puede cargar en casa o en el trabajo, el Scenic es un coche plenamente funcional y con costes de uso mínimos.



El fin de semana fue el momento de llevarlo fuera de la ciudad. Desde Madrid hacia el norte, combinando autovía y tramos secundarios, el Scenic E-Tech confirmó que su planteamiento no es el de un SUV deportivo, sino el de un gran turismo eléctrico. La entrega de potencia es suave y constante, con una aceleración firme que no busca impresionar, sino transmitir control. A ritmo de autopista, el consumo medio se estabilizó en torno a 19 kWh/100 km, lo que equivale a una autonomía real de unos 430-450 km.

El confort de marcha es uno de sus grandes aciertos. La suspensión trabaja con un equilibrio perfecto: blanda para absorber baches, pero suficientemente firme para evitar balanceos. El chasis se siente sólido, el coche pisa con seguridad y la dirección, más densa a medida que aumenta la velocidad, aporta precisión. La sensación general es de estabilidad y aplomo, incluso con viento lateral o en curvas rápidas.
En cuanto a la recarga rápida, el Scenic admite hasta 130 kW DC, lo que permite recuperar del 15 % al 80 % en poco más de 35 minutos. Es una cifra práctica para viajes ocasionales, aunque la experiencia depende mucho del punto elegido. En dos intentos durante la semana, un cargador no funcionaba y otro presentaba limitaciones de potencia. Aun así, con algo de previsión y una red básica de apoyo, resulta perfectamente viable planificar desplazamientos largos sin estrés.

El habitáculo del Renault Scenic E-Tech transmite desde el primer momento una sensación de calidad y serenidad. No hay artificios: todo está pensado para ser funcional y agradable. Los materiales blandos cubren la mayor parte del salpicadero, los ajustes son precisos y la iluminación ambiental, configurable en varios tonos, crea un ambiente acogedor al caer la tarde.


El puesto de conducción es uno de los mejores en su categoría. El volante tiene el tamaño perfecto y una textura que invita a conducir relajado. Los asientos, con diseño ergonómico y tapicería mixta de tejido reciclado y cuero ecológico, sujetan bien y resultan cómodos incluso tras horas al volante. En la parte trasera, el espacio para las piernas es generoso y el suelo completamente plano facilita viajar con tres ocupantes. El maletero, con 545 litros, tiene formas regulares y un doble fondo muy útil para guardar los cables de carga.
El sistema multimedia OpenR Link con Google integrado merece mención aparte. La pantalla central de 12 pulgadas vertical es rápida, fluida y de excelente resolución. Integra Google Maps con información de tráfico y puntos de carga, asistente de voz, Spotify, control de climatización y compatibilidad inalámbrica con Android Auto y Apple CarPlay. El sistema aprende hábitos y puede sugerir rutas optimizadas según el nivel de batería, algo especialmente útil en desplazamientos largos.

Entre el equipamiento de la versión Iconicidad Gran Autonomía destacan el techo panorámico Solarbay con opacidad variable, faros LED Matrix, portón trasero motorizado, climatizador bizona, control de crucero adaptativo, mantenimiento activo de carril, cámara 360º, head-up display, cargador inalámbrico y un sistema de sonido Harman Kardon con once altavoces. Todo funciona con naturalidad y refuerza la sensación de coche bien construido.
En conducción diaria, el Scenic se siente equilibrado y sereno. No busca emocionar, sino hacer cada trayecto sencillo. El empuje es lineal, sin picos de potencia que rompan la armonía. En modo Normal el coche ofrece una respuesta progresiva perfecta para el tráfico cotidiano. El modo Sport libera toda la potencia y aporta un toque extra de agilidad, mientras que el modo Eco reduce la respuesta del acelerador para maximizar la autonomía.
Tras más de 600 km, la autonomía real combinando ciudad, carretera y autovía se situó en torno a 460 km por carga completa. Es una cifra sólida y predecible, que da confianza. Además, el sistema de gestión de batería mantiene el rendimiento estable incluso en días calurosos.
El Scenic demuestra que un eléctrico puede ser cómodo y práctico sin complicar la vida. No hay que aprender nada nuevo, basta con enchufarlo donde corresponde y disfrutar de su suavidad. Para quien dispone de un punto de carga propio, el coste de energía ronda los 3 € por cada 100 km recorridos, una diferencia notable frente a cualquier coche de combustión.




Después de una semana de uso real, el Renault Scenic E-Tech Gran Autonomía deja una impresión clara: es un coche coherente, silencioso y muy fácil de convivir con él. La autonomía efectiva, su confort y la calidad general del interior lo convierten en una de las opciones eléctricas más equilibradas del momento.
La red de carga pública en España sigue siendo irregular, sí, pero si se cuenta con un punto de carga en casa o en el trabajo, los inconvenientes desaparecen casi por completo. En ese escenario, el Scenic se comporta como un coche de combustión bien afinado, pero con la suavidad y el ahorro de un eléctrico.

Con un precio aproximado de 45.000 euros antes de ayudas, el Scenic E-Tech Gran Autonomía se posiciona en la franja alta del segmento, pero lo justifica con tecnología, autonomía y calidad. Su diseño equilibrado, su interior cuidado y su conducción relajada lo convierten en un SUV eléctrico ideal para el día a día y para quienes buscan dar el salto a la movilidad eléctrica sin renunciar a la comodidad.
El nuevo Scenic E-Tech no es un coche futurista ni un experimento. Es simplemente un vehículo real, fabricado con sentido común, que demuestra que la transición eléctrica puede ser tan práctica como agradable. Y tras una semana de convivencia, queda claro que Renault ha logrado lo más difícil: que conducirlo resulte tan natural como cualquier otro coche, pero mucho más silencioso, eficiente y placentero.





















